EN LOS PUEBLOS
COLONIZADOS
Andrés García Montes
Todo indica que los colonialistas desde los inicios de
sus pillajes y monstruosidades, crímenes, robos y saqueos, tenían muy claro que,
paralelo a la colonización y conquista de la tierra y sus recursos, tenían que
colonizar y cambiar el espíritu y la conciencia de los pueblos que habitaban los
espacios que colonizaban.
Este hecho se
explica por sí solo, de nada les valía una mina de oro, por muy rica que fuera,
si no extraían el metal y lo purificaban convirtiéndole en barras o lingotes. Para
ello era indispensable el trabajo de los colonizados ya que solo cuando se le
sumaba el trabajo de éstos, era que los recursos se convertían en riqueza, pues
mientras conservaban su estado natural no tenían valor, lo mismo se requiere
con los otros recursos naturales, incluso con la tierra para producir los
alimentos, a lo que hay que sumarle los conocimientos que tenía esa población
que compone parte de su cultura y que el coloniaje también robaba, excepción hecha
de cuando los capturaban para venderlos como esclavos, pero los que quedaban
eran condenados a servirles y sufrían el terrible e indescriptible proceso de
una violenta aculturación, en cuyo proceso enterraban, ocultaban su cultura, para
abrazar la cultura impuesta a través del látigo, la amenaza, el miedo y muchas
veces la mutilación de algunos de sus órganos o la muerte. Esta cultura
impuesta va dirigida a imponer la supuesta superioridad en todos los campos del
colonizador sobre el colonizado, cuyas aberraciones son transmitidas a su
descendencia, las que al pasar el tiempo van siendo aceptadas como verdades
inamovibles, cuyos procesos encuentran en la ignorancia institucionalizada que
implanta el colonizador, su mejor aliado.
Un ejemplo describe
esta realidad mejor que cualquier conjunto de palabras: ¿Admite alguna duda que
el que descubre un territorio es el primero que llega? Evidentemente no
¿Admiten los españoles que fueron descubiertos por los romanos en el año
¿Qué ha ocurrido
para llegar a extravíos de tal magnitud? No hay otra respuesta sino hechos
signados por la más brutal imposición que castiga toda la estructura psíquica e
intelectual de las víctimas, cuya amplitud toca y sacude la personalidad del colonizado arrebatándole y
condicionándole su capacidad de pensar, razonar, analizar con criterios
críticos y creativos los fenómenos que le rodean.
Con el debido
respeto le invito, amable lector, a darnos un paseo por los aspectos que
conforman no sólo la cultura colonial, sino el ataque a la cultura autóctona y
a la depredación de la personalidad del colonizado. El lenguaje y la
terminología, acompañados de actos y gestos, de variada índole, dado en un
medio ambiente de bestial represión, donde la orfandad de justicia y derechos,
profundiza a términos indefinibles el sentido de impotencia prolongadas en el
tiempo, por fuerza crea las condiciones para que se den las características que
identifican a quienes con mayor o menor intensidad portan el síndrome o
complejo del colonizado, que llega al extremo no sólo de creer y ver a sus
verdugos como sus salvadores sino que la subvaloración de su personalidad es
tan extrema, que se burla de sí mismo y de su propio pueblo.
Veamos, en términos
comparativos, algunas de esas manifestaciones sacadas del más asqueroso racismo
y desprecio, que sólo una casta autodefinida,”civilizada” ha sido capaz de
desarrollar e imponer a fuego y sangre por más de seis siglos, a nuestro pueblo
canario.
Ellos son
ciudadanos; nosotros, pobladores. Ellos tienen patria; nosotros, territorio. Ellos
profesan una religión; nosotros, varios cultos. Ellos hacen y
escriben historia; nosotros, mitos y leyendas. Ellos portan y desarrollan
sentimientos; nosotros, sólo tenemos instintos. Ellos hacen y desarrollan la
cultura y las bellas artes; nosotros, apenas folklore y curiosidades. Ellos
escriben y desarrollan la literatura, nosotros apenas alcanzamos a inventar
fábulas. Ellos practican y desarrollan la medicina, nosotros la hechicería. Ellos,
por su superioridad intelectual, ejercen y ejecutan los derechos; nosotros,
dada nuestra condición de inferiores, sólo alcanzamos a cumplir los deberes.
