Si no es carne, es pescado
José
A. Infante Burgos
Decimos con razón que no hay tanto que temer o
que perder si nos planteamos tomar las riendas de nuestra propia economía. Las
posibilidades que tendríamos serían bastantes. Como el pan de Los Compadres en
su anuncio "bastante bueno", el mundo actual está montado en base a
una serie de parámetros en los que nuestro entorno, nuestra naturaleza y
nuestra posición estratégica tienen ya de por sí valores importantes que
podrían mantenernos. Lo fundamental es una población, moderna y bastante
preparada. Lo fundamental es un territorio ahora mermado y que con sus aguas o
espacios territoriales podría constituir una ficha de incalculable valor y
crecimiento futurible. Visto desde un punto de vista estrictamente económico,
hay demasiadas variables no determinadas como para decantarse en un análisis
riguroso, pero en mi opinión no es ninguna locura y mucho menos un disparate.
Es más, si lo planteamos desde un punto de vista de bienestar a medio plazo,
saldríamos ganando, porque, al contrario, no significaría aislarnos en la
autarquía y comer solamente chorizo de Mazo, sino añadir o sumar encajes en una
ropa a medida que, no como ahora, propicia que llevemos el traje de una persona
mayor.
Por lo menos los
horizontes serían muchísimo más ambiciosos, llenos de retos y opciones a cual
más esperanzadores, nada que ver con el rincón extraviado o motel de temporada.
Consciente o inconscientemente están orientados a limitar el camino de las
razones justas que, por ejemplo, con la existencia de un Sahara constituido en
Estado independiente hubieran abierto mella en la percepción de una sociedad
que empieza a tener la suficiente densidad intelectual como para plantearse y
replantearse la comida rápida, quiero decir capaz de analizar que los pros y
los contras casi son al revés de lo que nos venden.
Sobre todo no se vayan
a creer el discurso de que nos regalan el oro y el moro, no tenemos ni un
mínimo de industria y lo compramos todo al exterior, ¡todo!; no tenemos sector
pesquero, cosa inaudita para cualquier mente humana; se cargaron la agricultura
de medianía, la ganadería, el sector de las flores y plantas; y ahora negocian
con los competidores de plátano y tomate, por ejemplo, para, dándoles mayores
facilidades en los sectores primarios, conseguir que acepten ventajas para las
multinacionales radicadas en sus centros.
¡No!, por lo menos
andamos ahí ras con ras con lo que ganamos y con lo que perdemos, que por
cierto es muchísimo. Abiertos de patas hasta ahora, siempre hay que manejar
supuestos que pueden no compartirse entre las dos partes de cualquier
planteamiento, y siendo así es por lo que tenemos que creernos como mínimo un
concepto superior a la doctrina política que se profese: es prioritario el
interés (solidario pero no idiota) de Canarias para asumir un discurso "de
parte" que es totalmente defendible, tanto como la verdad. Ahora mismito
estoy convencido de que cualquier equipo de profesionales honestos del signo
que fuera en el nombre de estas islas negociaría lo que se da y lo que se
recibe manejando números de forma integral y pondría en evidencia un
desequilibrio a favor de ese norte que siempre ha hecho lo mismo, no es nuevo.
Lo que importa es el
futuro a corto plazo, vale, pues si eso es así lo tenemos crudo tal y como está
el paño. Si lo que importara por un casual fuera el largo plazo, yo por lo
menos lo tendría diáfano. La cuestión es que o se realizan reformas importantes
en el REF, con su RIC y con su ZEC, o se deja de arruinar al sector primario, o
se deja de arrinconarnos dándonos alguna vidilla o nos facilitan unas vías de
conexión privilegiada para canalizar hacia la costa occidental de Africa y oriental de América, o nos hacen un poco dueños o
participes de las pirámides instaladas... ¿O? A freir
chuchanga, colega, que también se supone que en teoría pertenecemos a un club
de ricos en el que estamos cansados de servir los refrescos y en el que tenemos
los sueldos más bajos, los mayores niveles de pobreza, los mayores niveles de
paro, los índices de mayor destrucción de empresas, los registros de mayor
economía sumergida, la mayor morosidad, niveles no comparables de
infraestructuras y un largo etcétera que aumentando cada día, si se suma, nos
tiene que hacer reflexionar muy mucho.
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Publicado en el periódico El Día, 14-08-2010