Una comprometida tarea
Ramón
Moreno Castilla
Antes de continuar con
la exposición de los grandes retos que, por lógica aplastante, deberá afrontar
el Gobierno de "concentración nacional" de la futura RFC, creo necesario hacer algunas consideraciones previas,
a propósito de ciertas iniciativas personales dirigidas (ese suponemos que es
su objetivo) a internacionalizar la "causa canaria"; lo que, por otra
parte, es una exigencia patriótica de primer orden. Pero no nos engañemos,
queridos compatriotas: por muchas cartas, documentos, dossiers,
etcétera que, de forma individual, y al amparo de significadas siglas políticas
se envíen a la ONU
y/o a otros organismos internacionales, no servirán absolutamente para nada si
no van acompañadas del imprescindible respaldo popular del pueblo canario. ¡No
les quepa la menor duda!
Quiero decir que o los
preconizados presidentes de los partidos independentistas autores de esas
loables iniciativas movilizan a sus bases y forman un frente común con otras
formaciones verdaderamente nacionalistas y colectivos patrióticos, para aunar y
potenciar el poder de convocatoria y sacar al pueblo canario a la calle, de
forma pacífica, pidiendo la descolonización de Canarias, o todo quedará en
papel mojado, y esos encomiables intentos serán lo mismo de siempre: ¡inútiles!
Es más, o la mayoría del pueblo canario protagoniza -en todas las Islas- un
masivo alzamiento popular en multitudinarias manifestaciones (pacíficas,
insisto, pero contundente en los mensajes y consignas unitarias, previamente
consensuadas) exigiendo, inequívocamente, la independencia y soberanía de
Canarias, o ninguna organización internacional nos hará ni puñetero caso; y
mucho menos concitaremos el apoyo y la ayuda de ningún país, si este asunto no
se plantea como una causa común y con el apoyo de todos los patriotas canarios,
sin excepción. ¡En la reivindicación independentista no sobra nadie!
Por tanto, aquí no se
trata, en mi modesta opinión, de voluntarismos ni si fulanito, menganito o sutanito mandaron sendas misivas y determinada documentación
al Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, al presidente de la UE y al primer ministro
español. Lo que nuestra tierra está pidiendo a gritos son auténticos
"hombres de Estado" con visión de futuro y con las ideas claras
respecto a lo que hay que hacer con una Canarias independiente; dispuestos a
ser generosos y dialogantes, y con voluntad integradora, capaces de aglutinar
y, en su caso, reorientar a todo el espectro político soberanista.
Porque la sagrada causa nacional canaria está por encima y trasciende la propia
paternidad de las acciones partidistas que se acometan unilateralmente; y es
del todo punto incompatible con liderazgos preestablecidos, postulaciones,
personalismos, autorías y demás megalomanías. Todos debemos ser responsables y
consecuentes con nuestras decisiones y conscientes del alcance de nuestras
actuaciones; ponderando nuestras verdaderas capacidades, sin obviar las propias
limitaciones. ¡De ahí al ingreso en el "club de Peter" sólo hay un
paso!
Y no olvidemos, por si
alguien se despista, o se ve superado por esta vorágine, que España es,
efectivamente, responsable subsidiaria del genocidio perpetrado por las tropas
castellanas y los vándalos mercenarios contra la población aborigen de las
Islas (¡y ahí está el TIJ de La
Haya!); y culpable "convicta", aunque no
"confesa", del posterior colonialismo que padece Canarias desde hace
más de cinco siglos (¡y ahí está el Comité de los 24 de la ONU!). Pero a quienes les
interesa la artificiosa "españolidad de Canarias", los colaboracionistas,
los caciques importadores (que se han enriquecido con el REA) y otros, con
nombres y apellidos; los especialistas en subvenciones comunitarias (aún por
justificar), los metidos a políticos profesionales, la pseudo burguesía
ramplona y dependiente y el poder criollo, en general, están todos aquí. O sea,
¡el enemigo está en casa! ¿Alguien duda por un momento de que en Canarias
siempre ha existido una confrontación larvada, indigenismo vs
criollismo? ¿Dónde está la genuina y tan deseada burguesía canaria -que posee
los medios económicos y cuenta con los cuadros dirigentes- y que,
supuestamente, está llamada a liderar el cambio de "status", como ha
ocurrido históricamente en los procesos emancipadores de todos los pueblos del
mundo? ¡Ese es el nudo gordiano de la cuestión!
