DESDE ESTA ORILLA DEL GUINIGUADA
CRISIS,
DESTRUCCIÓN, ESCLAVITUD… (I)
Félix M. Arencibia
El lienzo de las cumbres
y barrancos de nuestro Archipiélago se pincelan con matices de verdes y con
trasparencias de aguas. Estos días he dado un paseo al interior y me he quedado
admirado contemplando las múltiples cascadas que cuelgan de los riscos animando
a que broten los más variados verdes de musgos e hierbas. Ello me ha relajado
de los múltiples problemas con que nos
acucia la actualidad amplificada por los medios de comunicación. De todas
maneras he tenido que volver a la realidad televisada, radiada, imprimida.
Seguimos compañero con lo que llaman
“crisis o recesión económica” cuando tiene toda la pinta de ser un ataque
frontal al Estado Social que con tantos sacrificios se conseguido en construir. Esto no es nuevo, hace tiempo
que se intenta privatizar todo: la educación, la sanidad, el agua… Los lobos
codiciosos, con perdón de los lobos, lo quieren todo y su hambre es insaciable.
Han provocado esta hecatombe en nuestra sociedad que se ha llamado del
bienestar y que no viene a ser más que una sociedad un poco más humanizada.
Quieren volvernos a la barbarie del vasallaje. A más de 100 millones de
personas las han sumido en la pobreza y
el desempleo. Nos quieren hacer volver a la esclavitud, a que se pierdan todas
las conquistas ganadas por la clase obrera
con la sangre de sus mártires y el sacrificio de tantas personas. Se
acabaron las jornadas de ocho horas. “Trabaja diez o las que yo quiera si no te
vas a la calle que hay muchos esperando”, nos dicen los explotadores. “Tienes
que estar a mi disposición con un sueldo que apenas pueda servirte para comer y
poco más”, nos dan a entender. “Es necesario trabajar más y cobrar menos”, nos
exhorta el atrevido y flamante presidente de los empresarios españoles, un
inepto e incapaz de administrar bien sus empresas.
Todo lo quieren privatizar amigo y muchos
de nuestros políticos dóciles se prestan a ello destruyendo o malvendiendo nuestros sectores públicos:
educativo, sanitario, aeropuertos, abastecimientos, correos… Lo que podía
favorecer a la sociedad y el bien común se convierte en el negocio de unos
pocos. Deterioran lo público con conciertos y subvenciones a lo privado para
que sirva de provecho solo a algunos. A
ello habría que añadir que los mandatarios dejan hundir a las pequeñas y medianas
empresas que aportan el 80% de los puestos de trabajos. Entretanto hay
cantidades millonarias y billonarias para reflotar
bancos, pero no hay apoyo a estos empresarios que verdaderamente si compiten y
arriesgan su patrimonio y el porvenir de su familia. No como hacen los
oligopolios bancarios amañando los mercados financieros a lo que denominan
“libre mercado”. Son solo libres para manejarlos a su antojo mientras los
gobiernos lo toleran y lo propician mientras los ciudadanos nos inhibimos. Las
entidades financieras que deberían para contribuir al bien común como el BCE y
FMI están al servicio de esos oligopolios y les ayudan a poner “la libertad de
los mercados” a su servicio. El tema es serio y da para mucho, seguiremos con
él en un próximo artículo.
Con asuntos tan serios nos viene bien la
frescura de la poesía. Así tenemos unos versos de nuestro poeta Pedro García Cabrera: “No he podido
vencer a las palabras / que me llevan y me traen, / que dan en mí y rebotan
malheridas…”.