Los amos del mundo
Juan
Jesús Ayala
Es este el título de
un artículo en cierta manera premonitorio de Arturo Pérez Reverte, publicado en
noviembre de 1998 y que cobra una rabiosa actualidad. Y es ni más ni menos lo
que hemos mantenido durante tiempo, como que las causas que están propiciando
el derrumbe del modo de producción capitalista radican simple y llanamente en
la inmoralidad salvaje que los próceres de las finanzas con su desmedido empeño
de enriquecerse a través de pelotazos y más pelotazos que han sido consentidos
y sostenidos por las manos de los poderes públicos que están y han estado a su
alrededor sin dejar de darles palmaditas en la espalda.
Se hace muy difícil
desgajar el poder económico-financiero del poder político como si este fuera
determinante y ejecutor, aunque sea de manera sibilina y camuflada en la toma
de decisiones. Los amos del mundo no crean riqueza, sino que especulan lanzando
al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que en nada tienen que
ver con la economía productiva." Alzan castillos de naipes y los
garantizan con espejismos y con humo y los poderosos de la tierra pierden el
culo por darles coba y subirse al carro".
Cuando se invoca la
solidaridad para salir de la crisis que atosiga y que está poniendo en la
picota el modelo, se piensa en los mismos de siempre, se recurre a los millones
de trabajadores que llegan a final de mes con apuros o que tienen unos ahorros
reservados en esas empresas financieras y ven cómo con el esfuerzo de su
trabajo se tapan los huecos que han dejado estos magos de las finanzas que se
han rodeado de los popes y gurús de la economía que lo más que han hecho es dar
calor y favorecer esas martingalas especulativas. Se pide solidaridad para que
el que mal vive contribuya a que los amos del mundo sigan con sus ganancias
abundantes, refugiadas ahora en los paraísos fiscales que se han fabricado para
ellos, a los que, además, se les sigue premiando con silencios de escándalo o
aplaudiendo su voracidad y depredación de un modo de producción que se nos va.
Y si esos son los amos
del mundo, los que han diseñado nuestro futuro desde su nirvana encantador, mal
asunto. Mal asunto cuando se nos dice de no se sabe cuantos sacrificios hay que
hacer y más si esta recomendación nos llega desde
Mal asunto cuando los
amos del mundo no se encuentran. Nunca hemos sabido quiénes son, salvo
excepciones, y peor aun cuando los que tienen el deber y la obligación de
resolver desde altas instancias estas cuestiones crudas lo que hacen, aparte de
no abandonar sus sonrisas infantiloides, es camuflarse
en el silencio de una inoperancia de órdago.
Mal asunto cuando los
amos del mundo han dejado suelta y sin cabos a la economía que navega sin rumbo
y hacia una deriva ciertamente más que peligrosa mientras que se parten de risa
en esta o aquella orilla como si esta cuestión no fuera con ellos.