Jueves 29 de Mayo a las 20:00 h.

En el salón de actos, 'Club de Prensa', del periódico El Día

Avda. Buenos Aires, Santa Cruz de Tenerife

 

'siete sitios queda lejos'

de Víctor Ramírez

 

PRESENTACIÓN

a cargo del catedrático de literatura

Rafael Fernández Hernández

y conferencia del propio autor

'La labor del intelectual canario'

Víctor Ramírez

 

 

 

Es de justicia aprovechar esta ocasión para expresar a nuestro escritor independentista más preclaro, Víctor Ramírez,  nuestro reconocimiento y solidaridad  con su obra y con él mismo, rindiéndole, con nuestra presencia en el acto, un merecido homenaje para que cunda el ejemplo en  los sectores y estamentos que, -en palabras de Víctor- lo han venido ninguneando. 

¡¡TE ESPERAMOS, NO FALTES!!

 

* * * * * * *

Víctor Ramírez nació en 1944 en el barrio De San Roque de Las Palmas de Gran Canaria. Es uno de los máximos exponentes de la literatura canaria contemporánea, y autor de numerosas novelas, entre las que destacarnos: De aquella zafra, Nos dejaron el muerto y El arroró del cabrero. Su alto nivel narrativo le ha llevado a forma reiterada a los relatos y cuentos en La piedra del camino, Cada cual arrastra su sombra, El arranque, Además lo primero o La taza vacía. A estos títulos se suman casi una veintena de libros que recogen sus Reflexiones periodísticas.

Ramírez, profesor de Literatura jubilado, es además miembro de la Academia Canaria de la Lengua, editor y asiduo colaborador en la prensa escrita y radios locales.  

 

* * * TRAS LEER SIETESITIOS QUEDA LEJOS,

NOVELA DE VÍCTOR RAMÍREZ

Por Isaac De Vega (*)  

 

El conocimiento de las gentes que pueblan nuestros campos y barrios de las ciudades, gentes fuertemente diferenciadas y con un fondo tan propio que pudiera resultar un tanto oscuro para los de fuera, se nos muestra en este libro de Víctor Ramírez con una mayor extensión y hondura que en sus obras anteriores.  

Presenta una multitud de cuestiones y razonamientos que en esas obras anteriores tan sólo se exponen o plantean. Existe en él una propia forma de contemplar la vida, esa cosa ex­terior que nos circunda y a la que es necesario de algún modo adaptarse.

Se prefiere el reducido, pero a la vez extensísimo, mundo propio, que parece ser eterno e incambiable, y que como tal se maneja dando resultados característicos que son la base de esa especie de filosofía y hasta de metafísica, pudiéramos decir.

Se crea una determinada forma de pensar y de juzgar lo que por alrededor sucede, mundo pequeño pero tremendamente propio, asumido hasta lo más profundo y que queda ahí como ta­llado en dura piedra.

En este orbe particular las cosas no pueden suceder ni ser juzgadas con lo que está por fuera, ha de adquirir necesaria­mente sus propias peculiaridades, sus respiraciones, su moral un tanto esquiva.

No es puro folclore, que al fin y al cabo no es sino una máscara para los momentos de general distracción, sino un sen­timiento o entendimiento fuertemente vital.

Ese espíritu que late, diferenciado -como dijimos- de lo otro impuesto, responde a una cierta interpretación de lo que es nuestro paso por este mundo, aunque este último punto queda como soslayada. Es cosa lejana, aunque sea necesaria, para tener­la en cuenta.

Todas estas formas de ser, las corrientes de las ideas, las costumbres, nos las da nuestro Víctor Ramírez a través de las di­ferentes historias que llenan esta novela.

De principio tenemos a Andreíta Casiana, una de las ma­dres del personaje narrador y que tiene varios y variantes maridos y también muchos y variantes hijos: maridos e hijos que pueden cam­biarse o adquirirse por unos medios que ahora no son del caso.

Es ella una mujer que cose y plancha, que se retiró a Sietesitios a esperar su fin, y que desarrolla una amplia vida en su es­trecho recinto. Una moral nueva que a ella no la escandaliza, ni tampoco a los que la rodean.

Igualmente tenemos la interesante historia del maestro bueno y de su compinche el párroco, amigos que montan una sociedad para elevar el nivel de vida del barrio Santo Cielo, y que lo consiguen por medios algo extraordinarios y no del gusto de la gente pacata y retrasada. El negocio termina pronto y el maestro bueno ha de huir y acaba allá por las tierras de México, tan queri­das del autor.

La tesis sostenida de que las mujeres no se enamoran si­no que enamoran... Y otras muy interesantes y entretenidas histo­rias que Víctor ha creado, con bastante arte, para nosotros.

