Cristóbal
González Concepción
Estos últimos días se
celebra el 20 aniversario de la caída del muro de Berlín y observando las
imágenes de entonces siento mucha envidia por que vivo en un país lleno de
muros, tanto físicos como mentales.
Los muros de la
intolerancia y vergüenza construidos durante siglos con ladrillos de incultura
y represión colocados uno a uno por los mercenarios mandados por un régimen de
grotescos individuos que se hacen llamar gente civilizada y democrática para
borrar de nuestras mentes cualquier minúsculo sentimiento de libertad.
Hablemos del muro que
han hecho crecer en nuestras mentes para encerrar nuestra autoestima en un
rincón oscuro de donde no pueda salir. Un pueblo seguro de sí mismo es casi
imposible de someter, este es uno de los puntos en que se debe trabajar,
hacerle ver a nuestra gente que somos un pueblo maduro, capaz y con la
suficiente inteligencia para afrontar nuestros propios objetivos.
El siguiente muro a
derribar es el de la división, se dice, divide y vencerás o deja que se peleen entre ellos, estas son las
frases más recurrentes de los que quieren someter a un grupo, una tribu o un
pueblo. A nuestra gente hay que mostrarle que esa división es un virus
introducido en nuestras mentes y este se combate con el diálogo. Dos canarios
no discuten durante mucho tiempo porque llegamos a la conclusión de que tenemos
mucho en común y aquello que nos separa es un invento externo al pueblo,
debemos unir nuestras islas de modo que el conocimiento mutuo fluya como el
agua en nuestros barrancos, siempre que llueva, claro.
Otro muro es de la
incultura, un pueblo que desconoce o reniega de la cultura de sus ancestros es
un pueblo sin fondo cultural, por lo tanto más fácil de influir y engañar.
Debemos de poner todos los medios para que los jóvenes, en primer lugar, y
después los adultos, tengan el suficiente conocimiento de su cultura, medios
personales y económicos, es decir hacerles visibles a los jóvenes referentes o
héroes de los cuales son descendientes, renunciando o apartando por propia
iniciativa héroes foráneos introducidos para hacerles creer que forman parte de
la cultura del invasor.
También existe un grueso
muro en nuestra economía que nos impide de forma cíclica tener la suficiente
estabilidad para no preocuparnos constantemente de agentes económicos externos.
Hay que explicar que la autosuficiencia económica es el preámbulo de la
independencia política. Hay que desterrar la absurda leyenda de la dependencia
económica, cuando tal dependencia es la contraria, esto hay que explicarlo con
datos precisos y ejemplos sencillos de entender.
Por último hablemos de
los muros físicos, esos que inundan nuestra tierra convirtiendo nuestro idílico
paisaje en un mar de cemento, siendo esta otra forma de sometimiento,
destruyendo nuestro suelo rustico para el doble beneficio de constructores e
importadores, que en mucho de los casos tienden a ser los mismos.
Derribemos todos esos
muros con la fuerza moral que nos da la
certeza de que nuestro trabajo es en beneficio de la nación, y si por un
instante tuviésemos la menor duda de que esto no fuese así, automáticamente
rectificaríamos o daríamos un paso a un lado para favorecer la llegada de
alguien más cualificado, siempre por amor a nuestra matria
y sin el menor atisbo de protagonismo personal. Dudo que este pensamiento se
aloje en la mente de aquellos que impone su ideología e interés personal al
margen del beneficio común de la Nación Canaria.
Derribemos el muro del
personalismo, ese que ha frustrado durante años nuestros anhelos de libertad, y
caminemos juntos, hombro con hombro, sin nadie por delante, para que el pueblo
vea en nosotros un referente y no lo mismo de siempre.
UNIDAD, UNIDAD, UNIDAD =
LIBERTAD.