Agricultores
canarios condenados al fracaso y la mendicidad
Francisco Peraza *
Lo que a continuación relato
es un caso más de cómo se están tratando los diferentes problemas que tienen
nuestros agricultores canarios, sin olvidarnos de las múltiples plagas que se ha
permitido entrar en nuestras tierras, devorando o acabando con nuestra
agricultura. Está claro que para poder comprender a nuestros agricultores hay
que meterse en el ajo, como me ha sucedido.
Desde hace más de
cinco años, vengo presintiendo lo que ya hoy es una triste realidad; por lo que
mientras trabajo decido prepararme para lo peor. La única salida posible ante
la crisis sistémica global es la posibilidad de al menos cultivar para el
auto-consumo y poder mitigar lo que pronto gran parte de la población en paro
ya sufre. Aunque mi intención, al principio, fue poder generar un gran cultivo
de papas ayudado por mi familia, siendo el lugar elegido para tal fin el de las
antiguas tierras de Benkomo (Ymobard-Tamadaya), territorio de paso y control de la zona sur en
Abona.
Antonio, persona
conocedora del lugar y que trabajó en la tierra que ahora lleva sin cultivar
más de cincuenta años, me informó de que cuando en la guerra civil española el
pueblo pasaba hambre, esta propiedad producía tanto trigo que los graneros
estaban a tope, lo que en parte mitigó el hambre de muchas familias de esta
pequeña población.
Eso me animó a
continuar con mi proyecto, pero dadas las condiciones de tierra de secano, las
escasas lluvias, carencia de estanques, la dificultad del acceso por la ladera
hacia la cima en donde se encuentran los bancales, decido limitarla a papas
solamente para el autoconsumo.
Mientras tramito la
solicitud al Cabildo de Tenerife para las mejoras y reparación de ese
dificultoso tramo, se me ocurre una idea para evitar transportar los sacos de
semillas al hombro, por lo que coloco una cuerda de acero de unos
Agradezco la presencia
en el lugar del consejero de Medio Ambiente del Cabildo de Tenerife, don Wladimiro Rodríguez Brito, que como hombre de campo
reconoció las dificultades y no dudó en absoluto en la necesaria solución de
este problema, pues como el dijo: "Estoy por la agricultura y haré todo lo
que esté en mis manos para que lo suyo pueda ser una realidad". Estas
palabras me animaron, por lo que yo esperaba con ansiedad la resolución
favorable del Cabildo respecto a la petición de mejora de camino, pero al
llegar ésta y leer su contenido ¡caí como en depresión!, no comprendiendo el
resultado. Esto ya me había sucedido anteriormente con otra propiedad en zona
agrícola, de la que tampoco obtuve resultado positivo. No entendemos cómo es
posible que siendo canarios desde siempre y dueños herederos de las tierras que
cultivaron nuestros antepasados se nos pongan tantas trabas por algo que es
nuestro, mientras les facilitan a los nuevos colonos extranjeros todos los
medios necesarios para construcciones diversas, muchas de ellas discordes con
el medio ambiente.
El técnico municipal,
a este respecto, solicitó al Cabildo lo que la ley permite en este caso -mejora
del camino-, pero los informes negativos se salieron por las ramas, no supieron
siquiera qué decir, pues se contradicen en sus respuestas con lo solicitado,
pero tampoco indican una salida o solución a este problema, por lo cual me
costará más de un año esperar de nuevo la respuesta a una segunda solicitud
referente a otro nuevo proyecto de acceso por otras coordenadas, y me temo que
seguramente no prosperará. Llevo pendiente de permisos unos cinco años. No
estoy seguro, pero si algún día solucionaran este problema para el cultivo, es
muy probable que ya no pudiera realizarlo, pues estaría muy mayor o quizás haya
fallecido.
Creo que los
responsables están en la obligación de facilitarnos a los canarios que podamos
cultivar nuestras tierras, hacer que esta digna y antigua profesión sea bien
vista por la juventud y procurar dotarlos de todos los medios para que el
trabajo sea lo más fácil: accesos en condiciones, escuelas agrarias en todos
los municipios, estancia y cuartos de aperos, riego, maquinaria y un mercado
seguro. Creo que con estas condiciones, si se dieran, el campo estaría hoy
atendido, los bancales levantados, las huertas limpias, prestigiado el trabajo
y dada la situación de crisis actual, con cantidad de nuevos, jóvenes y
orgullosos agricultores.
Los responsables
políticos se cubren las espaldas diciéndonos que nos subvencionan parte de las
semillas, entre otras cosas, pero ¿de qué me sirve en este caso si no puedo
llegar a la finca?, ¿tanta protección nos dará comida?, ¿quién protege más el
campo que el agricultor?
Si no es prioridad la
agricultura, díganlo, no nos engañen más, sean sinceros, así no perderemos el
tiempo y nos dedicaremos directamente a mendigar.
Si el capital que se
invirtió en la construcción, por ejemplo, del Auditorio, en el Tranvía o en el
próximo tren, se empleara en la agricultura y tuviesen prohibida la entrada en
nuestro territorio los productos agrícolas foráneos, entonces seríamos, seguro,
un país agrícola, es decir un país autosuficiente, o lo que es lo mismo, un
país rico en tiempo de crisis.
Con esto no quiero
decir que esté en contra especialmente del Auditorio, todo lo contrario, pienso
que carecemos excesivamente de cultura en general relacionada con nuestra
historia y el auditorio en parte musicalmente la aporta, pero este gasto debió
de ser proporcional, económicamente hablando, a las posibilidades de la tierra
donde vivimos.
Tengo la impresión de
que las resoluciones se ejecutan justo al revés, posiblemente porque son
soluciones más fáciles y efectivas económicamente, pues simplemente se trata de
recaudar impuestos lógicos: de aduanas, contribuciones, de construcciones, etc.
y esto se paga, ya lo estamos sufriendo. Quiero decirles a los responsables,
que por favor acudan a las bibliotecas, que estudien nuestra historia, porque
creo que esta es la raíz del problema. No se puede jamás amar a la tierra y a
sus habitantes sin comprender los problemas y los sufrimientos en que se vieron
envueltos nuestros antepasados después de la conquista. Somos nosotros, los
hijos de éstos y de esta tierra, los únicos capaces de solucionar nuestros
problemas.
Por lo que aprecio,
los canarios sólo estamos para pagar los impuestos y para recibir respuestas no
entendibles y sospechosas a nuestras peticiones lógicas de mejoras agrícolas,
creando con ello situaciones de crisis para obligarnos a vender las tierras a
precios baratos o tirados; esto ya sucedió en la antigüedad, matando
prácticamente de hambre a la población canaria, por lo que gran parte de ésta
tuvo que emigrar forzosamente a otros países, léase, por ejemplo, la obra de
Julio Hernández García, titulada "La emigración de las islas Canarias en
el siglo XIX". La historia desgraciadamente se
repite y parece que la sangre de nuestros ancestros no corre por las venas de
los responsables de esta situación; su sangre está contaminada.