LA CRISIS MUNDIAL Y LA LUCHA POR LA

INDEPENDENCIA DE CANARIAS

 

Andrés García Montes

Tal como lo he afirmado desde hace tiempo atrás, la crisis que padece el mundo de nuestros días está muy lejos de ser aquella crisis a que se refirió Federico Engels en su obra titulada: “Del Socialismo Utópico al Socialismo Científico” en el cual afirmaba que el Sistema Social Capitalista entraba en crisis de diez en diez años aproximadamente, cuya realidad se ha venido cumpliendo a lo largo de su vigencia histórica, encontrando pasajeras soluciones a las crisis de superproducción que generaba, hasta exigir los holocaustos de las dos guerras mundiales para culminar con la creación de la catastrófica Sociedad de Consumo que ha generado la multitud de características que conforman y hacen de la actual crisis la más compleja, amplia y heterogénea, que haya conocido la humanidad en su historia. De allí la desesperada e implacable campaña publicitaria de los agentes del sistema para hacer creer que esto es una simple crisis financiera culpa de algunos banqueros, industriales o políticos, a quienes les faltó visión, conocimientos o destrezas, errores que una vez corregidos como ha ocurrido otras veces, soluciona al menos por un tiempo la crisis. En forma conciente y deliberada ocultan aspectos centrales de la crisis que nos castiga, tales como: el incremento de la población mundial, la crisis energética, las hambrunas, la contaminación, el desempleo, el agotamiento acelerado de los recursos del planeta, los cambios climáticos, las emigraciones masivas, etc. Hay que evitar a como de lugar decirle al mundo que lo que está en juego es la vida y la vigencia del sistema social capitalista, lo que a la larga será imposible ocultar, tal como lo indica la evolución y desarrollo de la crisis.

Ahora bien, ¿qué relación tiene lo dicho con la lucha de nuestro pueblo para conquistar la independencia y enterrar definitivamente la injustificable condición colonial, y menos si tomamos en cuenta que ostentamos el poco envidiable título de ser la más antigua colonia de la expansión colonial europea que se inició en 1402, con la anexión de Canarias por el Reino de Castilla y aún seguimos padeciendo ese ignominioso estatus.

Lo dicho plantea una necesaria e ineludible pregunta: ¿Qué ha ocurrido para que el pueblo canario sufra más de 600 años este oprobio? Son varios los aspectos que se han  confabulado para condenar a nuestro pueblo a tal suplicio. Comenzaremos por lo señalado por José Martí, el llamado Apóstol de la libertad cubana, hijo de Leonor Pérez, una canaria, quien señalara nuestra proximidad a la metrópoli y nuestro fraccionamiento en islas, a lo que hay que agregarle la utilización de nuestra población de acuerdo a las necesidades de la corona, primero para repoblar a la despoblada Península Ibérica y luego para poblar su amplio y poco poblado imperio americano, lo que condenó a nuestras islas a una muy exigua población hasta comienzos del 1800. Después que los países americanos consiguen su independencia en el siglo XIX, la población canaria creció en forma acelerada, pero las profundas y frecuentes crisis originadas por nuestra artificial economía de monocultivos, diluyó el peligro de la lucha del pueblo canario por su libertad, canalizando la vena dinámica de nuestra sociedad (la juventud) a través de esa cultura impuesta por la corona, la emigración; que mantuvo su vigencia hasta mediados del Siglo XX. Así se explica que el pueblo canario, siempre disperso, no haya tenido las condiciones históricas que le hayan permitido, como otros pueblos, lograr su independencia. Esto entre otros aspectos que pueden enumerarse.

Pero el proceso de desarrollo histórico ha venido introduciendo profundos cambios en su evolución, así la puerta de la emigración se cerró desde el pasado siglo y el canario, que sólo ha sabido emigrar para América, presenta cada vez más resistencia a emigrar, lo que ha determinado que en estos últimos 40 o 50 años las islas concentren la mayor población que registra su historia, lo que ha provocado que la metrópoli tome medidas.

