CONFORME
"CONFORME",
artículo de Nicolás Estévanez
Este trabajo está divido en dos partes.
La 1ª es una reflexión titulada "CONFORME" del polifacético Nicolás Estévanez y Murphy, y la 2ª, un trabajo mío en el que hago
una semblanza de tres personajes coetáneos... Nicolás Estévanez
y Murphy, Secundino Delgado Rodríguez y el sanguinario general Wyler (el tigre
de manigua, como lo definía la prensa norteamericana más comprometida con la
Libertad de esta época).
Precisamente, voy a aprovechar este artículo para insistir en ese aspecto
negativo que tienen algunøs canariøs
de celebrar y poner el nombre de personajes que fueron/son nefastos para
Canarias, a calles, plazas, avenidas, aeropuertos, hospitales y demás edificios
públicos, mientras que a løs canariøs
que, verdaderamente, dieron la vida por el progreso, la justicia social y la
libertad para nuestro pueblo son condenados al ostracismo.
Hoy, casualmente, hablaré de dos casos de los más sangrantes que conozco y que
más me duelen… Son precisamente los casos de Secundino Delgado Rodríguez,
--parece ser que desde un tiempo a esta parte se le está recuperando y ocupando
el lugar que siempre le perteneció por justicia, contrariamente al que nada
merecía por su brutalidad como fue el General Wyler y que, sin merecerlo, hace
tiempo fue premiado con una de las plazas más importantes de Tenerife.
El otro caso que les decía es el de José Mesa y López, político trepador y que
tan sólo miraba por sus egoístas y mezquinos intereses y que, aún así, le
regalaron el nombre de una de las Avenidas más conocidas y transitadas de la
capital grancanaria..., mientras que a su hermano, Rafael Mesa y López,
"bohemio impenitente y escritor", le dedicaron una pequeña calle que
lleva hasta el inicio del barrio alto de El Polvorín... ¿Deberíamos utilizar la
memoria histórica para personajes que no merecen estos importantes
reconocimientos por su abusos de poder, sus tropelías, sus injusticias y
opresiones...?
CONFORME
La polilla, tan pequeña, diminuta,
despreciable, acaba con los muebles, con los árboles, con los edificios. No
ciertamente en un día, pero acaba con ellos.
Lo mismo ha de suceder con entidades sociales, históricas, potentes, como las
naciones, su polilla las devorará.
¿Es un mal? ¿Conviene a la humanidad que los Estados se apolillen?
Importa poco; no es un mal ni un bien; es un hecho positivo, inevitable, fatal,
como es natural la decadencia y la muerte de cuanto alumbra el sol.
Todos los seres, individuales o colectivos, están sujetos a las leyes de la
naturaleza, ante las cuales no valen subterfugios, ni fraudes ni caciques, ni
interpretaciones.
De ellas, sin embargo, ha intentado la humanidad defenderse; testigo: el
pararrayos.
¿Y no se ha de defender de las ridículas reglamentaciones y de los absurdos
códigos formulados por pigmeos?
¡También hay pararrayos para la nube negra de las legislaciones!
Todas las leyes humanas son obra del egoísmo, cuando no de la perversidad.
Morirán los legisladores, perecerán las leyes, sucumbirán los Estados, será
disuelta la sociedad actual con sus artificios y convencionalismos. Sólo
sobrevivirán a las catástrofes dos entidades paralelas, que desempeñarán
análogas funciones en la economía del Universo, la humanidad y la polilla.
Tal vez al llegar aquí se preguntará el lector: ¿a qué viene esto?
Pues nada, es que acabo de leer en un periódico el reglón siguiente:
"Los anarquistas, esa polilla de la Sociedad..."
Conforme.
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*Nicolás Estévanez y Murphy. Las Palmas de Gran
Canaria, 1838. París, 1914. Militar del ejército español del que --indignado,
avergonzado e impotente-- abandonó para siempre, después de comprobar cómo los
militares que fueron enviados a Cuba a sofocar la insurrección armada, trataban
--no sólo a løs que se habían levantado en armas (løs cimarrrones)--, como
traidores a España a la población en general... Siendo el punto crítico el
injusto asesinato de "SEIS ESTUDIANTES DE MEDICINA".
