Barómetro Internacional
Desde
Venezuela
¿Una crisis
terminal?
Pedro
Calzada
Hace un buen rato que
todo el mundo habla de la crisis. Los entendidos vienen elaborando largas y
farragosas reflexiones que suelen ser solo para el consumo de iniciados en el
esotérico lenguaje de la economía. Los optimistas dicen que es la crisis
terminal del capitalismo, pero ni por asomo se aventuran a decirnos si lo que viene
es mejor, peor o mas de lo mismo.
Por otro lado, cualquier
venezolano de hoy que no esté directamente familiarizado con el mundo de las
finanzas o de las Ciencias Sociales, requerirá un considerable esfuerzo de
imaginación para percibir una crisis que por ahora, -entiéndase bien: solo por
ahora- tiene muy poca incidencia en nuestra vida cotidiana. Además, el uso y
abuso de la palabra capitalismo en el discurso político, creo que la ha
ido vaciando de contenido para una inmensa mayoría que se confunde mas, cada
día que un capitalista industrial, comerciante o banquero, canta las glorias
del Socialismo del Siglo XXI. Intentaré en estas
líneas explicar, como imagino que me hubiera gustado que a mi me explicaran, no
tanto en que consiste, cuanto donde se origina esta crisis que algunos se
empeñan en llamar financiera y que para mi es una crisis sistémica, terminal y
quizá no solo del capitalismo, sino de la vida humana sobre este
planeta. Si yo -aprendiz de todo y oficial de nada- tuviera que explicar
de forma sencilla esta crisis global, pediría primero a quienes estuvieran
dispuestos a escucharme que hicieran un esfuerzo por entender que -el mundo- no
es algo que podamos contemplar desde el espacio exterior, cómodamente sentados
en una butaca y comiendo cotufas.
El mundo es el cada día
más limitado espacio, que nos incluye a todos de modo tan radical que no
podremos abandonarlo ni después de muertos. Digámoslo de una vez: es nuestra
querida, contaminada y única nave espacial. Ese tan común error de perspectiva,
ese creer que el mundo es algo que está allá fuera, una pelotita azul que vemos
en la tele todas las noches detrás de un señor muy serio con acento uruguayo,
es precisamente el que cometieron los que de forma directa aparecen hoy como
responsables del estallido financiero que ha precipitado los acontecimientos:
Creyeron que ellos si podrían contemplar el producto de sus acciones comiendo
cotufas, y por ahora parece que lo hubieran logrado gracias a que Mr. Obama y su corte del G-20 han acordado premiarles la
travesura con unos ‘billoncejos’ de dólares, a
costillas de los de siempre, o sea nosotros, o sea los ciudadanos de a pie, ¡o
sea los pendejos!. Quienes perdieron sus casas, quienes no tienen trabajo,
quienes viven hoy en el asiento de atrás de sus automóviles, no cuentan. Solo
cuentan los banqueros que orquestaron la más grande estafa que recuerde la
historia.
Pero ¿qué es la crisis?,
¿en que consiste?, ¿cómo comprenderla sin usar todos esos impresionantes
tecnicismos que han inventado ciertos economistas, precisamente con el
propósito de que no entendamos nada? Habría que decir primero que eso de
decretar una crisis tiene más que ver con el modo en que se conteste la
pregunta ¿quiénes son los afectados? Me explico, parece que circula un
consenso bastante amplio según el cual esta crisis se habría desencadenado a
partir del colapso de una llamada ‘burbuja hipotecaria’ que al implotar, habría provocado en una suerte de ‘efecto dominó’,
la quiebra a las principales instituciones financieras de los Estados Unidos,
Inglaterra, Alemania, Francia y quien sabe cuantos mas. El desplome de gigantes
financieros como Lehman Brothers y Merrill Lynch después del gran rescate de
las hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae, ha causado
una convulsión sin precedentes en todos los mercados financieros del
mundo. Desde septiembre de 2008 hasta el sol de hoy, en los Estados Unidos
se ha venido perdiendo un promedio de 600.000 puestos de trabajo por mes.
