Carta abierta al primer ministro español

 

Ramón Moreno Castilla

 

Hago un breve paréntesis en la secuencia expositiva de mi artículo anterior, "Test de Supervivencia"[1], para enfrascarme de lleno en la redacción de esta misiva "to open" al presidente del Gobierno español, de visita en la colonia, que ha fijado su estancia veraniega en Lanzarote, en la residencia colonial La Mareta, con el despliegue de toda índole, propio del caso. Esta es, pues, la epístola de un nacionalista canario ortodoxo a un nacionalista español fundamentalista.

Sr. Rodríguez Zapatero:

En primer lugar, quiero expresarle mi más enérgica y rotunda repulsa por su viaje a Canarias, mi Patria colonizada; aunque le agradezco el gesto (¿solidario, o de cara a la galería?) de haberse llegado hasta la isla de La Palma, en la que mis compatriotas palmeros se han visto gravemente afectados por el voraz incendio que todos los canarios lamentamos profundamente.

Así que, señor presidente, como obras son amores y no buenas razones, me veo en el patriótico deber de puntualizarle algunas cuestiones que usted, seguramente aturdido por los agobiantes asuntos de Estado, no está contemplando como debiera. Y una de esas cuestiones -la prioritaria- es la inaplazable independencia de Canarias que, no le quepa la menor duda, se producirá inexorablemente; aunque aquí sabemos que, con anterioridad a ese anhelado e histórico día, nos esperan tiempos aciagos y difíciles, en los que una España histérica hará lo imposible ("constitucionalmente" o no) para conservar, del modo que sea, lo único que le queda ya del imperio más abajo de las "Columnas de Hércules".

Pero no se lleve a engaño, ni se haga falsas ilusiones, señor primer ministro. Aunque su Gobierno se desentienda del tema y haga caso omiso al mandato expreso de la ONU de que en el año 2010 debe finalizar la colonización en todo el mundo -¡Canarias incluida!-, el derecho inalienable del pueblo canario a ser libre y soberano para construir su propio futuro ¡no prescribe jamás! Como también son imprescriptibles los horribles crímenes cometidos por sus antepasados, los vándalos mercenarios que, en nombre de la España subsidiaria, conquistaron estas Islas a sangre y fuego sometiendo a sus pacíficos moradores y generaciones sucesivas a un implacable y progresivo proceso de colonización que perdura hoy en día. ¡Y eso tiene que quedarle meridianamente claro, señor presidente del Gobierno español!

Por tanto, si usted piensa remotamente que la Presidencia española de turno de la UE, en el primer semestre del próximo año, será la panacea para seguir manteniendo por los siglos de los siglos la anacrónica "soberanía política" que todavía ejerce España sobre Canarias, se equivoca absolutamente. Ni siquiera un calculado y meticuloso "silencio administrativo" -otra maniobra dilatoria de las suyas-, hasta rebasar la fecha fatídica, va a revertir la incontestable situación colonial del Archipiélago canario. ¡Por muchos consejos de ministros, comisiones europeas, reuniones de las RUP y demás parafernalia propagandística que se celebren en esta tierra!

No se sostiene, ni política ni jurídicamente, con el Derecho Internacional en la mano, que España considere que Gibraltar es una colonia y se oponga a su exclusión del Plan Descolonizador de Naciones Unidas y, sin embargo, siga negando cínicamente la evidencia colonial de Canarias: un "territorio nacional" en el continente africano, que la legalidad internacional ya no ampara en pleno siglo XXI. Lo que constituye, señor presidente, una monumental contradicción, que tuvo el máximo exponente en la rocambolesca reciente visita a La Roca de su ministro de Asuntos Exteriores, el inoperante señor Moratinos, y en la cual ni siquiera se abordó la tan cacareada soberanía española.

Pero el grado sumo de paroxismo español se refleja en el Instrumento de Ratificación de la Tercera Conferencia del Mar, refrendada en Montego Bay (Jamaica), el 10 de diciembre de 1982, que el Plenipotenciario de España firmó en Nueva York el 4 de diciembre de 1984, y cuyo epígrafe 2 le transcribo literalmente, para que repare en los continuos despropósitos de la nefasta política exterior española:

"España, en el momento de proceder a la ratificación, declara que este acto no puede ser interpretado como reconocimiento de cualesquiera derechos o situaciones relativas a los espacios marítimos de Gibraltar, que no estén contemplados en el artículo 10 del Tratado de Utrecht, de 13 de julio de 1713, suscrito por las Coronas de España y Gran Bretaña. España considera, asimismo, que la Resolución III de la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar no es aplicable a la Colonia de Gibraltar, la cual está sometida a un proceso de descolonización en el que le son aplicables exclusivamente las resoluciones pertinentes adoptadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas".

O sea, señor presidente, que España se imposibilitaba "sine die" la delimitación de las aguas del Estrecho de Gibraltar, y ahora pretende recuperar el Peñón en 2010; pero manteniendo los enclaves de Ceuta y Melilla, en territorio marroquí, y el Archipiélago canario, a 2.000 Km. de distancia. Un vano intento de su país por controlar ese estratégico hinterland; a pesar del eje defensivo Baleares-Estrecho-Canarias, seriamente cuestionado y en cuyo esquema táctico el "enemigo" les llega del Sur.

