Teodoro Santana *
Cuando se trata de dar dinero a los bancos,
nadie protesta. No se alude al “despilfarro”, a la “improvisación”, a “endeudar
a las futuras generaciones” ni a lo que cada familia tiene que aportar para
reflotar a las grandes corporaciones bancarias, a las que el dinero público
continúa acudiendo a mansalva. Con ese dinero público, la banca sigue
repartiendo fabulosos beneficios a sus accionistas. Pero de esto no se habla:
ni a la derecha, ni a la socialdemocracia, ni la izquierda parlamentaria se les
ocurre romper el tabú. En cambio, todo son alarmas (o presumir de mantener la
“protección social”) cuando se trata de la comparativamente ridícula cantidad
que se destina a parchear los efectos más demoledores del paro.
Los 15 mayores bancos del mundo (entre ellos el Banco
Santander y el BBVA) han recuperado en once meses la
capitalización bursátil que tenían antes de la quiebra de Lehman Brothers,
según reconocía días atrás el diario El País. El valor de esos quince
grandes bancos mundiales se estima ahora en 1,568 billones de dólares,
prácticamente lo mismo que hace un año. Sólo en EEUU, el total de las ayudas y
garantías concedidas a los bancos y empresas industriales suma 23,7 billones de
dólares, ocho veces el presupuesto federal.
Las ayudas públicas han sido el principal motor
de esa alza, y HSBC, el banco de mayor tamaño, ha duplicado su valor
en apenas seis meses. Lo cierto es que la banca vuelve a obtener beneficios
millonarios, a pagar bonos escandalosos a sus directivos y a repartir
dividendos menos de un año después del estallido financiero.
En el Estado español, a pesar del secretismo
decretado por el gobierno “socialista” sobre las ayudas a la banca, los
préstamos del Estado a tres años a bajísimo interés a las corporaciones
financieras se estiman en unos 280.000 millones de euros, alcanzando las ayudas
totales una cantidad aproximada de 340.000 millones. Son estas ayudas las que
han llevado el déficit público en torno al 10% del PIB (más de 50.000 millones
de euros), estimándose que alcance el 12% al finalizar el año. Por contra, las microayudas a los parados sin prestaciones solo supondrán
1.300 millones de euros (el 0,38% de lo que se da a los bancos).
El Santander, por ejemplo, ha
recuperado los niveles previos a la crisis y casi ha multiplicado por tres su
capitalización desde los mínimos de marzo, logrando unos beneficios de 4.500
millones de euros en la primera mitad del año. Banco Santander es el
tercero del mundo que más beneficios obtiene, y el BBVA es el quinto
del mundo y el tercero de Europa, con unos beneficios en los seis primeros
meses de 2009 de 2.799 millones de euros.
Es evidente que ese dinero público no ha
repercutido en reactivación económica alguna, ya que las ayudas no se han
condicionado a que se preste más a la pequeña y mediana empresa, ni a los
sectores productivos, ni a los consumidores. Y que los 15.000 millones de euros
que Zapatero dice que va a recaudar incrementando los impuestos (los indirectos,, que se cargan en al consumidor, además del 80% del IRPF
que aportamos los asalariados) no van destinados a una “ayuda social” que es la
décima parte de esa cantidad.
Los bancos españoles que, según datos del propio
Banco de España, acumulaban “activos tóxicos” inmobiliarios por valor de 20.353
millones de euros a finales de junio (y subiendo a medida que se agudiza la
crisis y se incrementan las dificultades para pagar las hipotecas), han
destinado casi el 100% del dinero público (que reciben al 1%) a comprar deuda
pública. Una deuda pública cuya emisión se ha disparado (+251% de letras y
+344% de medio/largo plazo), y que paga intereses en torno a una media del 4%.
Sin despeinarse, y con un mero asiento contable, obtienen un beneficio neto del
3% ¡prestando al Estado el dinero que el Estado les presta a ellos! No es
extraño que mantengan su volumen de beneficios.
De hecho, lo que hace el PSOE (y todos los
gobiernos de los países capitalistas) es transferir salarios a las rentas del
capital financiero. La única “ayuda social” que se mantiene y se incrementa es
la de los trabajadores a los propietarios de los bancos. En esto todo el
espectro político burgués está de acuerdo. La única discusión es si se debe
apretar aún más el dogal -despido (más) libre, menor gasto social, etc.) o no. La presión del FMI, de
Frente a esa presión capitalista, las trabajadores y trabajadoras debemos responder con una
presión mayor, con movilizaciones en la calle, exigiendo la nacionalización
de la banca. De forma que, al ponerla en manos públicas, su
funcionamiento y sus objetivos dejen de ser el mantener fabulosos beneficios a
costa del Estado. Y, bien al contrario, sus ingentes fondos se utilicen para
financiar préstamos a bajo interés a las inversiones públicas generadoras de
empleo, a la economía productiva y al consumo. Para ello, no nos cansaremos de
insistir en la necesidad y en la urgencia de una amplia Plataforma
contra
(*)
Teodoro Santana es miembro del Comité Central del Partido
Revolucionario de los Comunistas de Canarias (PRCC)