Cuando le conceden la "baja del ejército", vuelve a España y se
encuentra con una situación política, económica, social, educativa, sanitaria y
cultural que dejaba mucho que desear, mientras los gobiernos ineptos
despilfarraban el dinero recaudado entre “SUS” súbditos, entre “SUS” vasallos,
entre “SU” pueblo, que apenas tenía para cubrir sus necesidades básicas. y trabajando, NO DE SOL A SOL, sino de IMNSONIO A IMNSONIO,
COMO ya nos había enseñado el poeta gomero PEDRO GARCIA CABRERA... (EL mismo
que fue a la mar a por naranjas... una cosa que el mar no podía darle... pero
ya se sabe cómo son los poetas... lo que se les mete en la cabeza., aunque
pueda parecer imposible, aunque los tenga por locos, ilusos, infantiles... estos
ni siquiera lo tienen en cuenta y SIEMPRE SE LES VE PERSIGUIENDO ESE SUEÑO, ESA
QUIMERA, ESA UTOPÍA... que parecía inalcanzable, que era muy difícil
lograrlo... y sin embargo, finalmente, gracias al tesón, a la constancia y a la
voluntad de éstos terminan CONSIGUIENDO TODO LO QUE SE PROPONEN...
***
Por esta época es cuando llega a su
conocimiento que un paisano suyo --que seguro conoció en Cuba-- Secundino Delgado
Rodríguez, está en la cárcel Modelo de Madrid por –arbitraria orden del que ya
ambos conocían de su época cubana. De este periodo, tan sólo el andaluz
anarquista Fermín Salvoechea, y el ya casi anciano
Nicolás Estévanez son las dos únicas personas que se
atreven a visitar a Secundino en la cárcel Modelo –paradójicamente sin cargo
alguno, ni denuncia pertinente... tan sólo por el inmenso poder que tenía el
General Wyler, y que, enterado que Secundino vivía en Tenerife (concretamente
en el pueblo tinerfeño de Arafo, por prescripción
médica realizada a su mujer; una norteamericana que conoció en uno de sus
tantos viajes por América, hecho que le hizo adquirir doble nacionalidad:
americana y española, y que fue uno de los elementos que se esgrimieron para
que a Wyler no le quedara otra opción que ponerlo en libertad sin cargo alguno
después de once largos, difíciles, terribles meses que a punto estuvieron por
conseguir que nuestro prócer se viniera a bajo debido a tamañas injusticias, a
tremendos abusos de poder, por parte del sanguinario Wyler, que creía que en su
estancia en Cuba, Secundino había intentado acabar con su vida con una bomba de
la que milagrosamente escapó con vida.
***
Pero si los hombres no supieron -o no
pudieron- poner en su sitio a los personajes dañinos, siniestros, que
alcanzaron alguna clase de poder o dominación sobre los demás en una
determinada época, la Historia -ese juez implacable-, tarde o temprano siempre
termina por desvelar su mezquina condición y colocarlos en el lugar del que nunca
debieron salir: las cloacas del olvido.
La Historia Universal es abundante en ejemplos de las huellas que dejaron estos
personajes, pero no nos vamos a ir muy lejos para encontrar a uno de los más
siniestros que sufrió Canarias y Cuba y que aún así fue premiado con una de las
plazas más conocidas de Tenerife: la plaza Wyler.
Así es, me refiero al general Wyler y Nicoláu de
nombre Valeriano, marqués de Tenerife y duque de Rubí, militar y político
español nacido en las islas Baleares en 1838 y muerto en Madrid en 1930. Fue
Capitán general de Canarias y de Filipinas. Fue elegido por sus conocidos
sistemas de dureza e inflexibilidad para someter la insurrección de la isla de
Cuba en 1896. Aquí se sabe que dictó el célebre bando de reconcentración por el
que más de trescientos mil campesinos fueron concentrados en pueblos del
interior, prohibió la zafra, mandó destruir por el fuego caseríos y sembrados.
