Queremos la libertad
Nos
duele la razón y nos produce dolor de cabeza cada vez que pensamos en los
sinvergüenzas políticos que sólo se preocupan de engordar sus bolsillos y de
estar en primera fila. Su propósito no es el patriotismo ni la defensa de sus
conciudadanos, sino el bienestar personal. Es tal su egoísmo, que no les
preocupa sacrificar todo aquello que contribuiría a mejorar la vida de los
canarios. No sólo ese ya citado bienestar económico -lo cual no es poco en
tiempos de crisis como los actuales- sino incluso la libertad, el honor y la
identidad de un pueblo noble y sacrificado durante seis siglos por el yugo
colonial de los españoles. No comprenden esos políticos, porque son unos
indecentes, que la libertad es el bien más preciado de todo ser humano.
Canarias
debe recuperar su libertad y convertirse en Estado soberano, pero siempre
siguiendo un camino pacífico. Recuerden nuestros lectores que siempre hemos
condenado la violencia. Jamás nos reiremos de hombres como Mahatma Gandhi, que
con su pacifismo logró liberar a
Todos
los días podríamos hablar de infinidad de aspectos relativos a la libertad de
Canarias. Hechos que siempre convergen en uno sólo: la incongruencia de que
estas Islas se mantengan como colonia a las órdenes de personas que no son de
aquí sino de
De
nuevo nos duele la razón y la cabeza cuando oímos opiniones relativas a la
validez de
En
recientes visitas por diversos países del mundo y de Europa nos han dado ganas
de llorar al comparar lo mal que vive el pueblo canario frente al progreso de
otras naciones libres. Hemos visto países limpios, sin un solo graffiti en sus
paredes, con orden en sus calles, con buenos precios en sus comercios, buenas
costumbres y atuendo adecuado en sus ciudadanos. Hemos visto a personas capaces
de educar a sus hijos como gente de bien, que no tienen que obedecer órdenes de
un socialismo comunizante, abortista, anticristiano,
islamista, antifamiliar y contrario a las buenas costumbres de siempre. Un
socialismo que se vale de testaferros para que nos envíen cartas vergonzosas,
como la que nos remite una señora imprudente y manipulada. Señora a quien le
recordamos que la libertad que queremos es la que emana de la dignidad de ser
ciudadanos, no siervos. No queremos ser criados de ninguno de los gobiernos que
usted aprecia. Gobiernos que amenazan -parece que usted y su portavoz- con
brigadas del amanecer, embargos, motoristas, cierres de empresas..., y olvida
las checas. Señora, la libertad que queremos, de la que carecemos, es la
libertad que quiere Dios para sus criaturas humanas: dignidad, identidad,
honor, bienestar, paz, no vivir sometidos a ningún semejante ni autoridad
política de partido, ni de ser pobres por culpa de estos. La libertad de ser
dueños de nuestros bienes y riquezas; dueños de nosotros mismos, no siervos; la
libertad de los seres libres, no la servidumbre de los esclavos. Dignidad y
amor a la gente que padece y no disfruta de la libertad de los pueblos
civilizados. Señora, la libertad que queremos es también la libertad que no
insulta ni amenaza ni atenaza. En fin, la libertad que gozaban nuestros
antepasados y que les arrebató España.