En los viajes que he realizado a mis Canarias me han impacto tres aspectos, todos dirigidos a dividirnos, debilitarnos y hacernos más dependientes. El hombre canario tiene una bien ganada imagen en América de ser un hombre trabajador, amén de otras virtudes como honrado, solidario, familiar, etc. Sé que nuestros campesinos hicieron verdaderas proezas en las islas haciendo huertos sobre las costras volcánicas, en las escarpadas laderas de nuestras agrestes montañas, y con su trabajo noble y creador hizo el milagro de hacer producir las piedras. Aún vive en mí lo que me enseñó en mi niñez e inicios de mi adolescencia antes de emigrar, mi campesina familia y lo que aprendí de la cultura de mi pueblo e isla natal, común a todo el archipiélago, para arrancar a nuestra escasa tierra, los granos, las hortalizas, la fruta, las verduras, la indispensable papa, que consumía el núcleo familiar. Cuando en esos mencionados viajes he contemplado los huertos abandonados, las tierras que antes producían granos, los árboles frutales envejecidos y abandonados, me invade un sentimiento de dolor y angustia indescriptible, lo que obligatoriamente me impone analizar el fenómeno con sentido crítico y analítico y la verdad fluye con una nitidez impresionante.

¿Quién se beneficia de cambiar el modelo cultural existente para mediados del pasado siglo, cuando emigré, por este desastre? La respuesta surge sin mucho esfuerzo, pues desde hace tiempo el colonialismo tiene claro que para mantener el dominio y la hegemonía hay que atacar y dominar el modelo cultural del colonizado, y para crear y mantener la dependencia hay que privar a la víctima de dos cosas: la alimentación y la tecnología. La mejor demostración la tenemos en las políticas aplicadas por los autodefinidas “Democracias Occidentales” que no son otra cosa más que las potencias coloniales, quienes, a partir de la Segunda Guerra Mundial, diseñaron esa estrategia y vemos los resultados entre el llamado Primer Mundo y el definido Tercer Mundo, como los campesinos han venido abandonando el campo y centralizándose en las zonas urbanas conformando un muro infranqueable al progreso y desarrollo en esas megaciudades que atormentan y desarrollan el subdesarrollo en el empobrecido Tercer Mundo. Eso es lo que la metrópoli española viene aplicando en Canarias; por un lado nos priva de producir algo tan vital como los alimentos y por el otro ataca el modelo cultural mediante el cual nuestro pueblo se garantizaba la producción de buena parte de los mismos, creando de esta forma una bestial dependencia a través de la cual trata de imponer su hegemonía. Pongo en duda que alguien con un mínimo de sentido común, discuta o ponga en duda, tan avasallante realidad.

El otro aspecto a que me he referido choca de frente con lo que ha sido nuestra cultura de siempre que se explica por sí sola. Es de una lógica avasallante que un pueblo que ha estado por siglos condenado a una permanente emigración, admire y respete al emigrante tal como recuerdo en mi infancia a los emigrantes que se les llamaba los “indianos” y que eran rodeados por  el aprecio, la admiración  y el respeto colectivo. Esta ejemplar cultura, acorde a nuestro desarrollo histórico, parece ha desaparecido, para darle paso a algo racista y despreciable, que se expresa a través de denominaciones totalmente ajenas a nuestra cultura y tradicional forma de ser y comportarnos, aquellas expresiones “Sudaca Retornado” o “Venezolano devaluado” entre otras expresiones, no pueden tener otra interpretación que ataques a nuestra cultura para crear disociación, enfrentamiento, división ¿A quién beneficia? Seguro que no es a nuestro pueblo. El que la metrópoli esté recurriendo a estos y otros métodos, denuncia no sólo que el peligro existe, sino que el poder que ostenta ya no le garantiza el mantener su hegemonía como en el pasado.

