Próxima asamblea de las Escuelas Pías

 

Antonio Cubillo Ferreira *

 El próximo sábado, día 2 de abril, en el Club Náutico de Santa Cruz de Tenerife, a partir de las doce, se va a celebrar una asamblea de antiguos alumnos, presidida por el exalumno Celestino Concepción Guerra, seguida de un almuerzo de hermandad, al que asistiremos todos los antiguos alumnos que han pasado por las Escuelas Pías.

En tanto que antiguo alumno de la primera promoción e interno de nuestro colegio, no podía dejar pasar esta ocasión para recordar los buenos tiempos de aquella juventud de los años cuarenta, que vivimos y nos formamos en el antiguo hotel Quisisana, de donde se veía, bajo nosotros, toda la capital chicharrera, y adonde habían llegado alumnos de todas las islas y muchos tinerfeños, que fuimos los primeros internos.

Los Escolapios surgen de la reflexión de un aragonés de pro, José de Calazanz y Gastón, que en 1592 llega a Roma desde España y se indigna al ver la pobreza, la injusticia social y el abandono de los chiquillos del Trastévere, mientras que el lujo brotaba de los palacios romanos donde vivían las grandes familias y los cardenales. Ante tanta injusticia, se indigna, y, en vez de protestar públicamente, decide organizar una escuela pública para niños pobres y dedicar su vida a la enseñanza de estos muchachos. Esta manera de reflexionar y actuar sitúa a José de Calazanz como un hombre del Renacimiento moderno, es decir, un revolucionario, a pesar de que pertenecía a la Iglesia Católica dominante. La Orden debía consagrarse, sobre todo, a los niños pobres de los barrios populares romanos, aunque después, con el paso de los siglos, se dedicó también a la enseñanza de alumnos en diferentes países que pagaban sus estudios, ya que había surgido un buen profesorado influido por las directivas progresistas del fundador.

Cuando llegaron los Escolapios a Tenerife, al final de la guerra civil, alquilaron el edificio del hotel Quisisana; el viejo hotel estaba en malas condiciones y los que pasamos el primer curso en el internado lo constatamos rápidamente, con el frío de los inviernos, donde había ventanas sin cristales, bancos derrengados, puertas que no cerraban. Pero no nos importaba, pues aquel primer año 40 fue, antes que todo, una aventura, ya que había profesores como el padre Rufino o el padre Juan Torregrosa, que nos hablaban en los estudios de algunos alumnos famosos que nos habían precedido sin quejarse, como los primeros niños del Trastévere, o el famoso florentino Carlo Lorenzini, que firmaba Carlos Collodi, de las Escuelas Pías de San Giovaninno de Florencia, que escribió el famoso libro "Las aventuras de Pinocho" y su larga nariz de palo, cada vez que mentía.

Aquellos profesores primeros nos decían que la base de todo era el estudio, la disciplina y la confianza en nosotros mismos; que las dificultades que estábamos encontrando no tenían importancia si estudiábamos. El padre Juan, que nos daba Ciencias Naturales, como no teníamos laboratorio ni lo mínimo de museo de piedras o flores, a la hora de la clase nos reunía, nos sacaba del colegio y nos llevaba a Los Campitos o a los andurriales del viejo hotel o las cuevas aledañas; nos hacía hacer trabajos de campo, recogida de flores, plantas y toda clase de piedras; nos hacía descubrir la naturaleza con nuestras manos; no se conformaba con una explicación ante una pizarra, sino que nos acercaba a la tierra, sentado en un pedrusco mientras los alumnos lo oíamos, ante esta enseñanza popular que nos hizo amar la naturaleza. El padre Juan nos habló mucho de las Leyes de Mendel, que también fue escolapio, el padre de la genética moderna y uno de los más grandes genios de la Humanidad. Se había formado en los Escolapios, aunque después se metió a monje agustino y fue en el jardín de su convento donde desarrolló su teoría famosa. De los escolapios surgieron otros botánicos, como R. Jurkiewicz, polaco de la Universidad de Varsovia; otro polaco, Cristóbal Kluk (1739-1796), famoso botánico; el naturalista, también polaco, de la Universidad de Vilna, N. Kumelski, y otro polaco famoso, K. Tyzenhaus, que falleció en 1853, conocido naturalista junto con A. Andrejowski. Entre los investigadores escolapios extranjeros del centro de Europa nos citaba algunas veces en clase los estudios de Denis Gabor, Eugen Paul Wigner y George von Bekesy, que nos resultaban extraños, pero con el paso del tiempo, muchos años después, me alegré de que a estos alumnos escolapios se les premiara con el nobel de Física en 1971, en 1963 y Fisiología en 1961. Denis Gabor, por haber inventado y desarrollado el método de los hológrafos, Eugene P. Wigner, de USA, por contribuir a la teoría del núcleo del átomo y de las partículas elementales, en especial por el descubrimiento y aplicación de los importantes principios de la simetría, y Georg von Bekesy, por sus descubrimientos del mecanismo físico en la cóclea.

A muchos de nosotros que querían dedicarse a la medicina los curas nos hablaban de famosos médicos como Ramón y Cajal, premio nobel de Medicina en 1906; Robert Barany, austro-húngaro, nobel de Medicina en 1914 por sus trabajos en la fisiología y patología del aparato vestibular del oído; R. Hevesy, húngaro, que había sido nombrado nobel en 1943, recibido en 1944, por sus trabajos en el uso de los isótopos como trazadores en el estudio de los procesos químicos y descubridor, junto con Carter, del elemento hafnium. Philip Leonard, también húngaro, nacido en Bratislava, nobel de Física en 1905 por sus investigaciones sobre los rayos catódicos. Otro húngaro, Albert Szent-Györgyi, nobel de Fisiología y Medicina en 1937, por el descubrimiento de la vitamina C y por sus trabajos sobre el proceso de combustión de los nutrientes en el interior de las células. No me extraña que aquí, en Canarias, a muchos de nuestros condiscípulos les diera por ser médicos y físicos.

