Empujados al hambre

 

Nos dan ganas de llorar cuando vemos publicadas, incluso en nuestro propio periódico, algunas noticias sobre las calamidades que está sufriendo el pueblo canario. Muchas familias de las Islas pasan hambre. Hace meses que lo venimos diciendo. Algunos de nuestros detractores aseguran que exageramos. Sabemos que no. Basta echar un vistazo a la primera página de EL DÍA del pasado domingo, donde una de esas noticias que llevan a la desesperación informaba del brutal incremento del número de personas que se ven obligadas a empeñar sus joyas y objetos de valor para sobrevivir a la crisis; es decir, para comer.

¿Quién tiene la culpa de que hayamos llegado a esta situación? ¿Quiénes, salvo Zapatero y sus ministros, están empujando a España al abismo de la miseria y el hambre? Lo peor es que, uncidos a la Metrópoli por el yugo colonial, también Canarias cae en el mismo pozo sin fondo. Qué triste situación; qué triste destino para un Archipiélago que, como país independiente, podría ser una de las naciones más ricas del planeta. ¿Acaso son menos que Canarias países como Malta, Cabo Verde, el Principado de Andorra o Mónaco? Si todas estas naciones han sido capaces de salir adelante por sí solas y, además, les han proporcionado a sus ciudadanos unas confortables condiciones de vida, ¿por qué vamos a ser menos los canarios?

Los canarios, debido al saqueo al que la Hacienda española ha sometido a su tierra desde hace seis siglos, han tenido que emigrar con frecuencia en el pasado. Las últimas veces, y de forma multitudinaria, a Cuba y Venezuela respectivamente a comienzos y mediados del siglo XX, aunque también a países como Argentina o Uruguay. Fueron familias canarias las que fundaron Montevideo, la capital de este último país. Y a los habitantes de Canelones, el departamento en el que se encuentra dicha ciudad, se les conoce por el gentilicio de canarios. Allí donde han ido, los isleños se han granjeado el respeto de todos por su honestidad y laboriosidad. ¿Si estos compatriotas nuestros han sido capaces de prosperar en tierras ajenas, no podremos nosotros, que también somos canarios, sacar adelante nuestras propias islas?

No nos cansaremos de insistir en que el pueblo canario debe despertar de su narcosis. La independencia no puede esperar. Hemos de conseguirla mediante un diálogo inteligente y pacífico -jamás nos apartaremos ni un milímetro del pacifismo- con el Gobierno español. España está obligada a concedernos la libertad como muy tarde antes de que concluya 2010; el año fijado por el Comité de Descolonización de los Pueblos de las Naciones Unidas para que desaparezcan las colonias que todavía quedan sobre la faz de la Tierra. Ese mandato de la ONU es de obligadísimo cumplimiento para las autoridades de Madrid, pues España lo firmó en su día. En consecuencia, no cabe ninguna dilación. Sin embargo, sería un gesto honroso para el Gobierno español que se anticipase a esa fecha límite e iniciase el proceso de descolonización por iniciativa propia. Simplemente con esa grandeza de miras España lavaría una parte importante de su negra historia, marcada primero por el genocidio cometido en Canarias y posteriormente en América. Y si esa razón no le basta al señor Zapatero, debería actuar al menos movido por la caridad cristiana y no arrastrar al hambre y a la miseria a todo un pueblo: el pueblo canario.

Comentario de El Día, 27-08-2009