¡Alienígenas!
Agapito de Cruz Franco
"Hay otros mundos..., pero están en éste" (Paul Éluard)
¿Es la
cultura una gran tontería? Me refiero sólo a esa parte de la misma que se
asienta en símbolos y representaciones basadas en hechos que nunca existieron.
Al fanatismo religioso y sus tradiciones. A las ideologías políticas que
sobrevuelan la realidad y se convierten en cárceles o verdugos de los seres
humanos. A las naciones como comunidades imaginadas que nos dividen y nos
otorgan diferentes pasaportes o papelas. A esas construcciones del devenir
histórico que, si las observas en frío, no tienen significado alguno. Sólo el
valor social de su aceptación irracional y folklórica. El libro: “Probablemente
Dios no existe, deja de preocuparte y disfruta de la vida”, de los
profesores Gabriel García Voltá y Joan Carles Marset (Ed. Planeta),
trata de vacunarte contra alguno de esos virus. Virus que ha provocado gripes y
pandemias sociales, responsables desde hace unos 11.000 años de guerras, odios,
desigualdades, desestructuración social o desencuentro de civilizaciones. “Dios
no es inocente”. Tras la conocida campaña en diferentes guaguas de Barcelona
con ese mismo lema, la libertad de conciencia y la laicidad en pleno siglo XXI se tornan sin embargo una rara avis.
Sobre todo si contemplas las tortuosas teologías de la Santa Inquisición que
protagoniza la Jerarquía Oficial de la Iglesia Católica o la Guerra Santa de un
Islam que demoniza el materialismo occidental pero no hace ascos a muchos de
sus descubrimientos como la ciencia o la energía nuclear. Por no hablar de las
catedrales capitalistas secretas del FMI y del Banco Mundial, los altares de
Davos, las sacristías de los países más ricos, o las basílicas marxistas o
ermitas caribeñas de Imperios o dictaduras como China o Cuba. El desayuno
Nacional de la Oración de Washington (USA) -todo un capítulo sacado de “La
ética protestante y el espíritu del capitalismo” de Max Weber- es parte también
de ese miedo irrefrenable a abandonar la caverna.
El ecocidio que persiguen todos estos alienígenas
descerebrados tuvo una de sus mejores representaciones en la pasada Cumbre del
Clima de Copenhague a finales de 2009. Abarrotado de institucionúsculos
radicales anti-ecosistema, los extremistas del “no a
todo” arremetieron violentamente contra los representantes del Planeta, en una
carnicería digital propia del mejor Hamlet. El Presidente de
Greenpeace-España Juan López de Uralde,
terminó en la cárcel ¡por presentarse a cenar con los jefes de Estado sin pedir
permiso! Sin embargo, ignoraron el delito de “aquellos que dejaron pasar la
oportunidad de salvar el clima”. Juantxo
no se merecía eso y finalmente fue liberado de las prisiones de la Reina
Gertrudis. Aparte de ecologista, es una persona realista y nada que ver con
el terrorismo alienígena. Recuerdo cuando me comentaba irónicamente en la costa
de Granadilla (Tenerife) en 1990 durante la acción directa del “Rainbow Warrior” -buque insignia
de la organización ecologista- contra la construcción de la Central Térmica de Unelco-Endesa, que si yo creía que con pancartas se iba a
conseguir paralizarla y optar así por una energía 100% renovable como sucedería
luego en El Hierro.
Vivimos en
un Planeta huérfano de identidades, a pesar de miles de congresos de todo tipo
y de nacionalismos que surgen hasta de debajo de las piedras. En un reciente
artículo de Fernando Savater sobre la identidad democrática, hacía
hincapié el filósofo en la distinción entre el ser y el estar, en el sentido
que cada cual somos, según una serie de identidades yuxtapuestas que nos han
venido dadas o que hemos ido eligiendo por el camino. Identidades que luego
deben saber estar democráticamente junto a otras sin interferirse. En ese sentido
apostaba por la cultura de la participación y “del estar juntos con quienes
son de otro modo” -lo que se llama laicismo- frente a la cultura “de la
pertenencia –acrílica, blindada, basada en el sacrosanto “nosotros somos así”-
Pienso que en esa búsqueda de la identidad, nada como la Ciudad, donde se
encuentran y conviven múltiples identidades y la cual rebasa las fronteras del
papá Estado. Barcelona no es Cataluña. Barcelona está en Cataluña. Nueva York
está en USA pero es cosmopolita.
Frente a
los obispos que exigen que sea delito lo que ellos consideran pecado, frente al
violento de género que considera enemigo al otro sexo, frente al nazi que
esgrime su lengua, su idiosincrasia o su cerca fronteriza en aras de esa
religión favorecedora de la exclusión y la desigualdad, nada como la Ciudad
como ecosistema.
Es posible
que las religiones y las guerras, nacieran tras la victoria sobre la mujer y la
madre Tierra por parte de la cultura alienígena. De la ruptura de ese vínculo
con la naturaleza que nos hacía humanos. Del asesinato del Árbol Madre. Cuando
aún no se han apagado los rescoldos de la reivindicación universal de la figura
de Hipatia de Alejandría, cuya memoria
nos ha refrescado la nuestra el director de cine Alejandro Amenábar, no
deja de ser esperanzador que medio mundo se haya empezado a enamorar de los
ojos, el rabo y la mirada profunda de la gata de Avatar: (“Oe-l nga-ti kam(ei)e”) de James Cameron. Entre la alegría, todo
hay que decirlo, de ver a los derrotados alienígenas camino
de su país… De película.