Canarias y
Juan Manuel
García Ramos
Hace ya algunos años que combato
pacíficamente algunas tesis que ven a Canarias formando parte de
No es que no crea en una integración política, económica, social y cultural de
los países africanos, todo lo contrario, pero es que no me figuro a Canarias en
ese tipo de organización ahora presidida nada más y nada menos que por el
caudillo libio Muammar el Gaddafi, que accedió al poder tras un golpe de Estado
militar hace treinta y nueve años y tiene prohibidos los partidos políticos en
su régimen autárquico.
Tras ser elegido presidente de
Gaddafi está empeñado en conseguir un gobierno de unión de todos los
territorios africanos con políticas comunes de Defensa, Asuntos Exteriores,
Moneda y hasta de Pasaporte, algo que podría parecer lógico si no fuera porque
estamos hablando del África actual, donde las guerras civiles desgarran a
muchos de sus pueblos desde hace décadas y donde cualquier clase de integración
política más parece un sueño que algo mínimamente realizable. Sobre todo si esa
integración política la va a dirigir alguien como el actual presidente de
Y es aquí donde vuelvo a hacerme las preguntas que ya me he hecho con
anterioridad. ¿De verdad Canarias es un archipiélago africano? ¿Por qué? ¿Por
nuestra cercanía a África?
Más cerca está
Una definición convencional nos dice que la geografía estudia la superficie
terrestre considerada como residencia del hombre; o las relaciones entre el
medio natural y el hombre. Si los canarios somos rigurosos con lo que
"medio natural" significa, no nos cuadra que un Archipiélago como el
nuestro pueda asimilarse al medio natural continental africano. Ni 1) por origen
geológico: nuestro vulcanismo tan determinante; ni 2) por el escenario
natural: nuestra oceanidad, más decisiva todavía
en cuanto a nuestra relación con otros pueblos y a nuestro sistema económico
abierto al Atlántico; ni 3) por la índole poblacional: unas poblaciones
estables en el continente, una población fusionada en Canarias: bereberes,
normandos, andaluces, castellanos, vascos, lusos, italianos, flamencos,
ingleses, holandeses, malteses...; ni 4) por la curiosidad cultural: tribalismo continental -como tanto insiste el mismo
Gaddafi- frente a porosidad a otras culturas por parte de nuestras islas; ni 5)
por credos religiosos: cristianismo o poscristianismo
nuestro frente a la generalizada civilización islámica de nuestros vecinos.
No nos engañemos, Canarias ha potenciado su personalidad social, cultural,
económica y política en su proyección atlántica y no en el ombliguismo
de los orígenes de sus primeros pobladores. Otros, sin embargo, siguen
insistiendo en convertirnos en un estado africano más, en desvincularnos de las
estructuras políticas y económicas europeas, en tercermundializarnos,
en obligarnos a dar un salto temerario en el vacío, con desprecio inocultable
por el bienestar y el futuro de nuestro pueblo, primer objetivo de todo
nacionalista que se precie.
Después de muchos años de esfuerzos intelectuales y políticos, hay que
fortalecer el nacionalismo canario de base social y huir de utopías
incomprensibles para nuestros compatriotas menos informados. Hablarles a
nuestros jóvenes, a nuestros campesinos, a nuestros industriales, a nuestros
empresarios y trabajadores en general de abandonar
Este pueblo debe prepararse no para involucionar y africanizarse, sino para
evolucionar y universalizarse, sin que ello quiera decir, repetimos, que
abjuremos de los orígenes norteafricanos de nuestros antepasados insulares ni
que renunciemos a unas buenas relaciones de vecindad con los pueblos del
entorno. El horizonte que más le conviene a
Como dije antes, cada pueblo decide las instituciones por las que quiere regir
su propia convivencia y su relación con otros pueblos. Estamos integrados en
Europa, pese a que no lo estemos de la manera que nuestra personalidad
política, económica, social, cultural y geoestratégica nos posibilitaría y
exigiría, si tenemos en cuenta la conformación de esta última Unión Europea de
veintisiete miembros. Pero ése es un trabajo que nos espera. Antes de la
tribal, protoislámica y seudodemocrática
Unión Africana del coronel Gaddafi, sigo apostando por