Por otro lado, es necesario analizar lo que parece ser el final de un período histórico que ha mantenido vigencia por más de 600 años, me refiero a lo que se conoce como la expansión colonial europea que se inicia con la conquista de tres de nuestras islas en 1402, Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro, que son las que ostentan el poco envidiable título de soportar por más de 600 años la despreciable bota colonial. Démonos un ligero paseo por este proceso que jugó un determinante papel en el nacimiento y consolidación del Sistema Social Capitalista.

Como bien nos dice la Historia, este proceso lo inician unos normandos, Jean de Bethancourt y Gadifer de la Salle, bajo el mando y protección de Carlos IV, Rey de Francia. Poco después, por desavenencias, estos conquistadores abandonan al rey francés y actúan bajo la protección de Enrique III de Castilla, cuya corona, casi un siglo después, le hunde su garra a América al propiciar y proteger al mal llamado “Descubrimiento de América” y recibir después la bendición papal de ser los únicos con derecho a conquistar el Continente. Esto fue decisivo para que las otras potencias coloniales europeas, principalmente Francia e Inglaterra, iniciaran su criminal y violenta expansión por todo el mundo, imitando el robo, el saqueo, el genocidio que España realizó en América. Sólo un dato dado por uno de los escritores más prestigiosos del idioma en estos momentos, me refiero al uruguayo, Eduardo Galeano, quien en su extraordinaria obra: “Las Venas Abiertas de América Latina”, dice: que cuando los europeos llegaron a América, este continente tenía entre 70 y 90 millones de habitantes, 150 años después que terminó la conquista, la población del continente no sobrepasaba los 4,5 millones de personas. Sólo este dato para medir el genocidio cometido contra los indoamericanos que llegaron a considerarlos como seres sin alma. En estos horrores estaban las experiencias que un siglo atrás adquirieron con nuestros guanches.

Siguiendo lo que nos dice Eduardo Galeano, en su mencionada obra, con relación al robo y el saqueo efectuado a las colonias, centra su atención en lo que llama el Cerro Rico del Potosí, la mina de plata más grande jamás conocida cuya inmensa riqueza se monta sobre los más de dos millones de muertos que sus socavones tragaron. En una de sus impresionantes figuras narrativas afirma: “los indios y sus familias eran arreados como bestias desde sus aldeas rumbo al Cerro Rico y de cada diez indios que subieron a sus páramos helados, siete no regresaron jamás. Así de insaciable, brutal y asesino, era la codicia de estas bestias. La Historia nos dice que los españoles no fueron más crueles que los franceses, ingleses, holandeses, etc., esa y no otra es la historia del colonialismo europeo, esa y no otra es la historia de los que hoy se autodenominan “Democracias Occidentales” que siguen ejerciendo el robo y el saqueo de los recursos de las colonias abiertas o encubiertas, como lo hicieron sus ancestros, claro, que con otros métodos, caretas y discursos.

Todo aquel que tenga solo ligeros conocimientos históricos sabe que la lucha a cuchillo donde era válido todas las bajezas e inmoralidades, principalmente entre las tres principales potencias coloniales, España, Francia e Inglaterra marcó la evolución de ese proceso iniciado en 1402. Los ingleses logran, para finales de Siglo XVIII, comienzos del XIX desalojar a España y alzarse con la hegemonía mundial que más o menos la mantienen hasta la Primera Guerra Mundial (1914-1918) que luego comparte con su mejor alumno, los Estados Unidos de América, que pierden en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Pero como se puede apreciar todo dentro del mismo proceso evolutivo. También ese ligero conocimiento histórico nos dirá como España, bajo la implacable bota del oscurantismo religioso en estrecho contubernio con el Feudalismo, cuya alianza ha impedido que el pueblo español haga la llamada revolución Demócrata Burguesa que prácticamente el resto de Europa ya hizo, salvo contadas excepciones, no tubo capacidad para producir los bienes de consumo que su otrora amplio imperio exigía, teniendo que comprarlos a quien los producía, Francia, Inglaterra y otros, pagándoles con el oro, la plata y otros recursos que saqueaba a su imperio americano. Tal como bien lo refleja lo que decía un monarca francés: “nosotros no necesitamos ir a América a buscar oro y plata, para eso tenemos a los españoles que nos lo traen aquí”, o lo que decían los ingleses: “España tiene la vaca, pero otros toman la leche”.

