Viernes
(de esperpento) colonial
CRÓNICA
DE UNA JORNADA DE IGNOMINIA
Desde primera hora, el pasado viernes, 9-10-09,
avisaba de lo que se venía encima. En un espectacular despliegue, policías y más
policías rodeaban la Delegación del gobierno español en Canarias, antro
infame de tantas torturas bajo la dictadura fascista y la transición “democrática”.
Los periódicos de papel desplegaban el mensaje previo de la Vicepresidenta del
ejecutivo metropolitano, la juez Teresa Fernández de la Vega, a los nativos:
“creo que mañana [por el viernes, 9-10-09]
les vamos a dar muy buenas noticias a Canarias”.
Acto primero. Hay que
cumplir con el trámite: enterrar al joven canario muerto en la guerra de
Afganistán. Zapatero, todos sus ministros, Paulino Rivero, Mariano Rajoy,
militares, jueces, notarios, y hasta el príncipe heredero de la monarquía borbónica,
con caras compungidas, en una ceremonia de medalla al féretro, misa cuartelera
y fanfarria fúnebre, que no podían ocultar el dolor de la madre ni lo que había
dicho el día anterior: “por el amor de Dios, que los traigan para su tierra,
que allí no pintamos nada”.
Los mismos que lo
mandaron a la muerte, hacen ahora de plañideras, como si la cosa no fuera con
ellos. Para rematar la faena, el cura oficial de la base ocupante de Herat
desvela al universo mundo que, estando agónico, Cristo Cabello Santana decidió
acogerse a una fe que no profesaba: la cristiana. Era lo que faltaba para
transformarlo virtualmente de víctima de una guerra imperialista en mártir de
los valores occidentales. Cae el telón, y los familiares y su dolor desaparecen
de escena. Asunto liquidado.
Acto segundo. Escena
primera. Indiferentes a tan sublime ansiedad, la policía y los refuerzos traídos
de España despejan sin contemplaciones la Plaza de la Feria de cualquier
viandante o minúscula protesta. Algún despistado se lleva un buen empellón.
La cara del Estado es ahora menos compungida y más implacable. Sólo tiene
patente de proximidad los aliados naturales de toda representación del show
bussines: las cámaras y los micrófonos.
Escena segunda. Llegan
los ministros en coches más blindados y mejor protegidos que los transportes
militares y los tanques de combate en zona de guerra. Los fotógrafos hacer
sonar sus flashes ante la gran mesa dispuesta en el (¿antiguo?) gobierno civil.
Ahora todo son sonrisas cómplices, simpatía, el buen humor del que viene a
traerles cuentas de colores, cristalitos y baratijas a los indígenas, mientras
ellos (y las multinacionales que representan) se siguen llevando el oro a España.
Escena tercera. ¡Tachán!
He aquí la buena nueva, en forma de rueda de prensa. Tomen nota, señores
escribidores: ¡No uno, ni cinco, ni diez! ¡Veinticinco mil millones del ala
regala la generosa madre patria a los canarios! ¡Un veinticinco seguido de
nueve ceros! ¡Y de euros! Es el “Plan Canarias” (¡qué plan!), entregado
como “ayuda humanitaria” a la colon…, digo a la “región ultraperiférica”,
por sus penurias de paro y pobreza. Unas penurias de origen desconocido, y que
no tienen nada que ver, qué va, con la dominación colonial.
Claro que siempre hay
esos malditos rojos con calculadora, desafectos al régimen, que
dividen los 25.000 millones entre los diez años en los que se promete
aplicarlos. 2.500 millones al año. Mala suerte, seguimos por debajo de la
inversión media del Estado en sus propias “autonomías”. De hecho, todo el
dinero de los diez años junto, no cubre ni la bajada de ingresos de la
Comunidad Autónoma Canaria (CAC) por el descenso del IGIC. No da ni para uno de
los dos trenes que la burguesía criolla quiere implantar en Tenerife y Gran
Canaria.
“Es un gran esfuerzo
de trabajo el que se ha realizado”, dice solemne Zapatero, quién, en compañía
de un ufano Paulino Rivero, presidente del gobierno de la CAC(A), asevera sesudo
que se abre una “etapa histórica” con “la mayor inversión por parte del
Estado”. No es ni la décima parte de lo que se ha entregado a los grandes
bancos en menos de un año para sanear sus cuentas de beneficios, pero no
vayamos a comparar. Ni a permitir que la realidad nos estropee un buen titular.
Por su parte, Paulino
asevera que este dinerito “es un instrumento más para seguir trabajando
conjuntamente, no es un punto y final, es un punto y seguido para seguir
trabajando desde la lealtad y cooperación institucional”. Buenos y leales, wana.
Nada de pedir medidas contra la banca española, las multinacionales o la política
agrícola de la Unión Europea. Las aguas territoriales ni mencionarlas. Y de
autoderminación ni hablemos. No vayamos a estropear las máscaras de felicidad.
Acto tercero. Un camión
repone los contenedores de basura retirados de los alrededores de la Plaza de la
Feria. Se ha ido el circo, y aquí seguimos con un 30% de paro y otro tanto de
canarias y canarios bajo el umbral de la pobreza. Carmen piensa en que va a
hacer cuando tenga que cerrar su pequeño negocio que, por mucho que lo estire,
no le va a llegar hasta después de navidades. Ayose sigue planteándose meterse
en el ejército español, a pesar de las lágrimas de su madre. “Prefiero
arriesgarme a seguir en el paro, má”.
La panza de burro
persiste. Caminamos con las cabezas gachas. Un viernes más en la colonia.
Artículo
relacionado:
Fuente: independenciaysocialismo