Cristóbal González Concepción
En primer lugar este
título está basado en un comentario hecho por el compañero Pedro González
acerca de que nos venía un invierno calentito[1], al cual
contesto con afecto, que si esto no fuera así lo tenemos que calentar nosotros,
los canarios no podemos permanecer quietos ante la avalancha de datos a cual
más terrorífico para el devenir económico y social de Canarias.
Nosotros los canarios no
debemos pasar ni una más, cada uno en su ámbito de trabajo, residencia o en las
instituciones donde recibimos los servicios a que por derecho nos corresponden,
estamos obligados a protestar ante los
despropósitos e injusticias que vemos día tras día, alzando la voz si es preciso, asumiendo las
consecuencias y represalias, dado que no solo nos estamos jugando nuestro
propio futuro sino el de nuestros hijos y el de nuestra nación, porque, ante
todo, el futuro se decide cambiando el presente.
El tiempo de la
moderación se agotó, el pueblo nos pide contundencia y resultados, estos
vendrán en función del grado de sacrificio al que estemos dispuestos a llegar.
La calle debe convertirse en el termómetro de esta sociedad y está que arde,
por lo tanto, debemos ser el fósforo que prenda en el descontento de los canarios
la llama de la rebeldía y de la movilización que nos lleve a una conciencia
nacional canaria como única forma de afrontar ese futuro al que todos los
canarios tenemos derecho.
Los canarios deben saber
que los verdaderos defensores de Canarias no son esos personajes trajeados, con
grandes coches, que salen continuamente en los medios de comunicación soltando
unas retahílas, previamente dictadas, para anestesiarnos y así renunciar a
nuestros derechos.
Los verdaderos patriotas
o matriotas canarios son aquellos que están a su lado,
compartiendo penurias y grandezas, somos el frutero; el kiosquero,
el barrendero, el farmacéutico, el estudiante, el obrero, el camarero, en definitiva
somos gente corriente con ganas de cambiar una sociedad como la canaria con múltiples carencias y miserias,
debido a que vive en un mundo de mentiras y medias verdades, con miedo a pedir
y luchar por lo que es suyo, no se trata de pedir privilegios sino exigir unos
derechos ganados a pulso por generaciones anteriores.
Este invierno tenemos la
obligación de levantar nuestros traseros de nuestras cómodas poltronas
teorizantes y abrir las ventanas de nuestros endogámicos compartimentos, en los
que nos creemos pequeños menceyes dueños de una
verdad absoluta que no existe, para dejar entrar los gritos sordos de un pueblo
cansado de mesias perdona patrias, llenos de promesas
vacías, llegados de tierras lejanas que nada tienen que ver con nosotros;
también de políticos cercanos ladrones mentirosos que le chupan la vida hasta
extremos insoportables, y con paso firme bajar a la calle, pasar a la acción y provocar la reacción de
los que se sienten seguros de mantener su mordida, esos que fomentan un
colonialismo interior, para que el pueblo canario vea su verdadero rostro de
odio y destrucción a todo lo que significa libertad e identidad canaria. Solo
debemos parar cuando el pueblo de por cumplidos los objetivos encomendados.
Todo esto puede parecer
radical en estos tiempos donde se premia la moderación, pero lo radical es que
uno de cada tres canarios no tenga trabajo, lo radical es que con las cantidad
de capitales que se genera en esta nación tenemos a más de cuatrocientos mil
canarios bajo el umbral de la pobreza, ante tal realidad radical, solo son
efectivas soluciones radicales.
Dejémonos de política de
salón, ayudemos al pueblo a presionar y expulsar a esos individuos que no
representan la forma de sentir de este pueblo, de sus onerosos escaños
costeados con el sudor de todos los canarios, acabemos con los que promueven
leyes que extienden el virus de la corrupción por todos los rincones de nuestra
hermosa nación.
Hagamos de la calle
nuestro parlamento para transformar esta sociedad en una fortaleza desde donde
se rechace todos los intentos de frenar el ansia de este pueblo de escribir su
propio futuro, y a su vez sea permeable a todos aquellas gentes que vengan a
aportar luz y conocimientos a estas pequeñas siete estrellas, que juntas deben
de servir de referente a los pueblos del mundo que como nosotros luchamos
pacíficamente por nuestra libertad.
[1]Otoño
cálido, invierno caliente