La catedral y la tumba de Fernández de Lugo
Antonio
Cubillo Ferreira *
Ahora
que se está hablando tanto de la memoria histórica, de los nombres de calles
que hay que quitar, de los monumentos a hacer desaparecer, de los que hay que
reconstruir, como el Obispado de
La Laguna, que hace años se incendió, de las cúpulas de la catedral de Laguna en
Tenerife y de otros muchos nombres y recuerdos que molestan a los canarios y sus
descendientes, hay que ponerse a la obra y ver de limpiar nombres, como que en
muchas ciudades canarias sigan aún nombres de asesinos conquistadores españoles
como Pedro de Vera (cuyos descendientes son los Cabeza de Vaca) o Alonso Fernández
de Lugo.
Estos dos personajes
del siglo XV vinieron desde
la España
medieval a conquistar un pueblo pacífico en las costas africanas, enviados por
sus reyes y con patente de corso para arrancar a los habitantes de estas islas y
venderlos como esclavos para pagar las deudas y los gastos de la escandalosa
conquista. Con la disculpa de que venían a cristianizar a este pueblo africano,
bautizaban a muchos de los bandos de paz y después los vendían como esclavos
en los mercados de esclavos de Sevilla o Valencia. No se puede permitir que la
ciudad de
La Laguna,
la Aguere
de los guanches, se siga llamando en radios y TV la ciudad de los adelantados;
como a la isla de
La Gomera
se la llame ahora la isla colombina, por el simple hecho de que aquel marino
genovés llamado Colón pasó por allí para encontrarse con su antigua querida,
la Bobadilla, que compartió lecho con el rey Fernando, el cual le ayudó en su viaje al
otro lado del Atlántico para abrir una nueva ruta de navegación, y no para
descubrir un continente, como se ha inventado. Como Colón no encontró oro en
la Española, el almirante y sus hermanos embarcaron para los mercados españoles unos 2.000
indios como esclavos, aparte de los que mandó matar en la isla, siendo esto la
causa de que, en septiembre de 1500, fuera preso y arrestado por el pesquisidor
enviado por los reyes de España, Francisco de Bobadilla, quien lo trajo
encadenado a España, junto con sus dos hermanos, Diego y Bartolomé (Revista
Historia nº. 63. National Geographic).
Pero ahora que tantos
nombres se están quitando con eso de la memoria histórica, debemos centrarnos
también en los que más daño hicieron a Canarias. En esta isla tienen que
desaparecer el nombre y los recuerdos de aquel bandolero de Alonso Fernández de
Lugo, cuyos restos se encuentran tras el altar mayor de la catedral de
La Laguna
, con su lápida y todo. En
La Laguna, de pequeños, cuando íbamos a dicho templo, siempre recitábamos aquel famoso
verso que decía: "Aquí yace según dice, / Seño Juan el campanero / los
restos del bandolero, / que conquistó Tenerife".
Yo nunca he comprendido
cómo es que se conservan allí los restos de tal personaje ni tampoco he
comprendido cómo se siguen conservando en una capilla a la entrada de mi ciudad
los restos del traidor Fernando Guanarteme, que vino con su gente de Canaria a
ayudar a Fernández de Lugo en la batalla de
La Laguna
, en 1496, donde murió en combate el gran Quebehi Imoha Benkomo, el padre de
la Patria, gracias a la ayuda que le prestó este traidor.
Ahora que se está
reformando la catedral lagunera, donde ya han llegado sólo los fondos para las
bóvedas nuevas, no se puede permitir que se terminen las obras y siga allí esa
infamante tumba del bandolero que conquistó Tenerife. Por cierto, en 1975, un
comando del MPAIAC, que enviamos especialmente, pasó una noche completa dentro
de la catedral llenando de pinturas las paredes con consignas por la
independencia y para que sacaran los restos de Fernández de Lugo de dicho
templo, cuya lápida fue pintada de negro. La catedral se cerró una semana para
reparar las pintadas, pero no se tomó en cuenta lo que decíamos y fue una lástima.
Es hora ya de que se saquen esos restos que avergüenzan a todos los canarios y
se los entreguen a los descendientes del citado bandolero, la familia de los Benítez
de Lugo y los marqueses de Celada, que hay muchos aquí, en la isla, y que los
entierren donde ellos quieran, en sus panteones o donde sea, pero que los saquen
de la catedral lagunera. Personalmente tengo mucho interés en esto; mi
tatarabuelo, Atanasio Nóbrega, de Las Palmas, al venir a Tenerife y casar el 21
de abril de 1840, con mi tatarabuela Severina González Rivero, de Tacoronte,
fue nombrado sochantre administrador de la nueva catedral, antigua iglesia de
Los Remedios, ya que Dña. Severina era sobrina del deán don Isidoro Rivero y
al mismo tiempo del deán Benkomo, de la familia del último Mencey, y no
pudieron hacer nada en aquel tiempo, porque los descendientes del citado
bandolero controlaban
la Inquisición
y sus tribunales. Todos los laguneros, tinerfeños y canarios patriotas e
independentistas de todas las islas estaríamos dispuestos a colaborar económicamente
con aportaciones dinerarias para la reconstrucción de la catedral de
La Laguna, a condición de que saquen de allí los restos del bandolero que conquistó
Tenerife. El Obispado debe tener en cuenta esta sugerencia y, por ahora, cuente
ya con 100 euros de mi parte, y hablé anoche con el cura Fernando Báez, de la
isla Canaria, buen patriota, y me dijo que se podrían recoger donaciones en las
iglesias de todas las islas para eso y que contaran con la suya y muchos curas
amigos patriotas, dándome permiso para decirlo. Fernández de Lugo, junto con
el también bandolero Pedro de Vera, hicieron innumerables crímenes en la isla
Canaria y su recuerdo aún persiste en toda la isla, así como en
La Gomera.
Ya va siendo hora de
limpiar y adecentar nuestra historia.
*
Presidente del CNC, brazo político del MPAIAC
Fotografía:
Monumento funerario en
la Catedral
de
La Laguna
donde están depositados los supuesto huesos de Alonso Fernandez de Lugo.
Publicado
en la contraportada de El Día, 19-09-2009
Fotomontaje