Una situación paralela al otro lado del Atlántico

 

Nos preguntábamos en nuestro editorial del domingo si Canarias acabará como Guadalupe, colonia francesa presa en las últimas semanas de numerosas revueltas sociales. Las protestas, como señalábamos, están motivadas en última instancia por la situación económica, aunque existe también un sustrato de descontento hacia la dominación que sufre este territorio por su Metrópoli. Al igual que le ocurre a Madrid con Canarias, París no es capaz de solucionar los problemas que padecen a diario personas residentes a miles de kilómetros de distancia del continente europeo. Un ejemplo más de las absurdas situaciones coloniales, a las que no es ajeno nuestro Archipiélago.

 

En Guadalupe, como señalamos, las protestas han sido generales tras el aumento del costo de la vida. Los habitantes de esta isla se quejan de que Francia no los escucha. El movimiento Contra la Explotación, como se autodenominan quienes se manifiestan contra el poder colonial, reclama el aumento del salario mínimo y precios más asequibles, aunque también mayor capacidad para decidir por sí mismos. En definitiva, en Guadalupe se reclama esa soberanía que en Canarias no son capaces de procurar los nacionalistas teóricos, los timoratos y los amantes de la absurda españolidad de estas islas. Porque es tan disparatado que Guadalupe siga siendo territorio francés, como lo es que en Canarias ondee todavía la bandera española en un edificio que no sea el de la embajada de Madrid. Francia disfraza su colonialismo en Guadalupe con la denominación de Departamento de Ultramar; España, la Constitución española que respetamos y acatamos por imperativo legal, pero con la que no estamos de acuerdo, hace lo mismo con nosotros revistiéndonos de comunidad autónoma. Lo repetimos: un auténtico disparate.

 

Las protestas de Guadalupe han traspasado las fronteras de esa isla y se han extendido también al departamento de Martinica, y de éste a la Guayana. Incluso se han producido muestras de solidaridad en la Francia continental, pues muchos ciudadanos de este país no entienden que se mantenga la opresión colonial. Situación que repercute en los índices de pobreza de la actual Francia caribeña. En Guadalupe el desempleo llega casi al 23 por ciento de la población activa, mientras que en el continente apenas supera el ocho. Un panorama similar al de Canarias, pues las Islas cerraron el año 2008 con 223.600 desocupados; un 21,8 por ciento de su población en edad de trabajar. Esta cifra podría llegar, alarmantemente, al 30 por ciento a finales de 2009. En contrapartida, el desempleo en la Península y Baleares era ligeramente superior al 14 por ciento a finales de enero de 2009. ¿Provocará esto un estallido de violencia popular en nuestras Islas?, volvemos a preguntarnos. Esperemos que no, volvemos a respondernos, aunque todo depende de la sensibilidad del Gobierno español para atender a las irrenunciables demandas de libertad que sienten los canarios.

 

A la hora de tener una perspectiva canaria de este problema, nos parece sumamente interesante la carta de uno de nuestros lectores publicada el lunes de esta semana. "En Guadalupe, donde se inició hace casi un mes el movimiento de huelga general, 50.000 manifestantes desfilaron el sábado por la noche para denunciar el funesto poder colonial en la economía", señala el lector en su misiva. "Guadalupe es nuestra, Guadalupe no es suya, gritaban contra los descendientes de los colonos y esclavistas que controlan la mayor parte de la economía local, como ocurre también en Martinica, otra isla de las antillas francesas". En Canarias también nos hemos cansado de que sean otros quienes administren nuestras inmensas riquezas. Por cierto, extraña que acontecimientos tan sangrientos, y gravísimos políticamente, como estos, que se han extendido a otras colonias francesas, apenas hayan tenido eco en los medios de comunicación, empezando por las agencias internacionales. Seguramente se están silenciando para no alarmar a los canarios, para que, después de haber sido masacrados y esclavizados en el pasado, sigamos colonizados en el presente.

 

Comentario El Día, 25-02-2009