La crisis sigue su avance inexorable

Eduardo Vera

La crisis sigue su avance inexorable, cebándose con los trabajadores y afectando a los proyectos de cada familia.

Hoy en día o tenemos algún hermano en paro o algún primo; es raro encontrar familias que no tengan alguno de sus componentes abatido por la pandemia del paro que asola Occidente.

Los puestos escasean y los que tienen los conservan como hienas. Las prácticas del ninguneo, del vacío, de la discriminación y de los cuchicheos de desgaste se agudizan más que la punta de un aguijón. La sociología del trabajo se transforma en un avispero.

Quienes tienen información no la transmiten para hacerse imprescindibles en la organización del trabajo. Aunque va en contra de los intereses generales de la empresa. Se puede hablar con cada uno de los profesionales para buscar una solución; todos asienten con la cabeza delante tuyo. Comentas al manager del departamento: "si consigues que la información fluya sería formidable", "si consigues que quien sabe reparta su conocimiento, este equipo será fabuloso". Incluso el propio jefe mueve la cabeza aparentando una respuesta afirmativa y estar interesado.

Tres meses después de todo aquel quorum positivo y constructivo, todo está en el mismo pasotismo y contra el muro de hormigón tras el cual está la respuesta a muchas inquietudes profesionales. Aun así no tiras la toalla y sigues, no contento pero sí ilusionado o esperanzado por aquello de que "la esperanza es lo último que se pierde".


Del primer momento que llegas preguntas a 5 personas "¿Te puedo ayudar en algo?", todos menos uno dice que no. Pero ese uno es alguien que tiene claro que desea que le ayudes y por eso no escatima en enseñanzas, tiene seguro que has sido contratado porque se necesita gente, hay mucho trabajo por hacer. Hay (supuestos) compañeros que solo te facilitan información si un superior se lo indica expresamente, de ellos nunca van a salir encanto de tipo alguno.

Tras los meses tus supervisores y jefes se percatan que eres trabajador y con la información corres como una liebre, y mira por donde que entre ellos uno habla bien de ante los máximos superiores. En una mañana, te llaman para que subas a una planta selecta pero cuando llegas:

Existe un grave problema con el trabajo que es desbordante, es demasiado y con información muy delicada. Es un marronazo de mucho cuidado. Han tenido dos bajas definitivas, una se fue en un mes trabajando y llorando, el otro aguantó más pero se marchó definitivamente desquiciado. No nos asustamos y nos agarramos al puesto para tirar con ganas. El nuevo jefe te dice que te pongas al lado de un joven "te presento a... y te va a enseñar tu nuevo cometido". Confiado te sientas a su lado y empiezas a escuchar explicaciones y haces preguntas. Aprendes lo que te dejan de información. Al segundo día con esta persona notas algo y es que tiene tantas dudas como tú. Y solo cuando te has dado cuenta es cuando el fantasma te confiesa "llevo dos semanas en esta empresa y es la primera vez que veo este tema". Tu nuevo jefe lleno de apariencias y cortinas de humo, te ha puesto a aprender de alguien que ni sabe ni domina... Aun así sigues ilusionado. Pero al tercer día el que te estaba (supuestamente) enseñando, se levanta habla con el jefe y abandona la empresa para no venir más; le pareció poco seria aquella aventura.

Pasan los meses y "arañando" vas haciéndote con la información que con tanto recelo guardan quienes saben. Sin embargo no eres igual, todos los "pantallazos" y las anotaciones las cuelgas en red para todos, cosa inexistente en el resto. Cuando vienen los nuevos toman tus apuntes generosos, tienen en un minuto lo que tú has recopilado en meses. Para romper el hielo llamas a comer juntos a los nuevos.

La contraprestación a esta buena vecindad y bienvenida con el paso del tiempo es: no te facilitan información de cosas que ellos pellizcan ni siquiera te dicen de ir a comer; todo ello en menos de tres meses, ya no le eres útil. La sutil sonrisa con la que llegaban empieza a convertirse en una asquerosa discriminación y lamentable ninguneo.

Llegas a cuantificar que de cada 10 veces que te acercas a quien sabe para hacer algo juntos, de ellas 9 terminas solo regresando a tu sitio mirando la pantalla y con una respuesta: "imprime archivos y ponle grapas". Esto huele que apesta, la anulación de tu carrera profesional y la degradación de tus habilidades por el entorno empieza a ser impresentable.

Nunca pensaste que al recibir a la personas con aquella conducta laboral, éticamente correcta fueras a recibir a cambio semejante nube de picotazos, los aguijones bien afilados y envenenados.  Tratas de ver si se despeja la situación pero ante un tímido haz de luz todo se va poniendo gris por la nube de avispas. Vuelves a caer en el olvido de la sociología del trabajo, profunda barrena de esta conducta vilipendiante. Incluso comentas a 2 de tus compañeros que debemos tratar un tema con el jefe, te dicen que sí. Los dos a escondidas van y plantean el caso al jefe. Aunque les recriminas que las cosas las debemos tratar entre todos y más aun cuando quien se le ocurre la idea tiene que estar, vuelven a recaer en la misma conducta del aislamiento y el pasotismo a tu profesionalidad repitiendo la situación otro día si y otro día también.

El mobbing con la crisis se acentúa en el trabajo.

Aunque hables con ellos más que solucionar las cosas lo que haces es que sepan que si siguen podrán contigo.
Después de observar cómo en la empresa en la que trabajaba despedían a dos o tres por mes, me ha tocado la fatídica llamada del paro. Sin explicaciones, si comentarios simplemente sobras. La empresa reconoce su despido improcedente y efectúa el supuesto y generoso finiquito, papeles para ir al paro.

Es curioso que en Canarias nunca supe lo que es el desempleo, vengo a una gran ciudad para mejorar y me encuentro rellenando los papeles para la prestación correspondiente.

Lo que sí se es que en Canarias el paro es el doble que en la ciudad en la que vivo, pero ambas en un modelo económico y social podrido.

 
* Diplomado en Empresas y Actividades Turísticas.

29 de julio del 2009.