El nacionalismo canario tiene que activarse

 

Juan Jesús Ayala

 

[Hay que avanzar, romper los nudos de la incomunicación para repensar Canarias desde una posición puramente nacionalista, que no es ni debe ser otra que la libertad de su territorio en toda su amplitud, manteniendo las convivencias que sean necesarias y que la situación mundial aconseje]

Las organizaciones políticas que existen en esta tierra y que están bajo el paraguas del nacionalismo tenemos que activarnos, dejar atrás viejas modorras, no mirarse con insistencia el ombligo, orillar prepotencias y alejar de sí la sensación que pretenden trasmitir de imprescindibles. O sea, que con ellos o sin ellos; como si algunos fueran capitanes de un barco algo escorado hacia los cantiles y otros apenas si llegan a simples remeros, cuando no sometidos a las vejaciones del forzado en galeras.

El nacionalismo canario si aspira a caminar con altivez debe mirar no hacia las estrellas o la luna, sino al suelo, pegadito al césped y jugar a ras de hierba.

Los que se instalen fuera del contexto con soflamas incoherentes y vacías de contenido político-nacionalista van torpemente dirigidos hacia ninguna parte. No se puede ser, por inoperativo, nacionalista de una isla o de otra isla. El nacionalismo es universal, de todas las islas, o no lo es. Lo que quiere decir que el camino que hay que recorrer es el que conduce a un gran contrato socio-político cual es la nación en busca de un Estado. Y tras la firma de ese contrato se determinará qué rumbo tomar en esta o aquella coyuntura, en este o aquel tiempo siempre y cuando el apoyo de la mayoría que decide diga qué hacer.

Hay que avanzar, romper los nudos de la incomunicación para repensar Canarias desde una posición puramente nacionalista, que no es ni debe ser otra que la libertad de su territorio en toda su amplitud, manteniendo las convivencias que sean necesarias y que la situación mundial aconseje. Pero si se continúa en el empeño de un aldeanismo inconsecuente, transitando de pueblo en pueblo, presentando candidatos, muchas veces a la carrera ante unas elecciones que se avecinan, para arañar unos votos de aquí y otros de allí, para que fulano de tal salga alcalde o presidente del cabildo, bien poco se hará por la construcción nacional canaria, ya que esto seguirá siendo pan para hoy y hambre para mañana.

El nacionalismo canario tiene que activarse, insuflarse de fuerza, y los que estén en tareas de gobierno y en los órganos deben separarse de una vez, evitando el siamesismo, porque si no la labor ejecutiva terminará fagocitando a la organizativa, y si esto es así, la organización con un poder disminuido terminará en el empobrecimiento y en el desahucio político.

Si se duerme en los laureles de pasadas victorias, y no se mira hacia adelante convencidos de la fortaleza que se tiene, la que hay que demostrar y poner en el plano de la evidencia será la debilidad que estrangule el proyecto. Si se piensa que todo está hecho cuando apenas se ha comenzado, si no repensamos Canarias, el futuro estará atrapado, comprometido, y los entusiasmos de las ideas quedarán en la cuneta de una historia mal contada sin apenas haber sido protagonistas de sí mismos.

No se puede cultivar el nacionalismo como si fuera flor de un día que se marchita al regarla con el agua contaminada de los acontecimientos, a veces favorables o no, de una tierra que se merece la más alta consideración. El nacionalismo no se verá nunca favorecido ni por deslealtades ni por desidias despreocupantes, porque si así fuera, la decadencia está a la vista.

Los programas electorales, desde su sermonismo, son agua de borrajas y apenas se hacen caso, se cumplen o no, puesto que lo importante es tener las ideas claras en lo referente a qué estrategia seguir en pactos que hay que ampliar y firmar para poder sobrevivir como accionistas de la política, en este caso como opción nacionalista consecuente y contundente. Si nos alejamos unos de otros, si no se activa el nacionalismo, el asunto no solo sería desastroso, sino irrecuperable.