LA CULTURA COLONIAL Y SU NEFASTA INFLUENCIA

EN LOS PUEBLOS COLONIZADOS

 

Andrés García Montes

 

Todo indica que los colonialistas desde los inicios de sus pillajes y monstruosidades, crímenes, robos y saqueos, tenían muy claro que, paralelo a la colonización y conquista de la tierra y sus recursos, tenían que colonizar y cambiar el espíritu y la conciencia de los pueblos que habitaban los espacios que colonizaban.

Este hecho se explica por sí solo, de nada les valía una mina de oro, por muy rica que fuera, si no extraían el metal y lo purificaban convirtiéndole en barras o lingotes. Para ello era indispensable el trabajo de los colonizados ya que solo cuando se le sumaba el trabajo de éstos, era que los recursos se convertían en riqueza, pues mientras conservaban su estado natural no tenían valor, lo mismo se requiere con los otros recursos naturales, incluso con la tierra para producir los alimentos, a lo que hay que sumarle los conocimientos que tenía esa población que compone parte de su cultura y que el coloniaje también robaba, excepción hecha de cuando los capturaban para venderlos como esclavos, pero los que quedaban eran condenados a servirles y sufrían el terrible e indescriptible proceso de una violenta aculturación, en cuyo proceso enterraban, ocultaban su cultura, para abrazar la cultura impuesta a través del látigo, la amenaza, el miedo y muchas veces la mutilación de algunos de sus órganos o la muerte. Esta cultura impuesta va dirigida a imponer la supuesta superioridad en todos los campos del colonizador sobre el colonizado, cuyas aberraciones son transmitidas a su descendencia, las que al pasar el tiempo van siendo aceptadas como verdades inamovibles, cuyos procesos encuentran en la ignorancia institucionalizada que implanta el colonizador, su mejor aliado.

Un ejemplo describe esta realidad mejor que cualquier conjunto de palabras: ¿Admite alguna duda que el que descubre un territorio es el primero que llega? Evidentemente no ¿Admiten los españoles que fueron descubiertos por los romanos en el año 218 AC que llegaron por primera vez a la Península Ibérica? Tienen razón en no admitirlo, pues cuando los romanos llegaron a la Península, ésta estaba habitada por otros pueblos que llevaban allí centenares de años. La autorizada voz de Eduardo Galeano nos dice que cuando Colón llegó a América ésta tenía entre 60 y 90 millones de personas. ¿Qué descubrieron los europeos? ¿Admite alguna duda esta avasallante verdad? ¿Por qué los romanos no descubrieron cuando llegaron a España y los españoles sí? Pero por más de 500 años hemos hablado del Descubrimiento de América, y aunque en estos últimos años se habla del encuentro de dos culturas o mundos, aún seguimos hablando y celebrando el Descubrimiento de América. Así de influyente y distorsionante es la cultura colonial no obstante de su rosario de aberraciones.

¿Qué ha ocurrido para llegar a extravíos de tal magnitud? No hay otra respuesta sino hechos signados por la más brutal imposición que castiga toda la estructura psíquica e intelectual de las víctimas, cuya amplitud toca y sacude la  personalidad del colonizado arrebatándole y condicionándole su capacidad de pensar, razonar, analizar con criterios críticos y creativos los fenómenos que le rodean.

Con el debido respeto le invito, amable lector, a darnos un paseo por los aspectos que conforman no sólo la cultura colonial, sino el ataque a la cultura autóctona y a la depredación de la personalidad del colonizado. El lenguaje y la terminología, acompañados de actos y gestos, de variada índole, dado en un medio ambiente de bestial represión, donde la orfandad de justicia y derechos, profundiza a términos indefinibles el sentido de impotencia prolongadas en el tiempo, por fuerza crea las condiciones para que se den las características que identifican a quienes con mayor o menor intensidad portan el síndrome o complejo del colonizado, que llega al extremo no sólo de creer y ver a sus verdugos como sus salvadores sino que la subvaloración de su personalidad es tan extrema, que se burla de sí mismo y de su propio pueblo.