Este hecho jugó importante papel en que esas inmensas fortunas, robadas a estos pueblos, se concentran en un reducido grupo de países, principalmente Inglaterra, y generaron lo que fue determinante en el crecimiento y consolidación del Sistema Social Capitalista, me refiero a las conocidas revoluciones industriales que tuvieron en Inglaterra su centro hegemónico. Y tal como ya afirmamos en lo narrado y muchos otros aspectos, la expansión colonial europea ha jugado un papel central en el surgimiento, consolidación y vigencia del Capitalismo.

Como queda muy claro, el Capitalismo no hubiese nacido y menos consolidado si antes no hubiese habido unos países que centralizaron el poder, la hegemonía y las riquezas a través del robo y del saqueo a los más débiles, eso no sólo fue determinante para su nacimiento, sino que también ha sido indispensable para su vigencia a lo largo de su existencia, de allí que los ladrones y explotadores lo sigan haciendo cambiando de careta y ropaje a medida que el proceso evoluciona y cumple con esa ley de la naturaleza que reza así: “todo lo que nace, crece, se desarrolla, se reproduce, envejece y muere”, a esta ley no escapa nada ni nadie, incluyendo el Universo.

Todo indica que este proceso que se inició en nuestras tierras en 1402 está llegando a su fin, pues después de más de 600 años de vigencia, ya ha envejeció y la muerte le ronda, tal como lo manda la naturaleza y, por supuesto, el sistema social que nace y ha vivido a su sombra no puede sobrevivirle, es la historia que avanza y no le pide permiso a nadie para evolucionar. Esto se ve con mayor nitidez si nos detenemos a analizar con sentido crítico el desarrollo histórico del último medio siglo, fundamentalmente a partir del término de la Segunda Guerra Mundial, y las profundas contradicciones del enfrentamiento del bloqueo socialista y el capitalista que generó, entre otras cosas, la llamada Guerra Fría, cuyos alcances y consecuencias no se han analizado, pues la borrachera de triunfalismo que generó la disolución de la Unión Soviética ha venido ocultando los indicios de la crisis que el Capitalismo ya venía padeciendo y que ese efímero triunfalismo aceleró, comenzando a hacer eclosión en nuestros días, porque esta gigantesca crisis apenas empieza y esto no es un problema ideológico o de simple parecer u opinión, lo que está por venir se encargará de demostrarlo.

Ahora bien, ¿qué significa esto para el pueblo canario? El más elemental análisis nos lleva a una conclusión sumamente preocupante, baste considerar que el principal y casi único monocultivo que alimenta nuestra artificial economía va a ser el más castigado por la crisis en desarrollo, me refiero el Turismo; con el terrible agravante que los intereses de la metrópoli han venido asesinando aquella economía de subsistencia que permitía a nuestro pueblo producir una gran porción de los alimentos agropecuarios que consumía, al mismo tiempo que ha golpeado la cultura del trabajo noble y creador que ha sido un ejemplo a lo largo de la Historia de América, gran parte de nuestras tierras están improductivas y exigen un titánico esfuerzo para cumplir su sagrada misión.

