Almendros: algo más que flores y fotos
Wladimiro Rodríguez Brito
Estos días, miles de
personas recorren un espacio agrario olvidado desde hace unos treinta años en
el que sobreviven unas plantas capaces de arraigar sin la atención de los campesinos,
y que en su mayoría se encuentran rodeadas por tabaibas, escobones, zarzales,
pinos y un largo número de plantas silvestres, ya que sólo en unos pocos casos
encontramos frutales atendidos por el hombre. Un recorrido por Santiago del
Teide, Guía de Isora, Vilaflor,
Garafía, Puntagorda, Tijarafe, El Paso, El Pinar y Tejeda nos enseña cómo
nuestra gente tuvo una gran sabiduría para incorporar en los lugares más secos
y de peores suelos los frutales más sufridos con menores exigencias en suelo y
humedad; almendros e higueras son plantas de los sotaventos y, sobre todo, de malpaís y lapilli.
Almendro e higueras
son las señas de identidad de una cultura de esfuerzo y de lucha: habría que
abrir zanjas y hoyos para plantar árboles en los que habría que esperar hasta
diez años para obtener los primeros frutos, cuidarlos y defenderlos ante los
animales, injertos y podas. Por todo ello, los almendros de la foto son los
sueños y el trabajo de varias generaciones que apostaron por sustituir
escobones, tabaibas y pinos por frutales, claves en la alimentación de nuestra
gente. También son parte de la referencia de la economía autárquia
pretérita de los frutales y el resultante de una cultura y de la economía en
los suelos más pobres, mientras que los suelos ricos en arcillas los cultivos
dominantes eran los cereales.
La estructura de la
propiedad hasta los años cincuenta del siglo XX hizo
que casi todos pertenecieran al Marqués del Valle y la era de
El recorrido del
almendro en flor entre Valle Arriba y Arguayo,
rodeando
En muchos casos, los
baldíos eran suelos del municipio que el ayuntamiento entregó en uso a los
vecinos ante situaciones de hambre y penuria de alimentos; espacio que fue
duramente castigado ante las demandas vecinales y las limitaciones que imponía
el señorío sobre gran parte del municipio propiedad del Marqués del Valle. En
otros casos, los vecinos del Valle cultivaban tierras al otro lado de
Por todo ello, de la
suerte en el cultivo de gran parte de Santiago del Teide depende indirectamente
uno de los espacios de monte verde de más valor de la isla de Tenerife en el
que, indudablemente, también hemos de hacer una labor de cultivo y limpieza en
las tierras de Ruigómez hasta el puerto de Erjos y desde éste hasta
Querido lector y
caminante, hoy hacemos camino, hacemos cultura del territorio y hacemos una
reflexión del suelo que pisamos, entendiendo que la protección de la naturaleza
es algo más que unas manchas de tinte sobre un mapa y unas leyes hechas en un
despacho declarando categorías de protección, en las que supuestamente todo
está protegido en el papel, excepto el campesino. Resulta curioso que la mayoría
de los que patean la ruta del almendro han nacido al Norte de los Pirineos, en
los que la cultura del campo y la naturaleza tiene arraigo y saben valorar
dicho paisaje y su cultura no es sólo un problema de estómago.
Necesitamos con
urgencia una nueva lectura del territorio en la que los jóvenes beban en
fuentes de sabiduría popular; que aún nos quedan las bellezas del almendro en
flor que está cargada de vivencias de cultura de esfuerzo; fotos todas con
paisaje humanizado, cargado del calor humano que lo ha mantenido a lo largo del
tiempo. Disfrutemos de las almendras y los higos pasados, del gofio y el vino
de la tierra, pongamos unos gramos de la tierra de compromiso de futuro,
plantando o sembrando los frutales de las próximas generaciones, y hoy demos un
aplauso solidario a los que nos han dejado las luces en la noche del olvido y
del malpaís, que aquí llaman manchas y que tan
duramente castigaron a los moradores del territorio. Por todo ello, medio
ambiente también es el corte de los escobones que ahogan los almendros y las
higueras, o bien labran las tierras de