En 2009, la fuerza
laboral de la industria automotriz alemana que ocupa tradicionalmente a unos
83.0000 trabajadores, se verá reducida a la mitad aproximadamente. Y de la
misma manera podríamos seguir enumerando pequeñas o grandes catástrofes
alrededor del mundo, cuyas consecuencias inmediatas ya se han hecho sentir en
Venezuela, donde -por buena suerte para nuestra querida revolución- hemos
tenido que recoger los platos sucios de un ‘Festin de
Baltasar’ financiado con el barril de petróleo a 150 dólares. No valdría
la pena continuar enumerando acontecimientos que de cualquier modo pueden
leerse en a prensa o en Internet todos los días. De hecho me parece mas
relevante apuntar el curioso hecho de que el mundo ha tomado conciencia de su
situación de crisis cuando el agua le llegó al cuello a los ricos, que por
cierto están intentando por todos los medios trasladarnos el costo de sus
propios fracasos. ¿Por qué venir a hablar de crisis a estas alturas?
¿Cuántos años, lustros o décadas hace que la tercera parte de la humanidad se
mantiene con ingresos menores a un dólar por día?, ¿Cuántos niños han tenido
que morir en Asia, en África y en nuestra América por enfermedades adscritas al
hambre y la insalubridad para que ahora vengamos a enterarnos de que hay una
crisis porque Wall Street
está asustado?
Basta constatar que
mientras Estados Unidos pone el grito en el cielo porque el desempleo ha
alcanzado la inconcebible cifra de un 7,3 %, nosotros desatamos nuestra euforia
porque también después de muchos lustros, el desempleo en Venezuela acaba de
bajar a esa misma cifra del 7,3 %. Así pues, si se contextualiza esta
crisis en el marco de las desgracias que este sistema mundo capitalista le ha
propinado a toda la humanidad durante por lo menos, los últimos 500 años,
tendremos que reconocer que su magnitud ha sido desmesuradamente amplificada
por el simple hecho de que ahora -y creo que de modo irreversible- los
desastres vienen pisándole los talones a quienes los provocaron siempre y que
por añadidura son los mismos que controlan todo el aparato comunicacional del
mundo, ese aparato que no es hoy sino potenciado por Barómetro Internacional una
inmensa máquina de producir miedo, el miedo útil con el que nos han exprimido y
explotado siempre y que hoy se centra en tratar de convencernos de que si no
los salvamos a ellos del naufragio, ellos harán que nos hundamos todos juntos
en aquella suerte de Armagedon con que sueña todas
las noches el loco Bush.
Nosotros, los de ‘El Sur’
hemos nacido, aprendido a vivir y muchas veces muerto en el seno de una suerte
de ‘crisis crónica’, plagada de injusticias y sufrimiento, sin que el resto del
mundo se diera por enterado, de modo que estamos infinitamente mejor dotados
para sobrevivir en el deshecho de mundo que ellos nos dejarán cuando se hayan
ido al infierno o los hayamos echado. Por eso, aunque parezca una broma de
humor negro, los 96 millones de personas que -solo en América Latina- viven
todavía en condiciones de extrema pobreza o los 22 millones de jóvenes
latinoamericanos que carecen aún de oportunidades para estudiar, están mucho
mejor dotados para sobrevivir en un mundo arrasado que cualquier habitante del
capitalismo metropolitano. No es el momento de creer en cuentos de camino.
Por el contrario, ahora mas que nunca cobra vigencia la propuesta de ‘desconexión’
que desde hace décadas viene enunciando Samir Amin. Amin enunció la
"tesis de la desconexión" en su libro ‘La desconexión’ publicado en
1988. La desconexión consiste en una serie de propuestas acerca de la necesidad
de que los países dependientes que el denomina periféricos, se
"desconecten" del sistema capitalista mundial. Esta necesidad de
desconectarse no la plantea Amin en términos de autarquía, sino cómo necesidad
de abandonar los valores que parecen estar dados naturalmente por el
capitalismo, para lograr poner de pie un internacionalismo de los pueblos que
luche exitosamente contra este. La necesidad de desconexión es el lógico
resultado político del carácter desigual del desarrollo capitalista, pero
también la desconexión es una condición necesaria para cualquier avance
socialista, tanto en el Norte como en el Sur. Si contrastamos la proposición
de Amin con el fortalecimiento de instancias regionales como el ALBA y otras
iniciativas similares que robustecen la capacidad de negociación de los
pueblos, podemos valorar en toda su pertinencia las iniciativas que viene promoviendo nuestro líder y presidente, el comandante
Hugo Chávez Frías.
Pese a la crisis o quizá
gracias a ella, nuestro es el futuro si sabemos construir la unidad, si las
aspiraciones hegemónicas o el simple miedo al cambio de algunos, sabiamente
alimentado por el Imperio, no alcanzan a fracturar la unidad de Nuestra América
que hemos venido construyendo pacientemente en la última década. Amanecerá
y veremos.
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