El sumiso escándalo de CC en Madrid
Sólo podemos calificar
de escándalo la servil entrega de los dos votos de CC a Rodríguez Zapatero para
que salve los Presupuestos Generales del Estado -nefastos para España y para
Canarias- de una enmienda a la totalidad. ¿Qué le está pasando a doña Ana Oramas? ¿Por qué les está haciendo eso a los canarios? ¿No
es mejor que renuncie al escaño y se venga para acá? ¿Por qué le sigue causando
tantos perjuicios a España y a Canarias como colonia española que es? ¿Ahora es
cuando empieza a desconfiar del Partido Socialista? ¿No será que está curándose
en salud? ¿Cómo no confiesa su socialismo de nuevo corte, y se empeña en seguir
haciéndonos creer que es nacionalista? ¿Nacionalista de qué, señora?
¿Nacionalista de qué nación? ¿De una nación que se llama colonia canaria? Lo
mismo decimos de su congénere el señor Perestelo,
aunque en este caso no sabemos quien lleva los pantalones. Y cambiamos de tema.
Leemos una carta en la
que se cuestiona que Canarias pueda mantener su
integridad territorial cuando se convierta en nación, ya que su pequeño tamaño
la convertiría en presa fácil de las apetencias de otros países, sobre todo
Marruecos. A esa objeción decimos que hoy, con los organismos internacionales,
ONU, UE, OTAN, UA, ese planteamiento resulta absurdo. Estos organismos
internacionales, y otros, intervienen en cualquier lugar del mundo apenas se
produce el menor incidente. ¿Cómo se puede negarle la independencia a un país
por los posibles ataques de otros que sufriría en el futuro? ¿Qué pasa con
Malta? ¿Y con las Islas Seychelles? ¿Y con Madagascar? ¿Y con Cabo Verde? ¿Y
con Mónaco, San Marino o Liechtenstein? ¿Y con las Comoras? Resultaría
interminable la lista completa de pequeños países que son naciones dignas. En
cambio, nos atreveríamos a decir que Canarias es uno de los símbolos más claros
de la indignidad mundial mientras siga siendo una colonia española. A qué punto
de vergüenza e indignidad han llevado a Canarias los políticos españoles, los
europeos y, lo que es peor, los propios isleños como los Ríos, doña Ana Oramas y todos los que han formado parte en el pasado del
Parlamento regional. Por culpa de todos ellos Canarias ha perdido su identidad
y su dignidad, que es lo último que se puede perder. Y encima critican y le
vuelven la cara a quienes hemos tenido la valentía de denunciar tantas
ignominias y, más aún, de afirmar que sólo la libertad puede barrer la
podredumbre. Con una nación canaria podremos hacer borrón y cuenta nueva. Este
Archipiélago será una república sin continuidad con el pasado, pues los
políticos que nos han de gobernar saldrán de unas elecciones participativas
distintas a las de ahora, en las que muchos canarios no votan porque no
soportan la pestilencia que desprenden las listas cerradas. Tendremos una
justicia, unas fuerzas armadas y una policía propia y auténtica, en vez de esa
tontería de la actual Policía Canaria que sólo servirá para que Ruano les pase
revista hocico en alto. Será una república en la cual quien la hace, la paga, y
no como ahora, pues actualmente sólo la pagan los infelices que están sufriendo
los despilfarros, los abusos y el "versallismo"
de instituciones como el Parlamento regional de Canarias: otra indignidad que
debería desaparecer cuanto antes.
Comentario de El Día, 22-10-2009