Más de lo mismo con el cuento de las aguas

 

Leemos con asombro una noticia publicada ayer por EL DÍA: el Congreso de los Diputados se reunirá la próxima semana para tramitar la proposición de ley sobre la delimitación de los espacios marítimos de Canarias. ¿Qué espacios marítimos? ¿Qué aguas? Son porfiados los nacionalistas canarios y sus dos representantes en Madrid. Está claro que no se enteran de nada. Podrían empezar por leer los acertados artículos al respecto de nuestro colaborador Ramón Moreno Castilla, el último publicado por este periódico el pasado domingo, en clara contraposición con las tesis de un profesor de la Universidad de La Laguna. Tesis o razonamientos, dicho sea con todos los respetos para una persona de cuya intelectualidad no dudamos y cuyo trato apreciamos, que no convencen ni a Ramón Moreno, ni a nosotros ni a nadie que conozca el Derecho marítimo internacional. El Parlamento español podrá decir lo que quiera sobre las aguas canarias, pero desde la Convención de Montego Bay las aguas que median entre las islas de nuestro Archipiélago están en la zona económica exclusiva de Marruecos. Y si alguien duda de lo que decimos, que salga a pescar más allá de las doce millas náuticas (sólo esa estrecha franja) de mar territorial que le corresponde a cada isla. Verá cuanto tarda en recibir la visita de una patrullera marroquí para ser apresado o ametrallado. Por eso decimos que los acuerdos del Congreso de los Diputados al respecto, si alguna vez llegan a producirse porque no es la primera vez que Zapatero incumple lo que promete, tiene la misma validez que si sus señorías nacionales declarasen que también le pertenecen a Canarias las aguas del golfo de Omán o las que rodean la península de Florida. Un disparate.

La única forma de que esas aguas sean canarias, que deben serlo porque le pertenecen a estas Islas, es que seamos una nación independiente con representación en los foros internacionales. Eso lo saben los políticos nacionalistas, al igual que lo saben los que militan en los partidos estatistas PP y PSOE. De estos últimos, lo decimos un día más, no esperamos nada porque están al servicio de la Metrópoli y de Las Palmas, que es donde tienen sus sedes regionales. Y es el principal interés de España no perder la teta canaria, de la que han estado mamando casi seis siglos aunque ahora sospechan que se les va acabar. Los que realmente nos han decepcionado han sido los nacionalistas. Un nacionalista, y no es la primera vez que lo decimos, tiene el deber inexcusable de luchar por su tierra. Ninguna connivencia con el invasor es buena si no tiene por fin procurar el bien supremo de Canarias. Un bien máximo que pasa indefectiblemente por la independencia, porque sin libertad no podemos afrontar los problemas del presente ni los retos del futuro. Entre ellos, evitar que tantas y tantas familias canarias estén pasando hambre y ser los dueños de nuestro destino para decidir, entre otras cosas, si nos conviene explotar los presumibles grandes recursos de hidrocarburos en los fondos marinos que median entre Canarias y África. Y si al final corremos el riesgo medioambiental de explotarlos, los beneficios deben ser íntegramente para nosotros, y no para los peninsulares (o los godos, que es peor) como ocurre ahora mismo con la mayoría de nuestras riquezas.

A la vista de lo anterior, no entendemos por qué los nacionalistas y sus dos representantes en Madrid (hoy no vamos a citarlos por sus nombres) siguen con las tonterías de siempre. Con lo fácil que sería para ellos pedir la independencia y acabar de una vez. Ellos pueden hacerlo tranquilamente, porque no son siervos de los colonizadores como les ocurre a los diputados populares y nacionalistas. Los dos están gastando inútilmente el dinero del pueblo que los eligió y también las expectativas de libertad de los patriotas de esta tierra, que sueñan con una nación libre. A ninguno de estos dos diputados les va a suceder nada porque pidan la libertad de Canarias. Ambos están aforados. No es esa nuestra situación, pues seguimos soportando las burlas, descalificaciones y hasta amenazas de quienes se empeñan en seguir lamiendo las botas de quien los esclaviza. Qué remedio. Algunos han nacido para ser esclavos. Tienen tan arraigados los genes de la servidumbre, que sienten pánico ante la libertad. Pero la libertad llegará, de la misma forma que antes o después prevalecerá la verdad. La mentira sólo dura hasta que la aniquila la verdad, pero la verdad es eterna.

Comentario del periódico El Día, 25-11-2010