Veamos, en términos comparativos, algunas de esas manifestaciones sacadas del más asqueroso racismo y desprecio, que sólo una casta autodefinida,”civilizada” ha sido capaz de desarrollar e imponer a fuego y sangre por más de seis siglos, a nuestro pueblo canario.

Ellos son ciudadanos; nosotros, pobladores. Ellos tienen patria; nosotros, territorio. Ellos profesan una religión; nosotros, varios cultos. Ellos hacen y escriben historia; nosotros, mitos y leyendas. Ellos portan y desarrollan sentimientos; nosotros, sólo tenemos instintos. Ellos hacen y desarrollan la cultura y las bellas artes; nosotros, apenas folklore y curiosidades. Ellos escriben y desarrollan la literatura, nosotros apenas alcanzamos a inventar fábulas. Ellos practican y desarrollan la medicina, nosotros la hechicería. Ellos, por su superioridad intelectual, ejercen y ejecutan los derechos; nosotros, dada nuestra condición de inferiores, sólo alcanzamos a cumplir los deberes. Los cambios y transformaciones que ellos hacen son revoluciones; los nuestros revueltas, sediciones y violaciones a la paz. Ellos rinden culto y reconocimiento a sus héroes; nosotros sólo tenemos bandidos, revoltosos o malhechores. Ellos defienden principios y valores; nosotros, ignoramos y pisoteamos la moral, la ética y los convencionalismos sociales. Ellos son emprendedores y visionarios; nosotros fanáticos, torpes y caprichosos. Ellos son generosos, conscientes, justos y equilibrados; nosotros desagradecidos, inconscientes y perversos. Ellos crean las normas jurídicas que permiten la convivencia en sociedad, nosotros sólo sabemos violarlas y desconocerlas. Los pueblos europeos son trabajadores, disciplinados y ordenados; nosotros, somos unas hordas de holgazanes, indisciplinados y flojos. Ellos son fuertes, vigorosos, decididos; nosotros, indecisos, enclenques, enfermizos. Ellos, con sus actos y hechos, hacen la historia, nosotros apenas podemos formar parte de su cortejo. Ellos son inteligentes, estudiosos y aplicados; nosotros hoscos, erráticos y torpes. Ellos portan y esparcen la luz del conocimiento; nosotros nos empeñamos en permanecer en la oscuridad. De allí que ellos son civilizados pero nosotros aún no hemos superado la etapa del salvaje, bueno o malo pero salvaje, al compararlo con la distancia que nos separa. Ellos poseen un idioma avanzado y bien estructurado; nosotros una primitiva y confusa forma de comunicarnos. Ellos tienen capacidad para pensar, razonar; nosotros carecemos de esas facultades. Ellos crean y han desarrollado la ciencia; nosotros nos queda muy grande el poder transitar por tan privilegiados y exigentes caminos. El formular teorías es sólo facultad de ellos que son superiores; nosotros apenas llegamos a copiarles. Ellos formulan pensamientos; nosotros sólo profesamos creencias.

Después de enumerar este conjunto de discriminaciones y despectivas diferencias, no queda espacio para otra conclusión sino que ellos, por naturaleza y leyes naturales, de los cuales ellos no son culpables, somos atrasados, ignorantes, incapaces, cuyas taras e insuficiencias no nos han permitido darnos cuenta de esta realidad. De allí el que sigamos siendo unos desagradecidos, ingratos, que no admitimos que ellos han hecho un gigantesco sacrificio para incorporarnos a la civilización, el progreso, el desarrollo, pero que nuestro ostracismo nos ha mantenido en el atraso y en el subdesarrollo. Quizás algunos les parezca exagerado lo expuesto, si me atengo a mis deseos quisiera que eso sea así “Exagerado”, pero lamentablemente, la Historia está ahí para quien quiera convencerse a través de una ligera investigación.