El libro ha corrido a cargo de la Editorial Bencomo , con agradable presencia y con reproducción de un cuadro de Germán Millares Betancor, editorial que ha publicado otras obras de este interesante autor tan nuestro.  

(*) Isaac de Vega (nacido en Granadilla en 1920), autor de obras maestras como Fetasa, Tassi/i, El cafetín, es Premio Canarias de Literatura.

* * *

Novela  nueva,  nuevo  estilo

Por Sebastián Sosa Barroso


Con Víctor Ramírez ya no dudamos de que la narrativa canaria ha llegado a una cima literaria tanto en el plano de la expresión como en el del contenido.

   Ya en otras obras suyas presuponíamos la consolidación de un fruto nuevo, esperado, sobre todo después de que la liber­tad de pensamiento y expresión hubiese acampado por nuestras islas, tan sedientas siempre de nuevos valores artísticos.

Víctor Ramírez acierta en las fuentes arguméntales y de ambientes que enmarcan el conglomerado de la acción narrativa sin descuidar incluso la onomástica, lo patronímico, como buen conocedor de genealogías canarias y, sobre todo, del acervo cul­tural de nuestra nomenclatura humana insular.

Y el autor sabe colocar los personajes en sus propios dominios ambientales; su cámara fotográfica apuntala muy bien los elementos pictóricos y pintorescos que necesita para la repre­sentación; enseña con maestría o hace intuir lo rural enquistado en lo ciudadano y conoce perfectamente el alma del "mago-campurrio" que se atreve a colarse en los lupanares de una ciudad cosmopolita.

No nos cabe la menor duda de que el arte es cuestión de formas de expresión y de formas de contenido; Pero el "testimo­nio" corresponde a las sustancias.

En cuanto al testimonio de la lengua, observamos el acierto preciso del léxico que estremece con sus diminutivos ca­riñosos, con sus omisiones de artículos señalativos, por los usos especiales del subjuntivo, por el uso del adjetivo con valor adver­bial y el uso en general de los llamados tropos; pero todo dentro del marco del español hablado en Canarias, sin caer en lo excesi­vamente pintoresco o folclórico, sino en lo natural hablado.

En fin, la obra está llena de aciertos literarios: acierto en el léxico y en la sintaxis personal de propio estilo, de orfebre que domina la lengua heredada, que sabe someterla, sin estridencias, sin aspavientos, a una estética especial adaptada por al asunto argumental. A veces el autor nos parece un culto podador que a ti­jeretazos corta la rutilante prosa que casi siempre hemos venido soportando.

Víctor Ramírez mucho ha tenido que pensar, seleccionar acaso vez bendecir. Tal vez a alguien le parezca una novela inmo­ral, desvergonzada, llena de erotismo y atisbos anticlericales. Pero tras de estos biombos condenatorios está la sublimidad de la muerte brutal de un pastor que lo único que hacía era realizarse y a quien todos nosotros velaríamos y acompañaríamos en su en­tierro, con antorchas encendidas y en silencio pastoral.

La obra, en definitiva, tiene una clave: evocación y re­creación. El mundo del autor es un mundo sin fronteras entre el campo de lo real y de lo imaginario.

La realidad objetiva, vivida, y lo "ensoñado" se entrecru­zan para bullir con presencias de retratos, de historietas de campo, de burdeles, y de fantasías de barriadas de covachas aledañas a una ciudad que navega, sin rosa de los vientos, en una algarada de culturas que chocan como si fuesen placas geológicas.

Como colofón a todo esto, y puesto que se trata de una "obra literaria" propiamente canaria, puede servir no sólo para la lectura recreativa y expresiva, sino también para el adiestramiento y práctica de diversos comentarios de textos en todos los niveles de las enseñanzas regladas en nuestra comunidad autónoma.

Mucho ganarían con ello, no sólo los universitarios y alumnos de enseñanza superior obligatoria sino también el públi­co en general, los que quieren y aman los legítimos e identificables frutos de las bellas letras de nuestras queridas tierras isleñas.

Nos encontramos, ahora, con una "novela nueva", con un "nuevo estilo" o manera de ver un hecho real desde diversas perspectivas, ya pensantes o intuitivas.  

* * *

"Creemos que van ustedes a leer los mejores bloques en prosa de la literatura hecha este siglo en Canarias; de los contados que podrán sobrevivir el siglo XX con holgura cualitativa. Creemos también que debería no haber un Víctor Ramírez, sino diez, cien autores como él para revolucionar la pobre inercia literaria cultural y social de las islas".

Ángel Sánchez

 

* * * * * * *