Aminatu Haidar

 

 

Sea cual sea el desenlace, su servicio a la causa no tiene precio.

 

 

Luis Ortega

 

 

Sea cual sea el desenlace, su servicio a la causa no tiene precio. Desde hace treinta y cuatro años, la reivindicación del Frente Polisario no ha tenido mejor espejo ni mayor cobertura mediática. Después de dos semanas en huelga de hambre, la decadencia física y la firmeza de la activista retratan el drama del Sahara Occidental y lo colocan otra vez en las pantallas de televisión y en las portadas de prensa junto a expresivas y continuas muestras de apoyo y solidaridad llegadas de todo el mundo.

 

Licenciada en Literatura y madre de dos hijos, Aminatou Haidar (1967) fue detenida en 1987 por participar en una manifestación que exigía la celebración del referéndum de independencia que la ONU acordó a la salida de España y la ocupación marroquí; sin cargos ni juicios, pasó por torturas y cárceles secretas; Amnistía Internacional popularizó su caso y, en 2005, condenada a siete meses en la Prisión Negra de El Aaiun por un tribunal alauita, sectores de la izquierda europea y diputados progresistas emprendieron una campaña internacional para su liberación que incluyó una declaración expresa del Parlamento Europeo; excarcelada un mes después, en agosto de 2006, Marruecos le retiró su pasaporte y le negó el derecho de expatriación de sus hijos.

 

La intensa actividad desplegada en los últimos años le valieron premios de las fundaciones Robert Kennedy y Juan María Bandrés y nominaciones al Sajarov, a propuesta de la eurocámara, y al Nobel de la Paz. El penúltimo episodio de su lucha ocurrió el pasado 13 de noviembre, cuando al regreso de un viaje de Nueva York, con escala previa en Gran Canaria, fue expulsada de los territorios ocupados y, desde entonces, permanece en la terminal del aeropuerto de Guacimeta, animada por la solidaridad de los isleños y los simpatizantes que se han desplazado a Lanzarote; sin comer y con visibles muestras de deterioro físico, serena e irreductible ante las ofertas formuladas por Asuntos Exteriores.

 

Haidar desmiente cualquier tipo de presión externa sobre su conducta y rechaza, una y otra vez, el asilo política y la nacionalidad española. Porque no cabe la razón en la esfera de los sentimientos, contempla las secuelas de la chapuza que la potencia colonial y la ocupante cometieron en 1975, en los epílogos del franquismo, cosecha el apoyo del Departamento de Estado norteamericano que insta a que "se restablezca su status y se respete plenamente la legalidad y los derechos humanos" y, al límite de sus fuerzas, espera.

 

Publicado en el Diario de Avisos, 2-12-2009