De barbarie en barbarie
Cándido Quintana *
Me encontraba hace unos días con unos
amigos ecologistas, en la terraza del Bar el Emigrante, en la Villa y Puerto de Garachico, y mirando hacia El Roque nos reíamos, recordando
las declaraciones que realizó en su día el alcalde del Municipio, Ramón
Miranda, a raíz de unas manifestaciones de los ecologistas, en contra del
Funicular de la Culata.
Los pondría en cuarentena a "pan y sal" en el
Roque, decía el Alcalde refiriéndose a esos ecologistas, tortura que estimaba
merecida por su oposición. Seguramente pretendía decir a pan y agua, para que
aprendieran de una vez de su avispada visión desarrollista, en este caso sobre
un entorno de alto valor ecológico, los Acantilados de La Culata, Paisaje Protegido y
Lugar de Interés Comunitario.
Y es que las agresiones al Medio Ambiente y al Medio Natural en Tenerife, desde
las propias Administraciones Públicas, no sólo se circunscriben al Sur de la Isla, pendiente aún la del
puerto de Granadilla. Nuestro atractivo y bastante bien conservado Norte, ya no
es ajeno a este tipo de actuaciones, eso sí, amparándolas bajo la sempiterna
cantinela trucada de creación de riqueza y puestos de trabajo, aunque la
realidad sea otra muy diferente. Lo cierto es que, o conservamos decididamente
nuestro Medio Ambiente y los valiosos entornos y recursos naturales que nos
quedan, o lo tendremos muy crudo en un futuro inmediato, que nos pasará
tremendas facturas que no podremos asumir.
Benditos ecologistas, que ofrecen de forma altruista su tiempo libre para
contrarrestar, con gran conocimiento, esas irresponsables agresiones sin
sentido, cuyos costes, o sus indemnizaciones si por fortuna se logran parar a
tiempo por otros cauces, se afrontan con los dineros de todos, ecologistas
incluidos. Salvado el Municipio de Tacoronte de un
puerto privado, que se hubiera apropiado de la playa de la Arena y parte del Paisaje
Protegido Costa de Acentejo, degradándolos, se nos
vienen encima otra serie de actuaciones desaconsejables, por innecesarias y
tremendamente devastadoras. De entre ellas, sobresale especialmente por su
enorme dimensión y por los cuantiosos daños irreversibles que ocasiona, el
anillo insular, que ya ha tocado, de forma irrecuperable, algunas coladas del
centenario volcán el Chinyero, catalogado como
Reserva Natural Especial, pero que también afectará negativamente, a los
Acantilados de La Culata
y al LIC Cueva del Viento, el tubo volcánico más
largo de la Unión
Europea y uno de los mayores del Mundo.
Tampoco escapa la Costa
de San Juan de la Rambla,
otro Lugar de Interés Comunitario. En el Barrio de las Aguas, en el ya
atractivo entorno de su avenida y frente a ella, flota otra actuación
innecesaria, disparatada y altamente impactante, que la justifican por unas
mejoras en tierra y por la formación de una playa de arena en el litoral. Para
ello, eliminarían la piscina existente en la actualidad y unirían el roquete
mayor más próximo con la costa, mediante una escollera artificial. Esta
escollera, que interrumpiría la dinámica litoral y afectaría negativamente a
unas cuevas submarinas que le dan al LIC su gran
relevancia, está pensada para servir de espaldón de parte de la playa, playa
que, con absoluta seguridad por encontrarse en un lugar de significativa
violencia del mar del Norte, duraría lo que un dulce en la puerta de un
colegio, por lo que si esta invasora obra finalmente se ejecuta, es más que
probable que los vecinos del lugar se queden sin lugar de baño, o sea, sin
playa y sin piscina, pero, eso sí, con el daño irreversible ya infringido.
Y así sucesivamente, llegamos a otro lugar que es un claro y tangible ejemplo
de lo que no se debe hacer, El Riquel, declarado
suelo rústico de protección paisajística, costera y agraria. Este antaño
hermoso entorno, que linda en el mar con el LIC
Acantilado Costero de los Perros, ha sido convertido por la mano del hombre y
con la permisibilidad de las Administraciones Públicas,
en basurero y degradación al mayor nivel imaginable. Lo he recorrido en toda su
extensión y dan ganas hasta de llorar, considero como culpable directo al
Ayuntamiento de Icod de los Vinos, tanto al actual
equipo nacionalista, como el anterior socialista. No vale, ni es de recibo,
admitir tales estropicios con la justificación de las actividades que allí se
desarrollaban y los puestos de trabajo que mantenían, entre otras cosas, porque
las empresas en cuestión se pueden asentar en otros lugares ya degradados o de
escaso valor, que no es el caso. Es tal la barbarie cometida en este lugar, que
procede depurar todas las responsabilidades personales, tanto en el terreno
político como en el penal y económico, además de la ineludible y urgente
exigencia de reponer El Riquel a su hermosa situación
más próxima posible anterior. Es una vergüenza difícilmente igualable, que,
como ya dije, tiene que servir como ejemplo de lo que en Tenerife NO se debe
hacer, ¡presione quien presione!
*
Presidente de la Plataforma
de Defensa del Puerto de Santa Cruz