Canarias como Estado soberano

 

Habla paulino Rivero de establecer una financiación bilateral con el Estado español. Estamos de acuerdo, pero sólo si se hace de Estado a Estado o de nación a nación. Cada vez que hablamos de soberanía y de nación canaria estamos pensando en un Estado canario. Una nación sin Estado no es nada. Al respecto, debemos recordar que en el pasado, siempre que se citaba al general Franco, se hablaba de él como jefe del Estado. En definitiva, el Estado es la nación.

Tiene razón nuestro colaborador Juan Jesús Ayala cuando escribe, en su artículo publicado ayer en las páginas de EL DÍA, que "para titularse nacionalista hay que tener bien claro qué es el nacionalismo. Y es ni más ni menos que la ideología política que conduce a la formación y a la construcción de una nación, en este caso la canaria. Si no se tiene como meta la nación, se será cualquier cosa menos nacionalista. ¿Y con la nación, qué hacemos, sirve de algo, es válida? No. La nación, el día que se construya, por sí sola no vale; la nación es un cuerpo chiquito que necesita alimento y arropamiento. Y el único ropaje que da calor y vida a una nación y más aun si es emergente, es tener un Estado. Nación sin Estado es pendular en el vacío, es un nirvana encantador exento de sustancia y de argumentaciones sólidas". Estamos totalmente de acuerdo. Parece que Juan Jesús Ayala va perdiendo su "frior"; su miedo a expresar con claridad lo que piensa. Por lo demás, no puede ser más cierto que la aspiración de todas las políticas y políticos que se proclamen nacionalistas ha de ser dotar a Canarias de un Estado nacional. ¿Qué otra función, si no, puede esperarse del nacionalismo? […]

En cuanto al presidente del Gobierno de Canarias, volvemos a preguntarle la razón de su actitud acomodaticia. No es usted, don Paulino, el único que está en el secreto de los pasos que debemos dar para alcanzar nuestra irrenunciable e irremediable soberanía. En el secreto está todo el pueblo canario; incluso los aterrorizados por el miedo a expresar libremente lo que piensan. Por extensión territorial, que es pequeña pero suficiente, podemos ser una nación con Estado. Una nación brillante, cuya riqueza hemos de recuperar de las garras españolas. Debemos disfrutar como canarios -lo decimos una vez más- tanto de nuestros recursos actuales como de los potenciales; sobre todo de los que nos proporciona nuestra situación geográfica entre tres continentes.

Políticamente nos causan náuseas algunos partidos. De forma especial, nos repugnan las emanaciones que llegan de los partidos estatales y de los nacionalistas de sus bolsillos. "Soy nacionalista por el bien de mis bolsillos", van proclamando algunos con sus actos. Indudablemente, ni es esta política la que nos conviene, ni son estos políticos los que necesitamos. Estos políticos tienen que desaparecer. Sólo han de quedar aquellos capaces de iniciar conversaciones en Madrid, Bruselas y Nueva York para realizar el traspaso de poderes entre la antigua Metrópoli y el nuevo estado canario. Ha de comenzar sin demora un proceso pacífico, sin violencia, sin amenazas, "sin bombas". Un proceso inteligente para recuperar nuestra libertad, porque nadie puede negar que España es el país que nos coloniza. El canario que se crea español es un estúpido, porque ni los propios españoles lo consideran como tal. Lo contemplan con benevolencia, como a todo ser humano, pero jamás lo tienen por español.