Las cumbres de Tenerife el 14 de agosto
Wladimiro
Rodríguez Brito
Esta semana hemos
vivido la fiesta de Candelaria, en la que, más allá de los aspectos lúdicos y
religiosos, tenemos que hacer una lectura de seguridad y ambiental de la misma
en los montes de Tenerife, sobre todo, pensando en los próximos años. Los
riesgos de dicha efeméride en los montes de la isla son muchos, y más con los
aspectos jurídicos ambientales que se dieron después del incendio de
Guadalajara para aquellos que tenemos responsabilidades políticas sobre estos
asuntos.
En una lectura de lo
ocurrido en los últimos tiempos debemos plantearnos qué actitud debemos tomar
para los próximos años; tema éste muy complicado, ya que no sólo hemos de
implicar a los distintas administraciones con responsabilidades en el
territorio, sino que hemos de hacer mucho para que la propuesta sea entendida
por los ciudadanos: entender y asumir otra manera de vivir la fiesta que sin
duda es la que moviliza mayor número de personas en la piel de la isla picuda.
Así, encontramos
fiesta, territorio y tradición en un paisaje y en un paisanaje que ha cambiado,
puesto que nuestros caminos, senderos y veredas no son vividos por las familias
como ocurría antaño, en que los caminantes de Candelaria frecuentaban dicha
ruta por razones obvias. Los caminos de
Por ello, los
incendios y sus peligros eran el pan de cada día, incluso en las zonas urbanas.
Así, en ese marco cultural y territorial, la fiesta de Candelaria y los
peregrinos recorrían espacios conocidos de una topografía que dominaban y, por
otra parte, los montes estaban barridos, sin apenas combustible, puesto que
tanto la leña como la pinocha eran bienes altamente necesarios en ese marco
rural y natural en el que se vivió en esta Isla antes de la llegada del gas
butano y tantas otras cosas que nos ha traído la modernidad en los últimos
años. En consecuencia, era otra la geografía y otro el paisanaje que iba a
Candelaria en esta efeméride.
Debemos hacer una
reflexión sobre los peregrinos de Candelaria en el siglo XXI.
En primer lugar, tenemos la mayor masa forestal que ha conocido Tenerife desde
el siglo XVI, con miles de camiones de pinocha y leña
a lo largo de dicho camino; pinocha y leña que se pisan con pies urbanos, con
un desconocimiento del riesgo, pero, sobre todo, con un desconocimiento de la
geografía en la que se está, en la que el principal acompañante es el móvil
-que no siempre tiene cobertura- y lo que es peor, el usuario no sabe casi
nunca en qué punto se encuentra.
En ese marco, ante un
riesgo que se nos puede producir, no sabemos cuántas personas tenemos ni en qué
puntos de la geografía insular se encuentran. Y lo que es peor, hay puntos muy
frágiles, como ocurrió en la caldera de Pedro Gil el viernes 14 de agosto entre
las 19,00 y 22,00 horas, en la que se congregaron más de 1.500 personas en un
espacio estrecho, cargado de pinocha, con muchos peregrinos fumando y en el que
no hay más salida que hacia los Castañeros, en Arafo,
o
Esta situación nos
debe hacer reflexionar sobre el monte y el uso del mismo con cultura de fiesta
en el mes de agosto, en la que las limitaciones que tenemos los que estamos en
la cosa pública son muchas, sobre todo, porque no podemos controlar este
aluvión carnavelero en los montes de Tenerife, en los
que algunos no sólo fuman sino que llevan otros aditivos que alteran su sistema
nervioso y que, por ejemplo, les impediría conducir un vehículo a motor.
Estas líneas quieren
dar un toque de atención para los próximos años. Creemos que el asunto
religioso y de fiesta habrá que encauzarlo por otra topografía o que cada
municipio o comunidad de vecinos se haga responsable de los grupos que
atraviesan nuestros montes, en los que habrá que tener en cuenta un número
prudencial en las zonas peligrosas, y donde, con toda seguridad, hemos de
plantear que los caminantes han de conocer el territorio que pisan para
tratarlo de otra manera, no sólo por la pervivencia de nuestra naturaleza sino
por la seguridad de las personas que la recorren.
Así pues, parece
lógico que debamos plantear cuántas personas pueden estar al mismo tiempo en el
paleobarranco de la caldera de Pedro Gil dadas las
condiciones topográficas en las que, por un lado, tenemos el pico de Cho
Marcial, al oeste, con una altura de
Por ello, el
voluntarismo que hemos tenido hasta ahora con los peregrinos de Candelaria no
debe ser la pauta para los próximos años. Habrá que estudiar la posibilidad de
establecer limitaciones en cuanto al número de personas en cada territorio y,
en particular, en aquellos más frágiles e, incluso, los responsables de temas
de seguridad tendrán que plantearse si es viable o no la actual situación en
los montes de