La traición del falso nacionalismo

 

El editorial de hoy nos lo inspira, en primera instancia, un artículo de Juan Jesús Ayala publicado el jueves último y titulado "La deriva de los nacionalismos". Menciona inicialmente Ayala, presidente del PNC en Tenerife, la Constitución española de 1978, así como los nacionalismos vascos, catalán y gallego. No olvida, por supuesto, el nuestro.

Debemos decirle en primer lugar a Juan Jesús Ayala que nos parece bien intencionado su concepto acerca del nacionalismo canario, si bien lo consideramos totalmente erróneo. En Canarias se ha querido disfrazar el anhelo de independencia con un nacionalismo trucado. Así se le hizo creer al pueblo, que al final resultó engañado. Los auténticos canarios, los que aman la libertad de su tierra, pensaban que quienes se presentaban ante ellos como nacionalistas tenían por objetivo liberarla del yugo colonial. Sin embargo, esos nacionalistas traicionaron sus esperanzas, sus ilusiones y sus ansias de libertad, y se convirtieron en odiosos españolistas por cuestiones de bolsillo. Son españolistas interesados, ya que en conciencia todos saben que no son españoles. Y saben también que los españoles se ríen de los canarios que se consideran españoles.

No nos queda más remedio que decir que los nacionalistas de CC y los del PNC, partido integrado actualmente en CC, han sido desleales con el concepto de nacionalismo. Todos ellos, lo repetimos aunque no les guste, se han entregado a la defensa de los intereses de la Metrópoli para que les llenen los bolsillos. De CC sólo salvamos a los jóvenes integrados en esta formación política. De los viejos, ninguno escapa a la ignominia salvo Paulino Rivero. En cuanto a los militantes del PNC, son teóricos y tibios. Su estilo avergüenza a los auténticos patriotas. El nacionalismo no necesita definiciones. Necesita hechos. Cualquier propósito de teorizar en este sentido es una estúpida pérdida de tiempo.

Por ejemplo, escribe Juan Jesús Ayala que "por otro lado está el catalanismo, que el pasado sábado, conmemorando la Diada, salió a la calle pidiendo que una nación como Cataluña debería tener un Estado. Recordó la invasión que sostuvo en su patrimonio cultural e identitario por el Borbón que llegó de Francia, Felipe V, que, por medio del Decreto de Nueva Planta, arrasó con todo aquello que oliera a catalanismo. Pero ahí continúan instaurados también en las diferentes instituciones de Cataluña, siendo junto con los parlamentarios vascos posibles agarraderas del Gobierno de Rodríguez Zapatero para que este pueda sobrevivir y sacar adelante lo que se propone. Y el nacionalismo de Castelao, que una vez que el Bloque Nacionalista Gallego fue capaz de organizarse, ha sido también decisivo en gobiernos y opiniones para el territorio gallego".

¿Qué tenemos que ver nosotros con todo eso, don Juan Jesús? Los vascos, catalanes y gallegos están muy lejos de nosotros. Están inclusive en otro continente. Si ellos, integrados en un territorio que forma una unidad geográfica, se sienten legitimados para tener sus propios estados, cuánto más nosotros que estamos a 1.400 kilómetros de las costas españolas, a 2.000 de su capital y, por si fuera poco, en un continente distinto. Ese es uno de nuestros argumentos para ser libres, pero no el único, don Juan Jesús. Deje ya de teorizar sobre el desarrollo de otros nacionalismos para justificar la liberación de Canarias. La libertad de nuestras Islas debe llegar por las razones intrínsecas que hemos enumerado en multitud de ocasiones. Se lo repetimos, don Juan Jesús: déjese de teorías acerca de otros nacionalismos y vaya directamente a lo que nos importa, que es descolonizarnos de España cuanto antes.

Pese a lo manifestado anteriormente, acierta Ayala cuando dice que también está el nacionalismo canario, "el cual debería (¿cuándo comenzará ésta?) someterse a una profunda transformación ni más ni menos que por pura supervivencia. Las perplejidades y los contubernios que se pudieran dar deben orillarse y tener perfectamente claro por todos aquellos que así se denominan cuál es el objetivo y, sobre todo, cuando los acontecimientos que nos rodean se precipitan de manera alarmante y de un día para otro. Y, además, definirse. Un nacionalismo canario sin definición clara y concreta, con ambigüedades, será siempre una criatura que no termina de estirarse porque precisamente desde dentro se fabrican los argumentos que atan y dificultan el crecimiento".

