Crisis, empresarios y sindicatos

 

Justo Fernández Rodríguez

 

La crisis financiera de los Estados Unidos ha desembocado en una crisis económica y social, afectando a la economía de todos los países de la OCDE, incrementando las cifras del hambre y la desesperación a cientos de millones de personas en los países en desarrollo, sin que aparezcan soluciones globales hacia un horizonte de esperanza real. Tampoco se muestran efectivas las medidas nacionales o locales, más allá de algunos aspectos parciales. España, después de Alemania, Gran Bretaña, Francia, EE.UU., Grecia o Japón, entre otras, ha entrado en recesión, después de dos trimestres de crecimiento negativo.


Sin embargo, en España, la crisis tiene una característica especial. Los dirigentes del Partido Popular, las organizaciones empresariales y el Banco de España pretenden aprovechar la situación para eliminar los progresos económicos, legales, sociales y laborales conseguidos durante muchos años de lucha obrera, en la dictadura franquista y la democracia, con gobiernos de derecha y de izquierda.


La CEOE y los más importantes dirigentes empresariales vienen exigiendo que el Gobierno adopte "medidas audaces, de mayor flexibilidad del mercado de trabajo". Díaz Ferrán, presidente de la patronal, ha reiterado su propuesta de "un abaratamiento del despido". José Luis Feito, presidente de la Comisión de Economía, dice que "el empresario tiene que pagar mucho más por despedir, y cuando hay incertidumbre en el horizonte se despide mucho más cuanto más elevados sean los costes". Después de su visita a Tenerife, Díaz Ferrán confirmó que Paulino Rivero defiende una reforma laboral.


La FAES es una fundación creada por Aznar cuando abandonó el Gobierno para controlar, orientar o reconducir ideológicamente la política del Partido Popular, cuyas recetas económicas y sociales son reducción salarial, despidos más baratos, menor gasto social, reducción de los impuestos empresariales y de los costes sociales de las empresas; normas que son de obligado cumplimiento para Mariano Rajoy y sus acólitos. La FAES celebró la XVI edición de su Observatorio Económico, en Sevilla, con el objetivo de "salir del desempleo masivo". Las conclusiones, que han trascendido, corroboran el inmovilismo característico de la extrema derecha económica. Después de una consideración falsa sobre que "el problema de España es que es muy difícil despedir, pero es más difícil aún bajar los salarios", brindaron sus recetas: reducir los impuestos a las empresas, el déficit y desacelerar el crecimiento del gasto público", así como transformar la negociación colectiva, porque "es una máquina de destrucción de empleo". El PP, rápidamente, se ha posicionado, por boca de Cristóbal Montoro, como defensor del abaratamiento del despido, porque, dice, hay que "modernizar" las relaciones laborales.


El presidente de la Confederación Canaria de Empresarios de Gran Canaria, Sebastián Grisaleña, aprovechando la tradicional comilona navideña, delante de Paulino Rivero, no tuvo empacho en exigir "valentía" a la clase política para una nueva contrarreforma laboral que abaratara el despido y otros costes laborales, congelara los sueldos y devaluara el derecho a la negociación colectiva. También el presidente de la patronal tinerfeña, José Fernando Rodríguez Azero, exigió "medidas de amplio calado" similares. Y, todo esto se recomienda, o se exige, en uno de los países de la Unión Europea con menores salarios, con mayor tasa de precariedad laboral, alrededor del 40%, una de las más altas de la UE y la menor indemnización por despido.


Los sindicatos han respondido a la ofensiva política y empresarial contra los intereses de los trabajadores que, simplemente, son las víctimas de los excesos, abusos y corrupción de un sistema financiero sin controles. CC.OO. considera que "cuando la crisis golpea con especial gravedad a los trabajadores, con altas tasas de paro, la propuesta patronal ha de entenderse como una provocación, alejada de la contención de la destrucción de empleo". Paloma López, su secretaria de Empleo, denuncia que "las causas de la destrucción de empleo hay que buscarlas en la crisis financiera y el modelo productivo español, no en los costes laborales". Cándido Méndez, secretario general de la UGT, ha rechazado el denominado "contrato contra la crisis", "porque pretende descausalizar el despido, reduciendo el montante de la indemnización económica y la tutela judicial efectiva de las relaciones laborales". Hizo mención a la crisis bancaria, entre 1978 y 1994, por la que los contribuyentes tuvieron que aportar más de 14.000 millones de euros al Fondo de Garantía de Depósitos para el saneamiento del sistema financiero, en cuya crisis hubo de todo: mala gestión y escandalosos casos de corrupción. Algo sé de lo que pasó en esos años y se lo facilitaré...


La Confederación Sindical Internacional (CSI), en su informe anual, dedica un capítulo a España en el que señala que "aunque España cuenta con un sistema de negociación colectiva bien establecido, en la práctica los derechos sindicales se ven afectados por el elevado número de contratos temporales (...). Aprovechando la inseguridad que supone tener un contrato temporal, el empresario les obliga a aceptar condiciones laborales que se ajustan al marco legislativo, sustituyendo la negociación colectiva por acuerdos individuales entre el empresario y el trabajador, en los que el trabajador se ve obligado a aceptar lo que se le ofrece".


En los últimos días, a esta campaña se ha sumado el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, que reclama una "urgente" reforma laboral, que elimine la indemnización por despido. Conozco al personaje desde hace mucho tiempo, cuando militaba en el PSOE madrileño, y puedo asegurar que su sentido social cabe dentro de la cabeza de una cerilla. Ni una palabra sobre los escándalos surgidos en EE.UU., Gran Bretaña y otros países, donde los banqueros se han repartido parte de las ayudas recibidas para sanear sus cuentas. Tampoco ha hecho referencia a los sueldos de los dirigentes de la banca en España. Hace unos días, se publicaban los ingresos del presidente del BBVA: una minucia, 16,6 millones de euros, entre sueldo fijo, paga variable y dotación para su fondo de pensiones.


El primero en contestar a esta campaña de FAES, PP y los sectores más reaccionarios de las organizaciones empresariales ha sido Rodríguez Zapatero, y ha sido tajante y reiterativo: "A quienes piden un despido más fácil y más barato les digo: que no, que no. Adelgazar el Estado de Bienestar no ha tenido resultados satisfactorios en otros países". Hace tres días, el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, consideraba que el origen de la actual situación "no está en el mercado laboral, no está en los trabajadores, sino en los bancos. No es razonable que en el país que ha perdido un millón de empleos en un año, lo que demuestra que el mercado no es tan rígido como dicen, se pretendan mayores facilidades para el despido. Los recursos ingentes que van al sistema financiero deberían llegar a las familias y pequeñas empresas". Aceptando la valoración positiva de CC.OO. y UGT sobre la firmeza del Gobierno en materia de empleo y cohesión social, la huelga, por sectores, comunidades autónomas o, incluso, la huelga general continúa siendo una herramienta natural de los sindicatos y los trabajadores si cedieran a las presiones de FAES, el Partido Popular, la CEOE o el Banco de España.