Retomando ya los
grandes desafíos que esperan al futuro Gobierno de la República de Canarias
debemos reparar, especialmente, en el sector terciario de nuestra economía, el
sector servicios, que demanda profundas y grandes transformaciones. Y en este
sentido, constatamos que si bien el turismo ha sido el gran motor del
desarrollo de Canarias, no es menos cierto, que este fenómeno social jamás lo
hemos controlado los canarios. Se impone, pues, una verdadera revolución del
sector turístico modernizando y remodelando la obsoleta planta alojativa; apostando por un turismo de calidad, con gran
poder adquisitivo (que no sólo es el segmento del turismo "gay") y
acuñando una marca turística única de Canarias, independientemente de las
bellezas naturales de cada Isla, que nos identifique como "el destino
vacacional por excelencia". Ello hace necesario no sólo la búsqueda de
mercados alternativos, sino el control absoluto de los "touroperator" para unificar la oferta y que los
paquetes turísticos no se paguen en origen. Así como la reordenación de los
vuelos de bajo coste de las compañías chárter que operen en nuestro territorio.
Consolidando, asimismo, la línea aérea canaria de bandera, que facilitará el
transporte y la movilidad entre todo el Archipiélago, vertebrando nuestro
territorio insular y consolidar así nuestro mercado interno. Igual se procederá
con el transporte marítimo en nuestras aguas interiores y archipelágicas.
Aunque todas estas
actuaciones no serán contrarias u opuestas a la imperiosa necesidad de
diversificar nuestra economía, instalando industrias de transformación con alto
valor añadido, la potenciación de la
I+D+i, las energías alternativas (eólica, solar, geotérmica y
otras) y, sobre todo, sacando beneficio a la "renta de situación" que
genera nuestra privilegiada posición geoestratégica, y que en la ignominiosa
etapa colonial eran las "plusvalías de la colonización" con las que
España obtenía pingües beneficios.
Otro de los graves
problemas a los que tendrá que enfrentarse la nueva RFC
será la escandalosa connivencia de poderes heredados de la España colonial (¡y ahí
está el canallesco "caso Tebeto", entre
otros!). Para erradicar el pernicioso corporativismo y hacer efectiva la
separación de poderes, nuestra Carta Magna así lo establece taxativamente,
preservando la independencia de los poderes del Estado: el Ejecutivo, el
Legislativo y el Judicial, pilares fundamentales de todo Estado de Derecho que
se precie, y no como en el nefasto periodo colonial, que la vida política estaba
judicializada y la justicia politizada. Así, el Gobierno de la nación sólo
responde de su gestión ante la Asamblea Nacional y/o la/s Cámara/s (según se
establezca), expresión de la soberanía popular; donde esta/s legisla/n para
todos los ciudadanos por igual, procediendo a la promulgación de las leyes
correspondientes y sancionando los proyectos de ley que el Ejecutivo someta a
su aprobación, presupuestos generales del Estado incluidos. En el estamento
judicial serán los propios jueces quienes elijan a sus órganos de gobierno y al
fiscal general del Estado lo elegirá la carrera
fiscal. ¿Qué aberración político-jurídica se da en la España esa donde al fiscal
general del Estado lo nombra el Gobierno de turno y los partidos políticos
tienen sus "cuotas" de jueces afines en los Órganos del Poder
Judicial? ¡Inconcebible!
Con la independencia
habrá una sustancial diferencia: mientras España seguirá siendo una decadente
monarquía y una intervencionista "partitocracia",
Canarias, que afortunadamente se zafó del yugo colonial, se perfila como una
democracia participativa y plural, respetuosa con las minorías, y en todo un
referente de Estado moderno del siglo XXI, como
mandan los cánones. Prosigue?
rmorenocastilla@hotmail.com