Los cambios y transformaciones que ellos hacen son revoluciones; los nuestros
revueltas, sediciones y violaciones a la paz. Ellos rinden culto y
reconocimiento a sus héroes; nosotros sólo tenemos bandidos, revoltosos o
malhechores. Ellos defienden principios y valores; nosotros, ignoramos y
pisoteamos la moral, la ética y los convencionalismos sociales. Ellos son
emprendedores y visionarios; nosotros fanáticos, torpes y caprichosos. Ellos
son generosos, conscientes, justos y equilibrados; nosotros desagradecidos,
inconscientes y perversos. Ellos crean las normas jurídicas que permiten la
convivencia en sociedad, nosotros sólo sabemos violarlas y desconocerlas. Los
pueblos europeos son trabajadores, disciplinados y ordenados; nosotros, somos
unas hordas de holgazanes, indisciplinados y flojos. Ellos son fuertes,
vigorosos, decididos; nosotros, indecisos, enclenques, enfermizos. Ellos, con
sus actos y hechos, hacen la historia, nosotros apenas podemos formar parte de
su cortejo. Ellos son inteligentes, estudiosos y aplicados; nosotros hoscos,
erráticos y torpes. Ellos portan y esparcen la luz del conocimiento; nosotros
nos empeñamos en permanecer en la oscuridad. De allí que ellos son civilizados
pero nosotros aún no hemos superado la etapa del salvaje, bueno o malo pero
salvaje, al compararlo con la distancia que nos separa. Ellos poseen un idioma
avanzado y bien estructurado; nosotros una primitiva y confusa forma de
comunicarnos. Ellos tienen capacidad para pensar, razonar; nosotros carecemos
de esas facultades. Ellos crean y han desarrollado la ciencia; nosotros nos
queda muy grande el poder transitar por tan privilegiados y exigentes caminos.
El formular teorías es sólo facultad de ellos que son superiores; nosotros
apenas llegamos a copiarles. Ellos formulan pensamientos; nosotros sólo
profesamos creencias.
Después de enumerar
este conjunto de discriminaciones y despectivas diferencias, no queda espacio
para otra conclusión sino que ellos, por naturaleza y leyes naturales, de los
cuales ellos no son culpables, somos atrasados, ignorantes, incapaces, cuyas
taras e insuficiencias no nos han permitido darnos cuenta de esta realidad. De
allí el que sigamos siendo unos desagradecidos, ingratos, que no admitimos que
ellos han hecho un gigantesco sacrificio para incorporarnos a la civilización,
el progreso, el desarrollo, pero que nuestro ostracismo nos ha mantenido en el
atraso y en el subdesarrollo. Quizás algunos les parezca exagerado lo expuesto,
si me atengo a mis deseos quisiera que eso sea así “Exagerado”, pero
lamentablemente,
¿Cómo desconocer y
menos negar que después de un bombardeo como el descrito y del cual sólo se ha
hecho un resumen, el pueblo que lo ha padecido no vista y calce un modelo
cultural que dicta en gran medida sus patrones de conducta, signado por una
serie de características que no sólo autodenuncian su existencia, sino que
chocan de frente contra el más elemental razonamiento que sobre el mismo quiera
hacerse, tales como: burlarse de sí mismo, defender a su verdugo o colocar a la
metrópoli que le oprime en un sitial, ya no importante o principal, sino divino.
¿Culpa de quien procede así? Evidentemente no, él es una víctima del proceso
histórico que le ha tocado vivir, bien porque lo ha sufrido, o bien porque lo
ha heredado.
Para quien pueda
tener alguna duda sobre la brutal imposición de la cultura colonial española a
nuestro pueblo, veamos un significativo párrafo que tomo del excelente trabajo
del compatriota Francisco Javier González titulado: El Potencial Revolucionario de
Esta larga e
ilustrativa cita define con diáfana claridad, como nuestro pueblo aborigen fue
sometido a los 20 años de terminar la anexión de nuestro archipiélago, a la
aceptación de la cultura de los colonialistas bajo la práctica de la más
bestial violencia, miedo y terror.
Todo indica que,
los que hemos escapado del ominoso abrazo de la cultura colonial, tenemos que
afrontar el desafío de crear las condiciones históricas propicias para lograr
las sublime independencia y soberanía de nuestras sojuzgada y oprimida patria
canaria, pero para ello es necesario e imprescindible que la mayoría de nuestro
pueblo tome conciencia y se incorpore a la brega en sus diferentes
manifestaciones, teniendo muy claro que la lucha para convencer e incorporar al
proceso independentista a la mayoría de nuestro pueblo, encuentra grave escollo
en un modelo cultural profundamente arraigado que le ha moldeado para la
dependencia y no para la libertad. De allí el que aprovechemos las favorables
condiciones históricas que está creando la crisis estructural que golpea con
especial rigor a las potencias coloniales a escala mundial, para escapar de la
garra colonial al menor costo posible, para lo cual es indispensable la unidad
de nuestro pueblo, pero la unidad se logra con convencimiento, comprensión,
entendimiento, amistad, flexibilidad, hermandad entre otros aspectos.
Consciente de esta
realidad, insisto que lo más avanzado de nuestra sociedad debe observar unos
patrones de conducta adaptado a la realidad histórica que nos toca superar,
asistiendo sin prejuicios a dónde va o está la masa de nuestro pueblo y
procurando en nuestras comunicaciones que no se nos cierre la puerta, ésta debe
permanecer abierta, pues es así que permite proseguir nuestra encomiable labor.