A nuestro entender, la reforma más importante que debe abordar el nacionalismo canario es desprenderse de la morralla y dar paso a hombres y mujeres con ideas nuevas; personas amantes de su tierra, que prefieran la libertad de Canarias antes que llenarse los bolsillos. Mencionábamos en nuestro comentario del viernes que los puertos y aeropuertos canarios, es decir, las puertas de entrada y salida de las Islas, dependen de lo que le apetezca a un ministro como José Blanco o a quien lo sustituya. Eso es para llorar. Don Juan Jesús: lo elogiamos, pero no se equivoque. No yerre en la geografía y la historia. España está en un continente y Canarias en otro.

En este punto, nos parece oportuno recordarle a un godo repugnante y perjuro, que compara los porcentajes de Arenys de Munt con la realidad geográfica e histórica de Canarias, y que olvida, porque le conviene, la forma criminal en que fueron conquistadas estas Islas, así como los padecimientos a que fueron sometidos sus habitantes. ¿Qué relación tiene todo esto con un municipio del territorio continental español?

No nos extraña la actitud de este desaseado, pues morder forma parte de la naturaleza de las víboras. Sí nos ha sorprendido la infidelidad personal y la desvergüenza profesional de una periodista, que se ha unido al primero para prestar falso testimonio. Esta última quedará marcada para siempre ante la sociedad, sus colegas y su propia familia, y junto con el godo carente de aseo será denunciada.

No queremos concluir este editorial sin comentar un artículo de Infante Burgos, colaborador de EL DÍA, publicado el pasado miércoles con el título "Campesinos, granjeros y el campo". Escribe acertadamente que "a partir del sometimiento ?que comenzó antes del siglo XIV hasta la última ba- talla de Acentejo en 1496? de las poblaciones existentes en las Islas, se siguieron produciendo escaramuzas, rebeliones y alzamientos en diferentes zonas. Se recogen abundantes testimonios escritos. Islas enteras, como La Gomera, se alzaron en pulsos decididos contra las autoridades impuestas. Costaba adaptarse y es historia, aunque el grueso de los naturales se integró en las primeras decenas de años a la organización de trabajos y repartos de tierras, que habían sido suyas, que imponían los recién llegados adoptando apellidos, lengua y una mezcla racial escasamente diluida (en el conjunto) en los primeros siglos, dado que los europeos que llegaban lo hacían a cientos, en cantidades relativamente pequeñas en comparación con las decenas de miles de guanches que a pesar de las enfermedades, esclavitudes y muertes consiguieron superar las etapas iniciales, y dado también que, tras el descubrimiento de América, las corrientes humanas se centraron en el abordaje del gran continente". ¡Qué ignominia histórica e inhumana invasión! ¿Y por esta invasión criminal somos españoles? ¿Por la fuerza?

Eso es lo que ocurrió realmente en Canarias durante las décadas inmediatamente posteriores a la Conquista aunque, como es lógico, a los españoles que nos invadieron nunca les ha interesado que se sepa. De igual forma acierta Infante Burgos cuando dice que "el aborigen más reacio a la integración se aisló en las zonas más montañosas y pobres de cada territorio. En todas las islas abundan los restos de aquellos hombres, mujeres y niños que intentaron la supervivencia de forma tangencial al nuevo orden económico que imponían los europeos. Aún se recogen cerámicas y restos fósiles en zonas como Ucanca, Icod el Alto, Guía, La Aldea, etc. de esos últimos periodos y aun he oído, concretamente en la isla de El Hierro, que los abuelos de los abuelos contaban de sus antepasados que personas del monte bajaban a rapiñar cultivos para comer". ¡Hechos para llorar de pena! ¿Y por estos hechos bochornosos cometidos por España, somos españoles? ¿Por la fuerza?

Qué tristeza: personas obligadas a robar lo que era suyo para no morir de hambre. ¿Seguimos teorizando o ponemos fin a seis siglos de silencio criminal sobre un infame holocausto? Señor Ayala: lo mejor que pueden hacer por Canarias usted y los que se denominan nacionalistas es ir con sus escritos a la UE, a la ONU, a la OUA y a cuantas organizaciones internacionales puedan ayudarnos a que nos liberemos de España. El Gobierno de Madrid nunca nos descolonizará por iniciativa propia.

Lean este párrafo contenido en la entrevista a Andrés Souza que publicamos hoy en la página 26: "Con referencia a las fechas 2000 y 2010 propuestas por la ONU, le recordamos que 600 años de colonialismo no hacen derecho". ¡Viva Canarias libre, por la buenas! ¿Nos forzará España a ir por las malas, algo que no deseamos porque somos un pueblo pacífico? ¡Viva Canarias libre! ¡Viva la Nación canaria! Canarias y España pueden ser amigas por lengua, cultura y relaciones económicas, no por relaciones entre amos y esclavos.

Editorial El Día, 20-09-2009