En clase de pintura se nos hablaba de grandes pintores escolapios, como Francisco de Goya, y se nos hacía amar la pintura. En literatura se nos habló de escritores como Ángel Guimerá, el Canario, padre del nacionalismo catalán; el valenciano Vicente Blasco Ibáñez, y algunos que años después acabaron obteniendo el nobel de Literatura, como Vicente Alexandre (1977) y Camilo José Cela (1989). Por los escolapios pasaron figuras de todas las artes, ciencias y política, como el catalán Pi Margall, presidente de la Primera República española; Lluis Companys, segundo presidente de la Generalitat de Catalunya, que declaró la República catalana y española el 14 de abril de 1931, y tantos y tantos otros que terminaron sus estudios en los colegios húngaros, italianos, cubanos, españoles y de las repúblicas sudamericanas.

Al principio creíamos que los curas nos iban a encerrar en una educación religiosa, sobre todo porque estábamos en los años cuarenta, final de la guerra civil española, pero después nos dimos cuenta de que los Escolapios no era una Orden española, ya que su central estaba en Roma, y no iba a estar influenciada por Madrid, aunque nos obligaban a cantar el "Cara al Sol" en clase de gimnasia todos los días, como en todos los colegios de la época. Eran los tiempos de la Guerra Mundial, pero entre los curas había anglófilos, como el padre Rufino, y no encontré germanófilos, como los profesores del Colegio Alemán, que estaba debajo del Quisisana, en la calle Enrique Wolfson. Algunos decían que en el colegio se nos iba a inculcar alguna doctrina política a los jóvenes canarios por los tiempos que vivíamos. En eso mis padres estaban tranquilos, pues al habernos educado en el barrio de Buen Paso, en Ycod, habíamos conocido a canarios que habían venido de Cuba, donde los Escolapios eran muy fuertes. Aquellos canarios de la emigración nos decían que no había problemas con los Escolapios; uno de los comandantes de la revolución cubana, D. José Elías Entralgo, fue alumno escolapio del colegio de Guanabacoa, el cual tuvo un hijo, Antonio María Entralgo, que entró de mayor en la Orden. Mis amigos de Buen Paso me decían que el obispo de La Habana, D. Pedro González Estrada, que ayudó mucho a los canarios, también fue escolapio, así como el ministro de Justicia, Jesús María Barraqué, o el de Guerra y Marina, don Carlos Rojas. También me contaron que muchos guerrilleros cubanos que combatieron a las tropas realistas españolas se habían formado en los colegios escolapios de la isla, ya que la Orden no era española, sino que tenía su sede central en Roma, y que san José de Calazanz fue ante todo un personaje universalista. Por eso, cada vez que iba a Roma en mis viajes me gustaba ir a la sede central para discutir con los escolapios; mi pasaporte contraseña era que venía del Quisisana, de Canarias, y las puertas se me abrían.

Si de los colegios escolapios han salido tantos premios nobel y luchadores por la libertad, debe de ser que gozaron de libertad de pensamiento y se les formó para eso, a pesar de los tiempos políticos que vivieron. Cuento una anécdota que me pasó con el profesor de Inglés, el conocido padre Rufino, "el Chancleta", como le llamábamos sin que le molestase el mote. Cuando las victorias de Hitler en Europa, en 1941, las películas y los Nodos franquistas llegaron a llenarnos a la juventud de aquellos años de dudas si vencerían o no las democracias. Fui un día a hablar con doña Kitty Croker, madre de Teddy y Patricio Olivera, mis amigos laguneros y vecinos en el verano. Doña Kitty era inglesa, hija de un antiguo cónsul en Tenerife, y ante las dudas me dijo: ¿sabes lo que cantan los alemanes actualmente que ocupan Francia, Bélgica y Holanda? ¿Qué cantan? "Wir Fahren Gegen England". "Y eso qué significa", pregunté. "Estamos navegando hacia Inglaterra". Te diré lo que ha dicho a esto W. Churchill, imitando a W. Shakespeare, con su acento: "This England never did, no ever shall, lie at the proud feet of a conqueror".

Tomé nota de la frase, y cuando volví al colegio se la enseñé al padre Rufino, el cual, sonriendo, me dijo: "Tiene razón Mr. Churchill. Inglaterra jamás, jamás será conquistada; sigue hablando con esa señora y aprovecha para tomar lecciones de inglés, que será la lengua del futuro, no el alemán". Cuando en el año 57 abrí mi despacho de abogado laboralista en esta capital, un día se presentó el padre Rufino en mi despacho y me dijo: "Quedas nombrado abogado del colegio", sin esperar mi respuesta. Cuando en 1961 dirigí la primera huelga de los panaderos, el 31 de mayo, y me detuvieron en comisaría para después enviarme a la cárcel, por órdenes del gobernador franquista Ballesteros Gaibrois, en vez de irme a sacar de sus garras el Colegio de Abogados, fue el padre Rufino quien fue al gobierno civil y dijo que me soltaran enseguida, porque era el abogado del colegio, y, al negarse el gobernador, le dijo: "O lo suelta o, si no, con la Iglesia hemos topado". Y así me soltaron.

Otros comentarán sus recuerdos el 2 de abril en el Club Náutico, como yo comento estos, porque casi todos tenemos buenos recuerdos de los Escolapios, y si hubo alguno malo se olvidó.

 

* Interno de primer año (40-41) y exalumno

Publicado en el periódico El Día, 26-03-2011