El
46.4 por ciento de personas mayores de 60 años con problemas de obesidad,
debida sobre todo a la mala alimentación por falta de recursos, a la que se
asocian las enfermedades crónicas (diabetes, colesterolemia, trigliceridemia,
hipertensión, problemas cardiovasculares y cerebrovasculares, cáncer, etc.).
El
deterioro y la desertización de nuestra naturaleza, con obras diseñadas para
el enriquecimiento personal de algunos que confunden nacionalismo con
personalismo, pues una cualidad primordial del nacionalismo es el amor a lo
propio, no a la destrucción
del territorio.
El
escandaloso fracaso escolar, el vergonzoso cero coma sesenta y cuatro (0.64) por
ciento de inversión en Investigación
y Desarrollo en el año 2007 (cuando aún la crisis no había mostrado el
rigor actual), según el último informe publicado por el Instituto Nacional de
Estadística (INE) en esta año 2009 (recuerden la famosa frase del denominado
presidente “¡más talento y menos cemento!”), las interminables
listas de espera sanitarias, la privatización de servicios públicos, la
disminución anual de la actividad
comercial del menos (-) 12.2 por ciento en 2009, la carestía de los
alimentos y la energía, etc., etc., etc. son las lacerantes pruebas de nuestra
realidad y no precisamente monárquica.