EL CULTO DE LA PERSONALIDAD

 

Benito Capone

 

      Dos alcaldes de dos diversos partidos políticos merecerían entre la marea  de esta mediocre categoría, un Oscar para ser el mejor cultor de su propio yo. Me refiero al alcalde de Arona y de Adeje. Dos personaje de dos diversos partidos. Es tanta la presencia de estos señores sureños en la prensa local, que a menudo hay que preguntarse si estos alcaldes pasan alguna hora en sus despachos, trabajando para tener derecho al pingüe  mensual que ellos mismo se han asignado.

 

      Responder afirmativamente a la pregunta quiere decir que reconocemos, que atribuimos a estas personas el prodigio de la ubicuidad. Tienen a su disposición encargados de prensa que a cada paso inmortal fotográficamente la presencia aquí u allí de estos gobernantes locales. Y si estos no fuera suficiente, para no molestar a los cronistas locales, echo que resultaría contraproducente, se trasforman ellos mismos en cronistas de sí mismo, proponiendo días cada días del año, vía fax  noticias y fotos para que sean publicados. 

 

      Una verdadera ametrallada de noticias  que se publican al igual que se hacía en los tiempos de Ceaucescu en Rumania o en los de más estados satélites de la antigua URSS. No hay muchas diferencias. Está en el que, de una u otra forma, los periódicos, por este servicio, ingresan dinero, mientras que en aquellos tiempos, eran obligados a hacerlo. Y que estos “servicios” no salen del bolsillo de los alcaldes, sino que lo pagan los ciudadanos: como antes.

 

      Ahora bien, mientras hay que reconocer que estos señores tienen todos los derechos de este mundo en dar lección a los demás de lo buenos que son y lo bueno que lo hacen, no tienen derecho alguno en utilizar dinero del contribuyente. Hay que recalcar que en el mundo anglosajón -inclusive los Estados Unidos- está considerado extremadamente escandaloso utilizar fondo público para actividades privadas. Las últimas dimisiones el Gobierno ingles deberían ser ejemplo  a seguir.

 

      Y la utilización de fondos públicos por cualquiera motivo que no sea una tarea institucional, es una verdadera apropiación indebida. La utilización por expandir su propia imagen, su cotidiano operar es una errata y personal cuanto muy interesada  interpretación de lo que se entiende por institución y sus funciones. Ejemplo de esta errata y personal cuanto muy interesada utilizaciones la encontró un compañero mío de Madrid, que hablando con la hermana del señor Fraga, individuaba en el Pleno de Adeje, la única y fundamental institución de este pueblo. Escandalizó a este compañero, oír la respuesta de esta señora, afirmar que “aquí la única institución era el alcalde”. Es decir su hermano.

 

     Es este tipo de impostación e imposición política es lo que ha creado en Adeje, y que se está instaurando en Arona y en muchos municipios, no solo canarios, que ha generado en los electorados falsas identificación política y confusión en la valoración de los diversos partidos políticos.  

 

     La alcaldía es un cargo que una mayoría elegida por el pueblo soberano para componer la institución llamada “Pleno”, ha atribuido a una persona para que coordine las actividades del pleno y las actas que la institución, es decir el Pleno, haya decidido actuar. Nada más.

 

      La persona, por lo tanto representa la institución, es decir al Pleno que es como decir a todos los ciudadanos de cualquiera formación política, cualquier ciudadano con independencia de fe, religiones, sexo etc., no representa a sí mismo, a su partido político, a la religión que profesa.

 

     Podemos encontrar en muestra capital un ejemplo de cómo se interpretó la institución y sus funciones entre el alcalde Zerolo y el recién despedido teniente de alcalde. Esto último lo encontrábamos en todos los potajes del día.        

 

      Los actos institucionales son aquellos actos que se realizan en representación de la institución, es decir del Pleno, sin aprovecharse de una posible mayoría absoluta para cambiar abusivamente los principios y los términos en su propio favor, o de su grupo y partido.   La inauguración de una obra de interés para los ciudadanos, de todos los ciudadanos, es un acto institucional. La presencia del alcalde a la inauguración de una floristería u otra actividad privada  no es un acto institucional, es mera propaganda privada del alcalde promocionada, divulgada con dinero de todos. También cuando participa a un acto religioso, pensando de interpretar el pensamiento aunque mayoritario de sus conciudadanos incumple se deber representativo.

 

      La individuación de otra forma interpretativa de la función del alcalde, resulta ser arbitraria y copia del sistema siempre presente en los sistemas dictatoriales. Guste o no, este comportamiento es la fotografía exacta del sistema franquista o de la antigua URSS.  

 

      Es el culto de la personalidad utilizado como democrático de forma ignominiosa con la agravante que los autores saben muy bien el engaño y el daño que están proporcionados a sus pueblos.

 

      Culto de la personalidad en nuestra época es un falso ideológico que tenemos que combatir decididamente olvidándonos de los alcaldes que lo adopten como instrumento en cualquier organismo democrático.

 

 

17 10 09