De colonia a país

 

Victoria Dorta S.

La antigua colonia portuguesa de Santo Tomé y Príncipe se ubica en la costa occidental de África, concretamente en el Golfo de Guinea, a unos trescientos kilómetros de las costas de Gabón. Después de independizarse de Portugal, el ya entonces Estado archipielágico pasó a llamarse República Democrática de Santo Tomé y Príncipe. El pequeño país está compuesto por dos islas principales y varios islotes: Santo Tomé -la más extensa, donde está la capital-, Príncipe -la segunda isla en tamaño- y los islotes de Rolas, Cabras, Bombom, Carozo, Tiñosa Grande y Tiñosa Pequeña. Su origen volcánico no resta belleza a su paisaje, sino que, al contrario, contribuye a enriquecer los atractivos naturales que posee: montañas, selvas, arroyos, playas de arena, etc. La superficie total de la diminuta nación es de tan sólo 995 km². Su población no supera los 210.000 habitantes; de ellos, más de la mitad viven en la isla de mayor extensión. Estas tierras atlánticas están coronadas por el pico de Santo Tomé, de 2.024 metros de altura, situado en la isla del mismo nombre.

Un breve paseo por su historia nos desvela que estas islas estaban deshabitadas cuando los colonos portugueses llegaron a ellas en la segunda mitad del siglo XV. Con los años, al percatarse los susodichos de que éstas podrían ser un lugar estratégico para el comercio de la época, no dudaron en fundar en 1493, en Santo Tomé, su primer asentamiento. Un poco más tarde, allá por 1500, fundaron otro en la isla de Príncipe. La dificultad que encontraron en un principio para poblar las islas, "por las buenas", obligó a la metrópoli -Portugal- a introducir grupos de gentes que eran "indeseadas" en suelo lusitano. Los colonos no tardaron en aprovechar la fertilidad que les brindaban aquellas tierras volcánicas. Trajeron la caña de azúcar y con la mano de obra de los miles de esclavos que importaron del vecino continente lograron convertir la colonia isleña, a mediados del siglo XVI, en el mayor exportador de azúcar de África. Como era de esperar, el "enriquecedor" monocultivo declinó debido a la competencia de otras colonias. Mientras, seguía floreciendo el comercio de esclavos, que en su gran mayoría eran enviados al Nuevo Mundo. Había que encontrar otro cultivo para hacer las islas rentables y lo encontraron. A comienzos de 1800, los mandamases de las "fincas" introdujeron el café y el cacao, lo que llevó a Santo Tomé unos años más tarde a alzarse como el más grande productor del mundo de este último producto. A pesar de la abolición de la esclavitud, los abusos sobre la mano de obra trabajadora se seguían produciendo; esto derivó en la trágica revuelta de 1953.

Santo Tomé y Príncipe obtuvo su independencia de Portugal en julio de 1975. La pequeña, pero orgullosa y joven nación, navega hoy hacia su historia, despacio pero seguro.

 

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Publicado en el periódico El Día, 13-09-2009