Cambio climático y trabajo decente

 

Justo Fernández Rodríguez

 

Desoyendo las ridículas manifestaciones de Rajoy sobre la opinión de su primo sevillano, que proclamaba la inexistencia de una seria amenaza para toda la humanidad como consecuencia del cambio climático y las estupideces negacionistas de Aznar y los reaccionarios que se refugian en FAES, los amenazadores cambios que se están produciendo por el calentamiento global del planeta son culpa exclusiva de la actuación del hombre, por el aumento de los gases de efecto invernadero y aerosoles desde la época industrial. El crecimiento progresivo del nivel del mar; el desplazamiento de plantas, insectos, pájaros y peces hacia zonas más altas para eludir el aumento de la temperatura; la disminución de la capa de nieve y los hielos polares, observada desde los años sesenta y la reducción de los días de frío y las heladas en casi todo el planeta, durante el siglo XX y lo que va del XXI, son datos indiscutibles, por mucho interés que exista en proteger los intereses de determinadas multinacionales.


Mayor seriedad y decencia tiene el secretario de la ONU, Ban Ki-moon, advirtiendo que “el Ártico se está calentando más rápido que cualquier otro lugar de la Tierra”, y  “podría quedarse sin hielo para 2030. El Ártico, en lugar de reflejar el calor, lo está absorbiendo, mientras el hielo disminuye. Esto acelerará el calentamiento global”. Ban ha advertido que el incremento del deshielo en Groenlandia amenaza con elevar el nivel del mar y alterar la corriente del Golfo, que es la que lleva el calor a Europa,  “estamos pisando el acelerador y nos estamos dirigiendo al abismo”, añade, mientras exige a los gobiernos buena voluntad para lograr un acuerdo en la conferencia internacional prevista para diciembre en Copenhague.


A tan solo tres meses de esta cumbre climática, la Confederación Sindical Internacional (CSI), a la que pertenecen UGT y CC.OO., ha lanzado una campaña dirigida a asegurar la consolidación de un ambicioso plan en materia de cambio climático, que ha bautizado como de Transición Justa: “La CSI y sus miembros creen que abordar el cambio climático mundial es un aspecto crítico para los intereses económicos, sociales y medioambientales de todos los pueblos del mundo y que las medidas de mitigación deben ser compartidas y distribuidas de manera justa entre y dentro de los países. La comunidad internacional ha de entender que una transición justa hacia una economía, con bajas emisiones de carbono es posible y puede convertir la acción climática en un impulsor del crecimiento económico sostenible y el progreso social. Tenemos que transformar la economía y, por lo tanto, exigimos un proceso justo enfocado a transformar cada uno de los sectores económicos en un sector sostenible”. El movimiento sindical internacional deberá intensificar sus esfuerzos para lograr un resultado ambicioso en Copenhague, presionando a los gobiernos para que añadan referencias específicas a la necesidad de consultar a los sindicatos para promover el desarrollo de capacidades, la protección social y las políticas de diversificación económica, abordando la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para conseguir que el incremento de la temperatura mundial se mantenga y proporcionen financiación para ayudar a la adaptación de los países en desarrollo.  El sindicalismo deberá intensificar su lucha por lograr un viraje hacia una sociedad más sostenible y una “economía verde”.


Pero para esa lucha se necesita un apoyo, lo más amplio posible, que incluya fuerzas políticas progresistas, que defiendan el medio ambiente, sin supeditar su acción política  a los intereses empresariales e industriales, que solo buscan el beneficio rápido, sin importarles los perjuicios generados a la humanidad. Tampoco se puede consentir que gobiernos u organizaciones de países,  para luchar contra las consecuencias del cambio climático, intenten desviar el dinero, ya comprometido, en educación y salud, en los países pobres.


Los líderes de las mayores economías del mundo se reunirán en la Cumbre del G-20, en Pittsburg, el próximo 25 de septiembre, con estimaciones de que la crisis mundial habrá costado 59 millones de puestos de trabajo para finales de este año y predicciones de que el desempleo, en los países de la OCDE podría alcanzar el 10% en 2010 y aumentar en 2011. 50 líderes sindicales de todos los continentes mantendrán en la Cumbre de Pittsburg reuniones con jefes de Gobierno e instituciones mundiales para exigir una acción más fuerte y más coordinada.


El G-20 celebrará su reunión unos días después que la Organización de Naciones Unidas (ONU) haya alertado de que, este año, habrá 1.000 millones de hambrientos en el mundo, cuando la ayuda alimentaria mundial está en su nivel más bajo de los  últimos 20 años. La reunión de Pittsburg deberá poner de relieve la naturaleza corrosiva de las primas del sector financiero. En EE.UU., los nueve mayores bancos, que recibieron un total de 175.000 millones de dólares en ayudas financiadas por los contribuyentes, pagaron un total de 32.600 millones de dólares en primas, principalmente, a altos ejecutivos. El movimiento sindical internacional tendrá que presionar, con la fuerza de los trabajadores que representa, para que se apliquen medidas que garanticen el respeto global de los derechos fundamentales en el trabajo,  lograr un crecimiento sostenible, reformas financieras eficaces, desarrollo y justicia social. De la participación de los trabajadores dependerá que los gobiernos olviden su  clara tendencia  a volver a las políticas de libre mercado, no regulado, que nos condujeron a la actual situación.


A menos de cuatro semanas del Día Mundial del Trabajo Decente, a celebrar el próximo 7 de octubre, la Confederación Sindical Internacional ha distribuido un informe, titulado “Poner el mundo a trabajar”, con el fin de fomentar la participación en la movilización sindical mundial convocada, para abordar la crisis económica, el empleo global y una reforma fundamental de la economía mundial.