Teodoro Santana
Este sábado se celebra en Las Palmas un llamado
“Encuentro por un Movimiento Ciudadano de carácter social y sindical”,
impulsado por
¿Por qué este sesgo antipartidos? ¿Será, como se
me ha dicho, fruto de la inmadurez de los “movimientos sociales”, o se trata de
otra cosa? La convocatoria lo aclara: se trata de “impulsar un espacio
político plural de debate que nos reúna y nos permita actuar colectivamente.
Que quiere instituirse como espacio de intercambio de ideas, tareas y
proyectos, que aspira a formas concretas de encuentro, de reflexión,
organización y acción. Es necesario crear nuevos lenguajes, abrir los espacios
de actuación y de interpelación indispensables, discutir y participar
en la lenta constitución de un nuevo y complejo sujeto político popular”.
Es decir, se trata claramente de transformar lo
que era un pequeño espacio para el encuentro y la movilización, que jugó un
papel destacado en conseguir un Primero de Mayo unitario, en un nuevo
partido político, a pesar de la posterior y revenida excusa de que “no
se trata de construir una nueva alternativa electoral, ni un sostén de masas de
ningún proyecto electoral concreto”. Aunque lo nieguen tres veces antes de que
cante el gallo del 2011, lo cierto es que, en vez de mantener una coordinación
de partidos, sindicatos, asociaciones de vecinos, etc., para ir sumando fuerzas
y elevando el nivel de las movilizaciones populares ante la creciente hecatombe
social que se nos viene encima, se opta por maniobrar para constituir una
plataforma a todas luces electoral inspirada, por enésima vez, en el fantasma
de la más que extinta UPC.
Sea cual sea el pensamiento particular de los
participantes y la apariencia asamblearia del asunto,
estamos ante un staff que decide y planifica por su cuenta. A la
asamblea se le suministran unos pesados documentos que difícilmente puede
entender en profundidad (y mucho menos debatir seriamente). Y poco a poco,
enredando la madeja, se marea la cosa y se va embullando a la gente que, cuando
se viene a dar cuenta, está jaleando a un líder providencial que, lógicamente,
y dada su “talla política”, no va a someterse a la pesadez del control
asambleario. Es la expresión más acabada del burocratismo.
Se trata de transformar, de forma oportunista,
lo que debía ser una plataforma de acción y movilización, en una mera base de
apoyo electoral. Por eso, se respira aliviado cuando UGT y CCOO -cuya presencia
hubiese hecho imposible el nuevo sujeto político- corren a firmar un
pacto social con el gobierno autonómico, demostrando así su “traición”. ¿Pero
alguien ha dudado alguna vez de lo que son ambas centrales? ¿Se trataba de la
unidad con unas UGT y CCOO ficticias o se trataba de atraer a la unidad a los
miles de trabajadoras y trabajadoras de ambos sindicatos? ¿Por qué abandonar
ahora el esfuerzo unitario? En la misma medida, se explica que haya que deshacerse
de la presencia política, oficial, de los partidos que habían participado en
todo el proceso. Casualmente, el asunto se reducía a los comunistas: PRCC
y PCPC. Que vengan a título personal, nos dicen, aquellos a los que el
buró invite.
No es la primera vez que vivimos este tipo de
montajes. En los últimos treinta años hemos asistido a unos cuantos. Incluso se
repiten algunos de sus protagonistas. El problema es que la gente no es tonta.
Muchos de esos “movimientos sociales”, desde que se huelan el asunto, se van a
quitar de en medio. Y además van a desmovilizarse, dejando nuevas heridas y
falta de confianza. Una nueva frustración más que añadir a la lista.
Cada uno tiene el derecho a tratar de montar el sujeto
político que quiera. Pero si de lo que se trata es de elevar las
movilizaciones y el nivel de organización de nuestro pueblo frente a la crisis,
el paro y la miseria (como queremos los comunistas), lo que corresponde no es
una plataforma amorfa de individualidades sino, por el contrario, una coordinación
amplia y sin sectarismos de distintos partidos, sindicatos, asociaciones y
colectivos de todo tipo. De forma que todo el que esté presente en las
reuniones, sea mayor o menor su peso numérico, represente algo y a alguien.
Evidentemente, esto, por plural, es más difícil.
Pero poner en pie un proceso de amplias movilizaciones y un entendimiento
sustancial entre las distintas fuerzas populares siempre lo es. Claro que
también podíamos agachar la cabeza, no molestar al buró, y acudir
acríticamente a ver si, por lazos del demonio, trincábamos cacho o nos
colocábamos para algo. Los compañeros que, con buena voluntad, organizan el
encuentro, comprenderán que esa no sea la forma de actuar de los comunistas.
(*) Teodoro Santana es miembro del Comité
Central del Partido
Revolucionario de los Comunistas de Canarias (PRCC)