De Australia a Tenerife
Wladimiro
Rodríguez Brito
La vida es una lección
permanente de aciertos y errores en la que, en muchas ocasiones, dejamos de
mirar para detrás o lo que ocurre en el entorno, considerando que nuestra
verdad es la única referencia con la que actuamos. De esta forma, hemos creído
que el fuego lo apagan los bomberos y los equipos humanos, pero en la mayoría
de los casos no ocurre así. Basta con ver que estos días los medios de
comunicación nos informan de un incendio forestal en las antípodas, en una zona
con características muy similares a las nuestras en cuanto a humedad (entre
500-
Estamos en una
importante zona ganadera y agrícola e industrial, pues no olvidemos que el
incendio se produce sobre parte de la cuenca del río Murria, el más importante
del país. El incendio se propaga con temperaturas de más de 40º C y vientos
secos que soplan del desierto australiano hacia la costa S.E;
mientras que aquí, en Tenerife, son del N.W., y en
Canarias del S.E., procedentes del Sahara.
Febrero para los
australianos es agosto en Canarias. Por todo ello, la lectura de lo que ocurre
en el S.E. de Australia debe ser una lección de lo que puede ocurrir en nuestro
entorno, ya que Australia es un país eminentemente urbano, con un nivel
económico similar al nuestro, por lo que la capacidad tecnológica para
defenderse del fuego difiere poco de la nuestra. Aunque las comparaciones son
odiosas, creemos que son oportunas algunas referencias.
La superficie quemada
hasta el jueves doblaba en su superficie a la isla de Tenerife, afectando a más
de 1.000 viviendas y dejando a más de 200 víctimas tras las llamas; habían
movilizado miles de bomberos, ejército y voluntarios para hacer frente al
monstruo que a su paso reduce todo a cenizas.
Amigo lector, los hechos
anteriormente descritos pueden ocurrir en esta Isla si no hacemos prevención,
única medicina para evitar tal situación. Es decir, la mejor lucha contra el
fuego la hacemos en los inviernos retirando combustible de las zonas pobladas y
proximidades de las vías de comunicación. Lo que hemos visto en la televisión
estos días -masas de eucalipto en las zonas pobladas- es un fiel reflejo de los
riesgos que tiene para la población cuando se produce un verano seco con
vientos y las temperaturas descritas en zonas arboladas.
Hagamos todas las
prevenciones; no nos cansemos de comentar que
Una lectura de
territorio nos debe hacer reflexionar desde el Valle de El Palmar hasta el
Llano del Moro, en el Norte de Tenerife, con riesgos importantes, también en
numerosos puntos del Sur de
Estamos en febrero, en
una situación nueva, con una población que demanda trabajo. Hagamos una labor
de prevención antes de que llegue el próximo verano, máxime con el nivel de
combustible que se añade tras la lluvia, dado el invierno y la carencia de
ganadería para la eliminación de los pastos antes de la entrada del verano.
Está en nuestras manos
hacer una tarea ambiental y de seguridad para nuestros vecinos. Lo que pudo
ocurrir aquí en 2007 o lo que desgraciadamente sucede en Australia ahora
podemos evitarlo. Pongámoslo en marcha. No dejemos todo esperando por los
bomberos y los equipos mecánicos. Aquí, en California o en Australia, tenemos
que hacer prevención. Después de lo que ha pasado en estos territorios, debemos
reflexionar sobre la necesidad de un marco legal que obligue a la limpieza de
todo tipo de material combustible en las zonas pobladas. De lo contrario,
estamos asumiendo un riesgo muy alto en caso de incendio forestal.