Chile se enfrenta a la placa Andina
Miguel Leal Cruz
Sin ánimo de "poner miedo en el
cuerpo" a nadie, sí debemos saber que nuestro Globo terráqueo, donde
vivimos junto a los demás seres vivos (animales y plantas), se halla en plena
ebullición interior desde hace miles de millones de años cual caldera
hirviendo. Se conoce que este lugar de nuestro Planeta está formado por un
inmenso "horno" de metales fundidos a temperaturas superiores a 5 mil
grados (núcleo); energía que se trasmite a las capas terrestres intermedias
(manto) formando cavidades enormes con el magma (rocas fundidas, o también lava
si sale a la superficie). Esto produce oscilaciones entre las placas de la
corteza terrestre (en que tiene lugar la vida). A veces, la enorme presión del
interior sobre las mismas dará lugar a movimientos sísmicos; y cuando el magma
halla fisuras para escapar surgen los volcanes, con sus conocidos
"temblores" en nuestras islas.
Por tanto no es de extrañar que con más o menos frecuencia ocurran los tan
temidos terremotos producto de dicha descargas energéticas acumuladas,
generadas por aquel proceso. La superficie terrestre sólida oscila sobre dicho
magma, como unas pavesas sobre aceite (no sobre una balsa de aceite, como dice
el refranero), a través de la unión de las grandes placas orogénicas, hoy
plenamente identificadas.
Lo ocurrido en Chile con el movimiento sísmico original (8,8 escala de Richter)
seguido de múltiples réplicas de enorme intensidad, no debe extrañarnos a la
vista de lo comentado. Por suerte, con evidencia probada, en estas Islas
Canarias o sus proximidades no existen placas en rozamiento, pero sí conforman
zona volcánica intensa desde su origen geológico, y por tanto otra de las
formas de librar aquella energía por la presión "magmática" a que se
alude. El proyecto de observatorio para Chile en Cerro Armazones (o para La
Palma, Roque de los Muchachos) ya estaba decidido antes de los terremotos de
febrero y marzo presente. Los técnicos de la Organización Europea de
Investigación Astronómica (ESO) así lo apuntan en búsqueda de un gran
observatorio en la zona austral del Planeta (los de estas islas están en el
hemisferio norte), de tal forma que la investigación científica, con los de
Hawai (US), resultará más amplia.
Con el sano deseo de que la ESO decida finalmente por La Palma por mínima
intensidad sísmica, comparativamente (a pesar de la teoría británica), es de
sospechar que se confirme la opción chilena, toda vez que los movimientos
telúricos, generados precisamente en la cordillera de Los Andes, podrán ser
neutralizados técnicamente con infraestructuras (anti-terremotos)
en el lugar citado donde se pretende la instalación. Un buen ejemplo es, entre
otros, Japón y sus ciudades sitas en el camino del Cinturón de Fuego del
Pacífico; país este que ha logrado superar estas catástrofes sin que apenas
haya víctimas o graves daños materiales por movimientos sísmicos habidos en los
últimos 30 años, incluso con intensidad próxima al reciente de Chile.
Esta cordillera andina, producto de movimientos orogénicos del Terciario,
atraviesa Sudamérica desde el oeste venezolano y Colombia, continúa en Ecuador,
Bolivia, Perú, para seguir a través del largo y estrecho territorio chileno,
poblado de numerosos y grandes volcanes que siguen la fractura andina límite de
la placa Nazca. La pregunta que se hacen algunos, con intención política más
que científica, es qué ocurrirá en las ciudades venezolanas y en sus ranchitos
de ladera (Caracas es un buen ejemplo) si este país hermano sufriera un
terremoto similar… Parece que científicamente nunca llegará a tal intensidad,
pero, ¿y si tuviera lugar…?
Lo ocurrido en Haití, por esta falta de infraestructuras modélicas, por si sólo
explicará el temor que embarga a muchos hermanos venezolanos, allende el mar.