Un buen día de mal tiempo
Wladimiro
Rodríguez Brito
En el lenguaje cotidiano
llamamos buen tiempo al sol y a la carencia de lluvia. La economía manda y
tanto el turismo como las demandas de nuestra población, altamente "urbanícola", así lo requieren. Sin embargo, el 24 de
diciembre, la naturaleza nos dejó un número de lotería altamente valorado en el
sentido amplio de la palabra, no sólo por nuestros campesinos, sino por lo que
significa para nuestros árboles y, de alguna manera, para los manantiales que
siguen fluyendo un volumen importante de agua de los que demanda esta Isla.
Es en este marco en el
que hemos de felicitar a nuestra naturaleza porque después de un año de los más
duros de sequía desde 1948, en este 24 de diciembre las lluvias mojaron
relativamente bien gran parte de la piel del sotavento tinerfeño, pues ya con
anterioridad, desde octubre, había llovido en la vertiente norte desde Anaga hasta Teno.
Por todo ello, lo
ocurrido el día 24 fue enormemente afortunado para el espacio que tenemos entre
Añaza y Valle Tamaimo.
Valgan como referencia algunos datos. En Chimaje, a
la altura de la carretera general del sur, cayeron
Es bueno que en
nuestra cultura, más allá de las preocupaciones que tenemos por la crisis
económica, no olvidemos que la madre naturaleza demanda días como el pasado 24
de diciembre. Así, teníamos condiciones muy duras para nuestros bosques y
nuestros agricultores, que en casos como Vilaflor
estaban regando con agua de alta salinidad y de precios prohibitivos para la
agricultura (más de 0,36 euros la pipa); sin que nos olvidemos de que en años
con comportamientos pluviométricos como el que acaba el próximo miércoles
nuestra gente tenía que emigrar huyendo del hambre en una Isla en la que apenas
podíamos conseguir cosechas.
Por ello, en estas
fechas y más allá de las lecturas de las Navidades, hemos de decir que la
naturaleza se ha portado bien con nosotros, aunque nos haya creado algunas
molestias en las playas y calles. Es en este marco en el que queremos insistir
en que la cultura y la lectura que hacemos de las cosas es enormemente a corto
plazo, y que el año seguramente ha sido malo no sólo en el plano económico, con
los problemas que todos conocemos, sino que ha sido muy malo en el plano
meteorológico, aunque otros muchos lo llaman buen tiempo.
Por supuesto, también
hay que tener en cuenta cuando descorchamos una botella de vino en las
Navidades si es de los que limpian, azufran, podan y cavan la viña en esta
tierra y miran para la naturaleza; o por el contrario, son de otras latitudes,
que dejan de ser solidarios con el medio ambiente de aquí y con los que lo
cuidan en estas difíciles condiciones el paisaje. En ese mismo sentido, hay que
mirar si compramos papas de Egipto o las de nuestros agricultores, que bajo
esas condiciones de sequía y precios del agua las cultivan en los jables de Vilaflor
Por lo tanto, hay que
ser más humildes a la hora de valorar no sólo la meteorología, sino a la hora
de abrir el grifo, tirar de la cisterna o incluso en la jardinería y, como no,
en cómo hablamos de nuestra naturaleza y nuestros montes, temas que son claves
a la hora de tener ciudadanos más comprometidos con el medio ambiente.