Candelaria y los montes
Wladimiro
Rodríguez Brito
En el artículo de la
pasada semana[1] aconsejábamos
un nivel de prudencia ante el verano que tenemos y la presencia de peregrinos
por los montes de la Isla. Hoy podemos analizar y comentar la respuesta
colectiva de nuestros vecinos ante una fecha tan señalada como la festividad de
la Patrona de Canarias.
En primer lugar, se
produjo una ola de calor el miércoles 11 y el jueves 12, que fue posiblemente
lo que frenó la ida de los peregrinos a Candelaria el jueves por la noche. Sin
embargo, el viernes y el sábado, el comportamiento de nuestra gente fue similar
o posiblemente más intenso que el de otros años en dicha fecha. Esto debe
hacernos reflexionar en voz alta en la comunicación o la no comunicación que
tenemos con nuestros vecinos, con la posible devaluación de nuestro lenguaje y,
lo que es más preocupante, los problemas de seguridad para las personas que se
produjeron el pasado fin de semana.
Tanto en el territorio
entre Las Lagunetas e Igueste
de Candelaria, como en la bajada de Las Crucitas a Arafo,
hubo momentos en la noche en los que en dichos caminos se encontraron más de
1.000 personas en un espacio inaccesible para vehículos ante cualquier
accidente y en un territorio cargado de combustible, y en el que aunque
quisiéramos, no había manera de socorrer a nuestros peregrinos. En el caso de Igueste y Las Lagunetas no hay
acceso rodado en todo el territorio, mientras que en la caldera de Pedro Gil,
el acceso rodado es parcial en parte de la misma, a lo que hay que añadir que
durante la noche no pueden actuar los helicópteros. En consecuencia, nos
encontramos con una población en su mayoría joven, con pocos conocimientos del
entorno, en un territorio muy complicado para defendernos ante un posible
conato.
Esperábamos que dado
las temperaturas de los días 11, 12 y 13 de agosto, los peregrinos fueran más
prudentes en los recorridos del día 14. Todo lo contrario de lo que sucedió en
realidad, ya que en la noche del sábado 14 bajaron verdaderas riadas humanas.
Además, encontramos numerosos peregrinos en las proximidades de un conato que
todavía no estaba extinguido (Cruz del Villero-Cueva Labrada) y nos miraban con
cara de pocos amigos porque habíamos pedido que no se metieran por los montes y
fueran por las carreteras, donde sí podíamos auxiliarlos en caso de un incendio
Así, tuvimos que distraer a nuestra gente para el cuidado de los peregrinos y,
en consecuencia, tuvimos que pedir ayuda a la Unidad Militar de Emergencia
(UME) ante el elevado número de peregrinos que tuvimos en las cumbres de la
Isla. Por si fuera todo esto poco, tuvimos la lluvia de estrellas y la visita
de numerosos amantes de las Perseidas a nuestros montes, lo que nos obligó a
tener varias brigadas de Medio Ambiente retirando toneladas de residuos de las
cumbres de la Isla. Nunca prohibimos, siempre aconsejamos y, en consecuencia,
estas líneas quieren sembrar otra manera de pensar y actuar para los próximos
años.
Es en este espacio
donde estas letras quieren sembrar compromiso para los próximos años, pues
creemos que los peligros por Candelaria no están en que se nos quemen unos
pinos, sino en el riesgo para las personas. Los montes y la naturaleza serán lo
que nuestro pueblo quiera que sea. No puede ser una respuesta de unos
cuidadores sirvientes de una población poco cívica para atender a sus caprichos.
Por ello espero que estas líneas no se tengan que repetir para denunciar el
comportamiento poco adecuado para el medio ambiente de esta Isla. El compromiso
de los peregrinos con la Patrona de Canarias también debe de serlo con la
naturaleza y el medio ambiente.
[1]Por Candelaria, que no pase
nada