La flota pesquera, una de las áreas donde podíamos desarrollarnos, ha sido desarticulada por los intereses de la metrópoli en su empeño para hacernos más dependientes, cualquier intento por el desarrollo ha venido siendo destruido, y hoy el monstruo de la crisis amenaza con castigarnos con particular dureza cuando estamos en las peores condiciones para defendernos y en el momento en que somos más, pues nunca el archipiélago a alcanzado el nivel demográfico de nuestros días. Para mayor preocupación, la válvula de escape, que siempre representó la emigración, también la historia la cerró definitivamente. Este preocupante panorama es el que se abre en el próximo futuro al pueblo canario y creo que las dificultades se afrontan mejor cuando se tienen previamente un conocimiento de ellas, que cuando se desconocen, o peor, se tienen falsas esperanzas que no se cumplen ni siquiera en reducidas márgenes.

La historia nos dice, hasta la saciedad, que para que un hecho o fenómeno se dé, tienen primero que darse las condiciones objetivas y subjetivas, tanto en el campo interno como externo, sin cuyo concurso el hecho histórico no se produce. Un ejemplo muy elocuente fue la independencia de las colonias americanas del yugo español. Entre los muchos factores que pueden señalarse sobresalen dos: el primero está referido a las medidas que en las segunda parte del siglo XVIII toma la Corona para controlar el intenso comercio clandestino que las castas dirigentes de la colonia, tataranietos, bisnietos y nietos de los conquistadores, ejercían con franceses, ingleses, holandeses, que le permitían burlar los altos impuestos con que se lucraba la Corona. Eso afectó a todas esas castas que actuaron en forma mancomunada cuando Napoleón invade a España. Estos dos aspectos tuvieron que darse para que las condiciones históricas fueran propicias para iniciar la lucha por la independencia  y lo más probable, que líderes de la talla de Bolívar, San Martín, Artigas, etc., hoy serían unos ilustres desconocidos. Algo parecido podemos decir del impresionante liderazgo del actual Presidente de Venezuela; tuvo que darse el Caracazo (febrero, 1989) y el vil asesinatos de miles de venezolanos, víctimas de la bestial represión del adeco Carlos Andrés Pérez que generó el intento de golpe de estado en febrero de 1992, comandando por Hugo Chávez, seguido de otro fallido intento en noviembre del mismo año, para que se dieran las condiciones históricas favorables para que se iniciara el proceso Revolucionario Bolivariano que tiene desesperados a la derecha mundial, con un líder que no puede catalogarse de otra forma sino de excepcional.

Todo parece decirnos que la actual coyuntura histórica marca un momento culminante para la lucha por la independencia de la Patria Canaria. Las condiciones, tanto objetivas y subjetivas y tanto internas como externas, a no dudarlo, se están dando dentro de un proceso de rápida maduración. Corresponde a los canarios de más elevada conciencia, los canarios de más firme posición, los canarios que no conocen el camino de la traición y el regreso, colocarse al frente del movimiento y emprender una campaña masiva para que nuestro pueblo engañado y manipulado, confundido y alienado, oriente su acción y sepa, entienda y se convenza, que la solución de la crisis que nos castiga no tiene otra salida más que romper las amarras coloniales y conquistar el derecho a ejercer, planificar y decidir, su propio destino. Para lograrlo, no hay otro camino que comenzar por construir una unidad monolítica del movimiento a nivel de todo el  archipiélago, llegó la hora de dejar atrás aquellos que ponen sus intereses personales y de grupos por encima de los intereses del pueblo canario, hay que tener claro que los momentos históricos propicios para lograr algo tan grande y sublime como la libertad e independencia de un pueblo, no se dan todos los días y que el hombre con sus actos puede adelantar en el tiempo el que el hecho histórico se de. Dirijamos nuestros esfuerzos en ese sentido. Me animo a pedir que asumamos la responsabilidad que las circunstancias exigen y no corramos el penoso y despreciable riesgo de convertirnos en unos condenados de la historia,  porque la historia, no perdona.

 

* Publicado en la prensa impresa canaria:

Periódico tinerfeño El Día, separata La Prensa del sábado 30-05-2009

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