Los condicionantes para la huelga general
Jaime
Bethencourt Rodríguez *
Cuando Intersindical
Canaria tomó la iniciativa de proponer al resto de organizaciones sindicales la
convocatoria de una jornada de protesta en forma de huelga general, entendíamos
que se daban todas las circunstancias de carácter social y laboral como para
llevar a la práctica tal excepcional medida. Tal convicción, y a los hechos nos
remitimos, no parece ser coincidente, al menos por ahora, con la opinión de CCOO y UGT a tenor de lo reiteradamente manifestado por sus
dirigentes.
El pretexto de
"no darse las condiciones", o aquel otro, de "preferir agotar la
vía del diálogo" con la Administración antes de recurrir a la huelga, se
nos antoja que obedece a razones bien diferentes a las públicamente expresadas
por las delegaciones de los sindicatos españoles en Canarias. En lo relacionado
con el frontal y duro ataque gubernamental a los servicios públicos esenciales,
en los próximos días, la mayoría parlamentaria de los grupos que sustentan el
actual gobierno ratificarán cómodamente unos presupuestos que, a corto plazo,
avanzarán en el desguace de la sanidad, la educación y los servicios sociales,
con una considerable quiebra de derechos fundamentales y del denominado Estado
del bienestar. El recorte de cerca de 200 millones de euros se verá multiplicado
en incalculables perjuicios para la colectividad en una comunidad como la
canaria, que arrastra los peores indicadores en sanidad, educación y protección
social. En el aspecto más global, el panorama de descomposición social es tan o
más desolador, con un acelerado alza de la pobreza y la exclusión social, un
paro que supera los 280.000 desempleados, los peores salarios del Estado y las
condiciones laborales más precarias, superando en negativo y con gran
diferencia los indicadores españoles y europeos.
Surge entonces la
pregunta sobre qué condiciones tienen que darse para que Comisiones y Unión
General de Trabajadores consideren viable la protesta y qué diálogo esperan del
Gobierno cuando cada llamada al acuerdo realizado por los agentes sociales ha
tenido como respuesta más y nuevas agresiones a los servicios públicos y a sus
trabajadores. Por lo demás, nos preguntamos también cómo se puede aún invocar a
la concertación cuando en la discusión parlamentaria de los presupuestos que se
desarrolla en estos días ha sido rechazada de forma autoritaria y grosera
cualquiera de las propuestas de la oposición para, al menos, amortiguar el
feroz impacto que sobre la población canaria van a tener los presupuestos para
2010 y años sucesivos.
Este escenario es
tanto más incomprensible cuando las mismas direcciones sindicales, hace pocos
días, han sido burladas y ninguneadas por el Gobierno canario en el contenido
del reciente Pacto por la Economía y el Empleo, que, sin un euro de
financiación para su cumplimiento, se convierte en uno de los mayores fraudes
políticos que se recuerdan.
Las severas
restricciones en el gasto público con las que igualmente nos amenaza el pacto
de CC y PP, y que tendrán su prolongación durante los
próximos años, desvelan además que los recientes acuerdos entre el Gobierno
español y canario se traducen en un zafio montaje propagandístico, con el único
objetivo de atemperar el descrédito de ambos ejecutivos, importando poco el
deslizamiento de los canarios hacia unos indicadores sociales tercermundistas
de claro corte colonial.
La descomposición
social de Canarias continúa avanzando con toda su crudeza, pero tan grave como
la perniciosa acción gubernamental es la inacción sindical para canalizar el
descontento popular que pueda dar una respuesta apropiada y proporcionada al
Gobierno en el objetivo de hacerle rectificar en su vorágine de agresiones
contra la mayoría social y los servicios públicos comunitarios.
La iniciativa de
Intersindical Canaria para la convocatoria de una huelga general, reiteramos,
nunca tuvo un carácter excluyente ni concluyente, y como es sabido quedó
abierta al consenso de las organizaciones sindicales, independientemente de su
color ideológico o de su grado de representatividad. La propuesta continúa
abierta, pero su concreción y materialización va a depender ahora de otros.
Hemos cumplido con el grado de esfuerzo que nos corresponde impulsando una
propuesta que ponga en manos de nuestra sociedad una herramienta válida que la
aleje del desfiladero al que la empujan los gobiernos español y canario.
Contrariamente a lo que cabía esperar, las direcciones de CCOO
y UGT, en contra de la voluntad de la mayoría de sus afiliados, han preferido
continuar de la mano del Gobierno en una patética escenificación de escuderos
del sistema. Hoy, ya puede ser tarde para enmendar tal cúmulo de despropósitos.
*
Del Secretariado de Intersindical Canaria