¿Cómo desconocer y menos negar que después de un bombardeo como el descrito y del cual sólo se ha hecho un resumen, el pueblo que lo ha padecido no vista y calce un modelo cultural que dicta en gran medida sus patrones de conducta, signado por una serie de características que no sólo autodenuncian su existencia, sino que chocan de frente contra el más elemental razonamiento que sobre el mismo quiera hacerse, tales como: burlarse de sí mismo, defender a su verdugo o colocar a la metrópoli que le oprime en un sitial, ya no importante o principal, sino divino. ¿Culpa de quien procede así? Evidentemente no, él es una víctima del proceso histórico que le ha tocado vivir, bien porque lo ha sufrido, o bien porque lo ha heredado.

Para quien pueda tener alguna duda sobre la brutal imposición de la cultura colonial española a nuestro pueblo, veamos un significativo párrafo que tomo del excelente trabajo del compatriota Francisco Javier González titulado: El Potencial Revolucionario de la Cultura que nos dice “…en Canarias la ley diferencia claramente entre españoles y guanches y no por el hecho de ser esclavos, sino por precisamente ser guanches. La ordenanza de 1515 ordena severos castigos, que van desde la pérdida del ganado al corte de las orejas e incluso la horca a ‘todos los guanches y gomeros que se empeñen en serlo’ para escapar al castigo y conservar al menos íntegras sus orejas, los guanches y gomeros, tenían que dejar de ser guanches y gomeros. Por otra ley, la del 1520, se declara a todos los guanches Herejes y Cismáticos. Esto… hace 400 años era cuestión de vida o muerte. El Tribunal de la ‘Santa Inquisición’ se encargaba de ello. Como simples paganos podían, según Bula del Papa Pío II refrendada luego por Sixto IV, ser reducidos en cualquier momento a la esclavitud con el pretexto que se negaban a aceptar la religión católica. Se libraban de esta esclavitud si demostraban ser bautizados o en vías de serlo… ahora, después de catolizados, declararles ‘Herejes y Cismáticos’ Era equivalente a poderlos condenar a la hoguera…”

Esta larga e ilustrativa cita define con diáfana claridad, como nuestro pueblo aborigen fue sometido a los 20 años de terminar la anexión de nuestro archipiélago, a la aceptación de la cultura de los colonialistas bajo la práctica de la más bestial violencia, miedo y terror.

Todo indica que, los que hemos escapado del ominoso abrazo de la cultura colonial, tenemos que afrontar el desafío de crear las condiciones históricas propicias para lograr las sublime independencia y soberanía de nuestras sojuzgada y oprimida patria canaria, pero para ello es necesario e imprescindible que la mayoría de nuestro pueblo tome conciencia y se incorpore a la brega en sus diferentes manifestaciones, teniendo muy claro que la lucha para convencer e incorporar al proceso independentista a la mayoría de nuestro pueblo, encuentra grave escollo en un modelo cultural profundamente arraigado que le ha moldeado para la dependencia y no para la libertad. De allí el que aprovechemos las favorables condiciones históricas que está creando la crisis estructural que golpea con especial rigor a las potencias coloniales a escala mundial, para escapar de la garra colonial al menor costo posible, para lo cual es indispensable la unidad de nuestro pueblo, pero la unidad se logra con convencimiento, comprensión, entendimiento, amistad, flexibilidad, hermandad entre otros aspectos.

Consciente de esta realidad, insisto que lo más avanzado de nuestra sociedad debe observar unos patrones de conducta adaptado a la realidad histórica que nos toca superar, asistiendo sin prejuicios a dónde va o está la masa de nuestro pueblo y procurando en nuestras comunicaciones que no se nos cierre la puerta, ésta debe permanecer abierta, pues es así que permite proseguir nuestra encomiable labor.