La materialización de dos estados

 

Ha quedado claro que la cumbre del lunes fue una cita entre dos estados: uno, el español, el oficial, el continental; el otro, el canario, el insular, el colonizado, el sometido al primero. La fotografía del acto celebrado en la "capitá" de Las Palmas de Canaria sirve para que se le caiga la baba a un grupo de aleladas que se privan sólo con verle los mofletes al importante Zapatero; al Pinocho del siglo XXI; al que nadie le hace caso ni en Europa ni en el mundo, pero que en Canarias deja embobadas a unas cuantas y a unos cuantos.

Otras fotos de la cumbre en la isla tercera muestran las caras con gesto de malhumor que, para darse importancia, exhiben los ministros que han llegado desde la Metrópoli para acompañar al mofletudo. Todos con la misma expresión adusta porque son de la Metrópoli. Porque estamos aquí entre "indígenas a los que toleramos". "Aparceros de nuestra finca ultraperiférica, a los que queremos darle la impresión de que son algo, cuando en realidad sabemos que no son nadie".

No importa lo que piensen los peninsulares. Por primera vez se ha reconocido implícitamente que España y Canarias son dos estados. Paulino Rivero ha conseguido evidenciar que existe una bilateralidad real. Y lo ha hecho de forma sibilina porque él, aunque se desplaza a una velocidad más lenta que la nuestra, circula por la misma carretera. Nuestra velocidad es independentista según opinan un par de mentecatos, de plumillas baratos y junta letras de poca monta. […] Lo importante es que existe un Estado español y un Estado canario, este último pendiente sólo de ser oficializado. Una nación, como ha señalado de forma inteligente la Comunidad Canaria en Londres, que debe constituirse de una forma rabiosamente pacífica. No queremos que haya violencia en ningún momento. Y el que nos atribuya tal intención, está cometiendo un delito de mala fe, de difamación, de injurias y de calumnias. Ya veremos. […]

En definitiva, ¿qué ha salido de la cumbre? Nada de nada. Zapatero es un mentiroso político que disimula sus embustes alargándolos en el tiempo, aunque lo prometido y nada es lo mismo. Tan sólo un consejo queremos darle: no vuelva a Lanzarote a veranear, señor presidente. No vuelva como un virrey, que acapara las fuerzas de seguridad para su uso personal e impidiendo que cumplan su cometido habitual.

 

Extracto del Comentario de El Día, 1-06-2009