Rubens Ascanio Gómez *
Recuerdo que uno de los primeros escritos de carácter
político que hice fue un texto sobre el gran incendio que sufrió Tenerife en el
verano de 1995 y que publiqué en
Era una época de mayores carencias en medios y en las políticas contra
incendios. Las cosas dependían mucho más de la buena voluntad de los vecinos y
las brigadas profesionales eran mucho más exiguas. En poco tiempo los políticos
empezaron a descubrir que además del coste medioambiental o del material su
incompetencia tenía un efecto político claro y un coste electoral. No me apeno
de este descubrimiento, al contrario, significa que los ciudadanos cada vez más
ven a su entorno como algo propio, parte de su mismo ser y la incompetencia a
este respecto no se perdona.
En las últimas horas el fuego, como casi todos los años ha vuelto a aparecer en
los montes canarios, con especial virulencia en
Las imágenes de los cientos de palmeros y palmeras desalojados, que ven
quemarse sus tierras, sus árboles, sus animales o sus casas me conmueve profundamente, no lo puedo negar. Reflejan la huída
ante uno de los elementos de la naturaleza más devastadores y
temibles, que por desgracia casi siempre tiene una mano humana detrás.
Además ocurre en una Isla que es especialmente hermosa, que ha sabido mantener
su entorno de una manera cuidadosa, casi con el mismo mimo con el que fabrica
sus dulces o elabora la seda.
Cuando uno ve el monte y las casas arder algo se le despierta a uno dentro, un
odio profundo hacia aquel que por descuido o de forma intencionada inicia el
incendio. Por desgracia nuestra tierra parece ser propicia para la labor de
pirómanos que disfrutan con el movimiento de bomberos y helicópteros mientras
todo se quema a su paso. En algunos municipios pequeños es “vox
populi” que muchos vecinos conocen sus nombres y sus
“aficiones”, aunque por desgracia ese código de silencio absurdo que a veces se
da en las pequeñas comunidades les protege.
Espero que en este caso se localice a los culpables y sean castigados como
merece, pero también espero mucho más, espero que la gente de la zona reconecte
con el medio que les rodea, que vuelvan a ver el monte no como un vecino
incómodo o peligroso, sino como una parte de si mismos que hay que cuidar y
vigilar para que se porte bien con nosotros. En el caso del pino canario
tenemos la suerte de que sea bastante resistente al fuego y que incluso el
calor favorezca a las semillas, aunque no debe ser una excusa que nos
justifique para dejar de lamentar los sucedido.
Hace unos cuantos meses hablaba con mi amigo Samir Delgado sobre la
presentación de su libro “El monte se quema” en Masca, donde se narraba las
impresiones que le provocaron los incendios que devastaron unas
Por suerte en Canarias hemos logrado que la masa de pinar se esté recuperando
más en las últimas décadas que en casi los últimos cuatrocientos años, el
Monteverde parece que también vuelve poco a poco desde los lindes de las
huertas de medianías a ocupar los terrenos que en su día los canarios
cultivaron. Hemos dejado de cultivar o de ir a buscar madera para cocinar o
para las tareas agrícolas y eso está devolviendo al monte su esplendor casi
“virginal”, aunque es en cierta medida un espejismo que genera un espacio sin
cuidar, lleno de pinocha y madera seca, el sitio perfecto par un incendio.
Hemos olvidado que para mantener el monte es necesaria la silvicultura que no
implica el uso maderero, al contrario, se basa en el cuidado y uso del monte
que desde la llegada de los mismos guanches se
practicaba, nuestros campesinos lo hicieron y que ahora nosotros parecemos
querer olvidar. Es un buen momento, tal vez el mejor, para que tomemos
conciencia que ese patrimonio es de todos y todas. Debemos de recuperar el uso
sostenible del monte y devolverle todo lo que nos da. Desde las instituciones
canarias se deben de redoblar los esfuerzos para que la breve campaña contra
los incendios de verano se convierta en una tarea de todo el año, que genere el
tan necesitado empleo a mucha gente que se conviertan en los mejores
conocedores del monte, en silvicultores canarios. Necesitamos gente los 365
días del año trabajando allí arriba, recuperando pistas, eliminando madera
muerta, reutilizando la pinocha, repoblando, vigilando, informando a la
población urbana que se acerca a ese medio, visitando los colegios... Necesitamos
que el monte se convierta en un valor más en una sociedad isleña del siglo XXI que parece lanzada a la carrera para olvidar la época
de guataca, arados y callos en las manos, de nuestros padres y abuelos. Debemos
de entender que es un recurso igual de importante para los habitantes de
Canarias que el turismo o la industria y que como tal se debe defender y
proteger.
Espero de verdad que lo antes posible el fuego desaparezca de
* Miembro de Alternativa Sí se puede por Tenerife