Llegó a decir a ¿Dice usted que los reconcentrados mueren de hambre? Pues
precisamente para eso hice la reconcentración". La prensa de la época lo
presentaba como el "carnicero Wyler" o el "tigre de
manigua" entre otros tantos calificativos que definían su despiadada,
cruel y despótica personalidad.
Coetáneos suyos que sufrieron sus desmanes y tropelías fueron los compatriotas
canarios Secundino Delgado Rodríguez y Nicolás Estévanez
y Murphy.
Delgado y Estévanez –reconoce el investigador Manuel
Suárez Rosales- tenían muchos puntos en común. Además de ser canarios ambos
conocían y amaban a Cuba, país donde Secundino había participado en la
revolución independentista y Estévanez, siendo
capitán del ejército español, había protestado enérgicamente contra el
fusilamiento en 1871 de ocho estudiantes cubanos de medicina y solicita su
inmediato traslado de la isla por las frecuentes tropelías y abusos del
ejército español a los cubanos.
Aparte de su intenso amor a Canarias, los dos coincidían en su común desprecio
a la persona del general Wyler. Secundino Delgado y Nicolás Estévanez,
eran, asimismo, acérrimos enemigos de la institución monárquica, ateos y
revolucionarios.
Una de las muestras más evidentes del desprecio que Estévanez
sentía por Wyler es un soneto que le dedicó hacia 1900 y que dice: "Mirada
de reptil, cuerpo de enano,/ instinto de chacal, alma de cieno,/ hipócrita,
cobarde, vil y obsceno/ como el más asqueroso cuadro humano./ Azote un tiempo
del país cubano,/ a todo noble sentimiento ajeno,/ hasta el mismo Satán
convierte en bueno/ esa excrecencia del linaje humano./ Ruinas, desolación,
hambre y miseria/ las obras son que a ejecutar se atreve/ ese horrible montón
de vil materia./ ¡Y a un monstruo tal, con intención aleve,/ el Gobierno de
Cuba encarga Iberia/ al acabar el siglo diez y nueve!.".
Pero sus desmanes no acabarían en Cuba. En 1902 desde Madrid suscribe una orden
de detención y prisión contra Secundino Delgado que ya se había trasladado a
vivir con su mujer y sus dos hijos Darwin y Lyla al
pueblo de Arafo en Tenerife. Un año se alargaría la
privación de libertad de Secundino en la cárcel Modelo de Madrid sin cargo
alguno y, por lo tanto, sin posibilidad de defenderse. Allí no sólo se hundiría
moral y vitalmente sino que fue contagiado de tuberculosis. De los pocos que se
atrevieron a visitarle en prisión destacamos a Nicolás Estévanez
y Murphy y Fermín Salvochea. Los males de Secundino se
acabaron con su puesta en libertad un año después sin ningún tipo de
explicación. Cuando se reunió de nuevo con su familia en Arafo
contagiaría de tuberculosis a sus hijos que poco tiempo después morirán de ésta
enfermedad en plena juventud. Algunos meses después, en 1912, moriría Secundino
Delgado. Alguien que resumía su pensamiento, su ideario, su postura ante la
vida diciendo: "Seré un revolucionario; pero nunca un sectario. Las
palabras también esclavizan, aunque sean: república, socialismo, anarquía… No;
soy un revolucionario, un rebelde, nada más". Y nada menos…
Esto es solo un breve acercamiento a tres de las figuras más relevantes para
Canarias a lo largo de su azarosa y desventurada historia, azarosa y desventurada
pero siempre con un punto de socarronería, imprescindible para aún mantenerse
orgullosa y digna.
AHUL.
¡¡¡VIVA CANARIAS LIBRES!!!
¡¡POR LA LIBERTAD, LA JUSTICIA Y LA DIGNIDAD
DE TODOS LOS PUEBLOS DEL MUNDO!!!
LIBERTO ASUDEM IBARADEN (JOSE ALMEIDA AFONSO)
ARTEJEVEZ, A MARTES 4 DE MAYO DE 2010.