La tentación de la deriva nacionalista

 

Andrés Miranda *

 

¿A qué juega Coalición Canaria, Pepe Ignacio, regalando su inservible voto de abstención en el Congreso a un techo de gasto para los Presupuestos del Estado en 2011 que sólo recortan el 7,7 por ciento de los gastos que aún están bajo el control del Estado central, si la ministra de Sanidad acababa de reiterar, hace unos días, que de la deuda histórica de la Sanidad con Canarias nada de nada?

Parecería que, tras el inútil y trucado debate sobre el comatoso estado de la nación española, los nacionalismos centrífugos y periféricos hubieran salido reforzados por la posición de fuerza a la que sometieron a Zapatero, al facilitar con el voto de abstención de CiU, CC y UPN la aprobación de ese techo de gasto presupuestario de 122.256 millones de euros para 2011. Pero nada más equívoco. Porque el manirroto ZP nos tiene acostumbrados a no respetar ese techo de gasto, y la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional, los Estados Unidos y China le obligarán a mayores ajustes en el gasto, muy por encima de ese escuálido 7,7%, para que no siga colocando en riesgo al euro.

Así que, de las votaciones parlamentarias del martes último en el Parlamento, donde los independentistas catalanes y vascos quisieron hacer una demostración de fuerza arrinconando al PSOE en su escuálida mayoría parlamentaria, al no votar siquiera las propuestas del PSOE-PSC, que pretendían poner las bases de las futuras leyes orgánicas con las que ZP pretende burlar la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán, tampoco podrán encontrar estímulo quienes pretenden embarcarse en la tentación de la deriva nacionalista.

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Esos partidos soberanistas intentan vender aún más caro su apoyo a un ZP que ya no tiene nada que ofrecerles, porque la cartera está vacía. El PNV, su posible e imprescindible socio presupuestario, ya se lo advirtió: que si quiere apoyo para los Presupuestos de 2011, nada de "juegos florales"; vuelta al plan independentista de Ibarretxe puro y duro, para dejarlos contentos. Y CiU, que se siente fuerte, cuasi rozando la mayoría absoluta de nuevo en el llamado "oasis catalán", le dio gratis, al igual que CC, su voto sobre el falso techo de gasto, pero se opuso a la propuesta de rebeldía socialista contra la sentencia sobre el Estatuto catalán, porque quieren más y más. Precisamente Arturo Mas, el líder de Convergencia, lo dejó también bien claro: "Si España quiere una sola nación, tendrá problemas". Y como la pródiga chequera de Zapatero se ha agotado, ello quizás nos libre de unos intentos finales de alimentar a esos nacionalismos insaciables, entregándoles los restos de lo que queda de la unidad española y de la Constitución del 78.

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En todo ese contexto, ¿qué papel nos queda a los canarios, Pepe Ignacio? ¿Esperar que una ONU desprestigiada, a quien nadie hace caso ni financia su corrupta gestión, nos diera el impulso para una autodeterminación, como se propugna desde esta Casa que con tanta liberalidad nos acoge? ¿Apretar a Zparo en Madrid con dos votos de CC que tal vez puedan contribuir, con los del PNV, a salvar unos Presupuestos que van a ser el dogal de las clases trabajadoras y medias, ya castigadas por la crisis y el ajuste de su apenas disfrutado "estado del bienestar"?, ¿o embarcarnos en la deriva de esa región macaronésica que defiende don Paulino, al tiempo que mantiene sus propuestas de sacar el máximo partido a una UE a la que se le han agotado también los recursos, incluso para las llamadas regiones ultraperiféricas?

Don Paulino, el autoproclamado candidato a seguir al frente de la Presidencia de Canarias, sabe que en el nivel internacional pintan bastos para los nacionalismos independentistas. En Canarias no existe una mayoría a favor de ella, como se demostrará de nuevo en las elecciones de 2011. Los vientos internacionales no van por ahí. Los nuevos líderes del planeta no lo tolerarían. Ni China, Rusia, India, Australia o Brasil. Ni mucho menos el fracasado gendarme internacional que ya son los Estados Unidos, en plena retirada de su liderazgo militar ante el peligro de que el islamismo radical desencadene una guerra nuclear -como proclamó esta misma semana el segundo de Al Qaeda- y sin recursos económicos para impulsar la locomotora del crecimiento mundial.

Ante esa situación internacional, las derivas islámicas de Zparo no son más que bufonadas, como las que nos sirvió Moratinos vistiéndose de árabe esta semana, demostrando así que utiliza el poder para prepararse su futuro inmediato, como correveidile de los islamismos radicales y del sultán vecino, el que quiere ponernos también la chilaba a los canarios a poco que lo dejen.

 

* Publicado en el periódico El Día, 25-07-2010