Crispar la política
en tiempos revueltos
Fidel Campo Sánchez
Tenemos
entendido que hay una telenovela de tarde que es muy seguida con el título Amar en tiempos revueltos. Se podría
decir que la política también está revuelta -sólo hay que acudir a las portadas
de los periódicos en este tiempo de estío-, un contexto no deseable en el que
aparecen más los odios que la controversia saludable y necesaria que en
democracia representa el debate político. Y, en tiempos revueltos, surge la
estrategia de acabar con el adversario al que convierten en enemigo, cuando en
un sistema con salud democrática lo del enemigo no se lleva.
Hemos
defendido siempre que en política hay dos o tres tipos de personajes: aquellos
que sienten pasión por su responsabilidad, por construir, por sacar adelante lo
que consideran útil y positivo para la ciudadanía y otros que están por estar,
sin arriesgar, dejando que la inercia les lleve. Los primeros tienen agallas;
los segundos, podrían ser considerados gallinas. Y lo entendemos así porque
consideramos que la política es riesgo, tirar adelante, volcarse en aquellos
proyectos que pueden considerarse positivos y de interés general.
En
estos últimos meses la política en la llamada España y en sus territorios coloniales,
como es el caso de
Esta
estrategia político-mediática comenzó con la presentación de una querella que
fue jaleada por un medio, a través de entregas, desde una semana antes de su
presentación efectiva. Es posible que algún político cómodo y temeroso, ante la
amenaza de una querella se raje y arregle un asunto, pero el político que debe
velar por el buen fin de los dineros públicos no puede ceder al chantaje, días
y semanas algunos hacen castillos en el aire desde una terquedad
sensacionalista, falaz y manipuladora, con sus secretarios/as generales a la
cabeza. Y si hay caza, como se ve y se manifiesta, incluso llega a la opinión pública
que así lo detecta, estamos ante una ruptura abierta de los principios éticos
que deben imperar en el periodismo y en la poca decencia que pueda existir en
política
Pero
lo grave en estos asuntos no es ya que el querellante, medio propagador y partido
bajo cero en representación popular hagan su trabajo y se les descubra en su
complot con los intereses del partido grande ansioso de poder, sino que
personas que, tras la experiencia de gobernar o de dejarse gobernar por otros,
debieran mirar por los intereses del pueblo, se encharcan sin necesidad de
ello. O quizás, también, por necesidad personal de ajustar viejas cuentas como
-recordar- qué frío pasamos cuando nos arrebataron tal o cual alcaldía o la gobernabilidad del Estado. Aun
cuando no estamos ante cosa juzgada, se ha pedido la dimisión del gobernante
objetivo del entramado político-mediático descrito, ignorando conscientemente
denuncias judiciales y querellas que ha tenido, como también su entorno
político; José Luis Rodríguez Zapatero, por aquellos del PP., que en cantidad
están implicados en el “caso Gürtel”.
Quizás
sea esto lo que unos y otros -unidos sospechosamente- no le perdonen, cual es
su capacidad para hacer política y crear nuevas cosas haciendo frente
objetivamente al problema de la crisis mundial, que es mundial aunque se
empeñen en vendernos que no. Es decir, lo que se necesita es poner trabajo,
pasión y agallas cuando uno gobierna y tiene que decidir en pro
del interés general y sobre y por encima de todo: decencia y vergüenza política.