En este contexto, resulta verdaderamente patético, rayano en lo esperpéntico, que usted, señor Rodríguez Zapatero, haya afirmado en el Senado español, contestando a una pregunta parlamentaria del indocumentado senador de CC, adscrito al Grupo Mixto, don Alfredo Belda, que su Gobierno va a ampliar la plataforma continental al Oeste de Canarias, para que "España tenga todos los derechos de soberanía a los efectos de exploración y explotación de sus recursos naturales". ¿Hablaba usted en serio, señor Rodríguez Zapatero? Porque de ser así, demuestra usted tener una ignorancia supina en materia de Derecho Marítimo -rama del Derecho Internacional Público-, que me produce una bochornosa vergüenza ajena y una incontenible indignación. Le voy a ilustrar al respecto:

Si esa prevista ampliación, a todas luces ilegal, de una supuesta plataforma continental española en Canarias, fuera posible, ¡que no lo es!, estaríamos ante un execrable acto de piratería; lo que, por otra parte, es una constante del "modus operandi" de España, a lo largo y ancho de su tenebrosa y depredadora historia colonial. Otro "brindis al Sol" más, y la enésima "declaración de intenciones" respecto a Canarias de los sucesivos gobernantes españoles, y de usted mismo, presos aún del "síndrome del 98".

Por lo que se ve, señor presidente, actúa usted como si estuviéramos en 1493, cuando España y Portugal se repartían la "mar océana" al Sur y Oeste del Estrecho de Gibraltar. Sepa que, precisamente, la Tercera Conferencia del Mar instituyó un nuevo orden marítimo internacional, que daba fin a la hegemonía de las potencias marítimas, legislando una novedosa "Constitución de los Océanos" para todos los países de la tierra: con litoral o sin él, ricos y pobres, desarrollados o en vías de desarrollo; que consta de 320 artículos divididos en 17 partes principales y 9 anexos técnicos, ¡que España conculca flagrantemente!

Supongo, señor Rodríguez Zapatero, que al menos sí estará usted enterado de que el Archipiélago canario permanece desde el año 1981 dentro de la Zona Económica Exclusiva de Marruecos, con todo lo que ello implica. ¿Por qué no reconoce usted abiertamente que su Gobierno (¡ni ninguno!) puede sacarnos de la misma y posibilita nuestra salida? Claro que eso nos conduciría, indefectiblemente, a que Canarias se constituyera en un Estado archipelágico; y España nos transfiriera, no competencias autonómicas, sino los poderes del nuevo Estado. Tenga también presente, señor Rodríguez Zapatero, que Canarias está fuera o, mejor dicho, no está dentro, porque está lejos, de la virtual ZEE española, pese a la promulgación (BOE 46 de 23 de febrero de 1978) de la fantasmagórica Ley 15/78 de 20 de febrero, ¡que no está desarrollada y, por lo tanto, no existe jurídicamente! Y esto es así, señor primer ministro, porque su país no ha enviado todavía -que se sepa- al secretario general de la ONU (que las hará públicas) las cartas marinas y coordenadas geográficas con el "datum" geodésico de sus pretendidas Zona Económica Exclusiva y Plataforma Continental; como se determina, respectivamente, en la Parte V, artículo 75.1.2; y en la Parte VI, artículo 76.9 del vigente Estatuto Jurídico del Mar, emanado de la Tercera Conferencia. ¿Lo sabía usted?

Además, si la Plataforma Continental del Estado ribereño -en este caso España- es la prolongación submarina de su costa, y el límite exterior de la misma abarca 200 millas náuticas, contadas a partir de las líneas de base rectas desde donde se mide la anchura del Mar Territorial; y la inmensa columna de agua suprayacente en la Zona Económica Exclusiva, de igual dimensión, para hacerla coincidir con las 200 millas de ésta que establecía el Artículo 1 de la Conferencia de Ginebra de 1958, ¿a qué espacios marítimos "españoles" se refiere usted, señor Rodríguez Zapatero?

¿Es que España contempla acaso -en claro desacato del Convenio del Mar en vigor- tener extensiones extras de la Plataforma Continental y Zona Económica Exclusiva que le corresponden, en función de su situación geográfica y de la configuración geomorfológica de sus propias costas cantábrica y mediterránea, en otro continente y en otro océano? ¡La inequívoca e incuestionable extraterritorialidad de Canarias es el factor determinante, señor Rodríguez Zapatero! ¡Téngalo muy en cuenta!

Aclararle, por último, que España, como Estado Parte, firmó la Convención de Jamaica el 29 de julio de 1994, depositando el Instrumento de Ratificación, ya citado, el 15 de enero de 1996, e incorporándose al Ordenamiento Jurídico español mediante el BOE 19 de 14 de febrero de 1997; con lo que, por imperativo legal (¿le suena de algo?), quedaba derogada la anterior legislación española sobre la materia. ¡Aspecto importantísimo que usted no debería pasar por alto y que le exige una profunda y serena reflexión!

Y esto es todo, señor Rodríguez Zapatero. ¡Usted sabrá lo que hace! Por elemental cortesía, en esta ocasión extraparlamentaria, le deseo un pronto y reconfortante regreso a la metrópoli.

PD. Por cierto, y a título anecdótico, le informo que yo también soy del Barça; aunque sigo constatando que Cataluña nos coloniza, igualmente, pero aparte.

rmorenocastilla@hotmail.com

[1]Test de supervivencia