LA CAÍDA DEL PARAÍSO CANARIO
Jesús Villar *
Nací hace más de 50 años en este
archipiélago del Atlántico. Desde que recuerdo, crecí con la idea de que
Canarias era un paraíso y durante más de 20 años vendí esa imagen a la gente de
nuestra tierra, de nuestro país y de otros países. Pero nuestras islas no son
un paraíso. Si lo fueron, yo no lo recuerdo ni creo que viva para verlo.
Los recursos fundamentales de un país no descansan sólo en la riqueza material
o financiera, sino en la preparación de sus ciudadanos. Decía Tomás Moro hace
cinco siglos en su libro Utopía que una sociedad estaba obligada a que todos
sus ciudadanos supieran un oficio. La mitad de la población de Canarias mayor
de 15 años no tiene el graduado escolar. Canarias tiene cerca de 300.000
desempleados (la tasa de desempleo más elevada de Europa) y más del 60 % de
ellos no ha completado la educación secundaria o la formación profesional. Dice
Robert Reich, profesor de economía de la Universidad de Harvard, que la
integración en una economía globalizada tiende a favorecer a los que tienen una
mejor formación y a penalizar a aquellos con los peores niveles de educación y
aptitudes. Se estima que 3 de cada 4 ciudadanos de Canarias son científicamente
analfabetos. Y es que en nuestra tierra, contrariamente a los discursos demagógicos
y oportunistas de algunos políticos y autoridades académicas, nunca se dio
importancia a la ciencia como motor del progreso.
Nuestros adolescentes figuran entre los jóvenes con mayor fracaso escolar de
toda España, tienen bastante dificultad en escribir un texto de 100 palabras
sin faltas de ortografía, son incapaces de nombrar tres obras de Cervantes,
hablan mal el español, son incapaces de comunicarse en cualquiera de las tres
lenguas más habladas de la Unión Europea y por supuesto siguen ignorando cuál
es el objeto que está cambiando el mundo y que será el protagonista en este
siglo. Colón pasó por las islas, pero son muchos los canarios que desconocen
con cierto rigor la visita del navegante y el papel de las islas en el
descubrimiento de América. Este analfabetismo o mala educación, originado por
la falta de preparación y de visión de muchos de los que han sido nuestros
dirigentes, nos ha costado un retraso que cada vez resultará más difícil (si no
imposible) corregir. A la velocidad en que están ocurriendo los cambios
económicos y políticos en el Pacífico y en la Unión Europea, sólo nos queda
seguir el consejo de la Reina Roja en Alicia en el País de las Maravillas:
correr dos veces más deprisa para estar en el mismo sitio.
Aunque se habla mucho de la cultura canaria, sigo sin entender cuál es su
significado y su contribución actual en la comunidad de pueblos del mundo. La
decisión política de matar lentamente al Museo Canario, una de las
instituciones culturales y científicas más nobles del archipiélago, habla por
sí sola del canibalismo cultural y científico que ejercen algunos de nuestros
dirigentes políticos y miembros destacados de la sociedad canaria por el que
algún día serán juzgados por la historia. En líneas generales, y con muy pocas
excepciones, Canarias no existe en el campo cultural, industrial o científico.
Aquellos canarios que han sobresalido internacionalmente lo han hecho a
expensas de una emigración cuando aún eran niños, gracias a los medios
existentes en el país en el que se han formado intelectualmente, o bien por
tener la suerte de pertenecer a una familia bien acomodada. Pero se nos llena
la boca cuando se menciona que un canario ha obtenido tal o cual premio
internacional, cuando resulta que nacer en Canarias fue un mero accidente para
muchos de estos individuos. Nuestra tierra no ha significado nada en su
formación y en sus éxitos.
Ser canario se ha convertido simplemente en un capricho geográfico, sin una
cultura exportable, una ciencia, una industria, una meta, un mensaje que
ofertar a la comunidad internacional.
Si no se ponen soluciones urgentes y se elabora un plan que haga de cada
ciudadano agentes transformadores de la sociedad para su progreso social,
cultural, científico y económico para los próximos veinte años, en el año 2030
dejaremos de existir sin que haya sido necesaria una erupción violenta del
Teide. Para que cada uno de nosotros pueda tener éxito, debemos asumir un nuevo
espíritu de comunidad basado en la solidaridad y en la responsabilidad de
trabajar para nuestros conciudadanos y para nuestra
Canarias como una sola tierra. Buen día y hasta luego.
* Publicado en La Provincia, 28-02-2010