Tan cerca, tan lejos...

 

Ramón Moreno Castilla

 

«El muro de contención que supone para Canarias la política exterior española en el vecino continente» «Es una constante ‑ya lo fue‑ en los diferentes gobiernos centrales, desde la época de la UCD, mirar con lupa todo lo referente a Canarias y África. O para ser más exactos, entre Canarias y el continente africano; porque nos guste o no ‑la geografía es implacable‑, estamos donde estamos para lo bueno y para lo malo.» « Recuérdese que con Adolfo Suárez en el Gobierno y Martín Villa de ministro del Interior, Antonio Cubillo sufrió el atentado en Argel que casi acaba con su vida, como respuesta a que el Dossier Canarias podría debatirse en el Comité de Descolonización de la ONU. Asunto que sigue en las Naciones Unidas, pendiente, sin posibilidad de que la Presidencia española de turno del Consejo de Seguridad pueda traspapelar». «En todo caso, la realidad es que el Gobierno canario no tiene lamentablemente ni el peso específico ni los recursos suficientes para una acción exterior en condiciones»

 

Debo comenzar diciendo que siempre he defendido las relaciones de Canarias con los países cercanos, sobre todo con Marruecos; por tanto, creo que queda fuera de toda duda mi opinión al respecto y mi trabajo durante tantos años para consolidar las relaciones de amistad y cooperación con nuestros vecinos. Lo que ocurre es que los canarios siempre hemos tropezado con barreras infranqueables cuando se trata de proyectarnos hacia el continente africano y para rentabilizar la tan cacareada renta de situación del Archipiélago.

 

Este comentario viene a propósito de la entrevista mantenida por el nuevo presidente del Gobierno autónomo con el jefe del Estado en el marco protocolario establecido al efecto.

 

La petición del jefe del Ejecutivo canario al Rey, en su reciente audiencia en La Zarzuela, en el sentido de que el Monarca apoyase ‑dada su enorme relevancia y proyección internacional‑ el papel de Canarias en África como avanzadilla de la Unión Europea, es todo un referente a tener en cuenta de la orientación del nuevo Gabinete en materia de relaciones internacionales que el tiempo se encargará de evaluar y enjuiciar.

 

Porque así llevamos décadas. Mucha retórica, muchos proyectos y al final, nada de nada. La cuestión de fondo es la siguiente: ¿Qué producimos en Canarias que sea competitivo para exportar, a no ser algunos servicios? Una cosa es el deseo y otra la realidad. Una cosa es la determinación, e inclusive, la voluntad política de consolidar las relaciones con África, y otra muy distinta, el muro de contención que supone para Canarias la política exterior española en el vecino continente.

 

Una cosa es que Adán Martín haya nombrado a un tecnócrata ‑introduciendo la figura del Comisionado en el organigrama de su Gobierno‑, el herreño Javier Morales, para potenciar la acción exterior, y otra, que Canarias tenga transferidas competencias en política exterior, que, como es sabido, corresponden exclusivamente al Estado español a través del Ministerio de Asuntos Exteriores. ¿De qué estamos hablando, entonces? Es una constante ‑ya lo fue‑ en los diferentes gobiernos centrales, desde la época de la UCD, mirar con lupa todo lo referente a Canarias y África. O para ser más exactos, entre Canarias y el continente africano; porque nos guste o no ‑la geografía es implacable‑, estamos donde estamos para lo bueno y para lo malo.

 

Recuérdese que con Adolfo Suárez en el Gobierno y Martín Villa de ministro del Interior, Antonio Cubillo sufrió el atentado en Argel que casi acaba con su vida, como respuesta a que el Dossier Canarias podría debatirse en el Comité de Descolonización de la ONU. Asunto que sigue en las Naciones Unidas, pendiente, sin posibilidad de que la Presidencia española de turno del Consejo de Seguridad pueda traspapelar.

 

Desde que Cubillo con su MPAIAC lograra la cobertura diplomática de Argelia (con el apoyo del presidente Boumedian y el entonces ministro de Exteriores, Buteflika, hoy presidente argelino) para el reconocimiento de la OUA como Movimiento de Liberación Africano, la diplomacia española desplegó una gran actividad por todos los países africanos que apoyaban las tesis cubillistas. Fue tal el pánico que le entró al Gobierno de Suárez que hasta se llegó a solicitar el concurso de la Casa Real, y el extinto padre del Rey, S.A.R don Juan de Borbón, fue un embajador volante en países como Libia, cuyo jefe de Estado, Muamar El Gadafi defendía la "liberación de África".

 

A partir de ahí, y no antes, todo lo que huela a africanidad de Canarias no solo es mirado con lupa ‑repito‑, sino que, normalmente, no prospera. Se podrán hacer miles de discursos grandilocuentes, se podrán realizar infinidad de viajes de negocios, se podrá hacer todo lo inimaginable para potenciar las relaciones de amistad y cooperación con los países de la zona, pero como alguien vea el menor atisbo de africanidad de Canarias, todo se va al garete.

Y esto es así, pese a las estadísticas oficiales, los planes generales, el ICEX, Proexca y toda la parafernalia da comercio exterior. Relaciones con África, sí; pero...

 

Y no digamos nada de las relaciones con el Reino de Marruecos. El pasado día 11 se cumplió un año del famoso incidente de Perejil ‑que hoy es coto vedado‑, y que hizo que la mayoría del pueblo canario viera a Marruecos como su enemigo (así se lo indicaban la opinión publicada en los diferentes medios de comunicación españoles), hasta el extremo de que la asistencia institucional a la Fiesta del Trono fue nula. Este año, en el cuarto Aniversario de la Exaltación al Trono del rey Mohamed VI, que como siempre se celebrará en el hotel Santa Catalina de la capital grancanaria, no cabrá un alma.

 

En todo caso, la realidad es que el Gobierno canario no tiene lamentablemente ni el peso específico ni los recursos suficientes para una acción exterior en condiciones, como es el caso de la Generalitat de Cataluña, el mismo Gobierno de Euzkadi, o como la propia Junta de Andalucía, para volcarse en proyectos de cooperación con los países del Magreb y África Occidental.

 

Hay un dato clarificador: desde el inicio de sus respectivas legislaturas, el presidente Pujol ha viajado 67 veces al extranjero; el lehendakari Ibarretxe, 27; el presidente andaluz Chávez, 16; y el gallego Fraga, 4. ¿Son igualmente de reticentes y suspicaces las autoridades españolas con las acciones exteriores del País Vasco, Cataluña, Andalucía y Galicia en África como lo son con Canarias?

 

La Generalitat tiene una delegación en Casablanca (capital económica de Marruecos), y este país superará a Francia en número de estudiantes extranjeros de catalán con más de 500 inscritos en las siete ciudades marroquíes donde se han implantado las clases de este idioma.

 

¿Cuál es realmente el problema?