Desaparecido
o ausente: consecuencias
Eduardo
Vera
Los comportamientos antieconómicos deben ser evitados.
Soy defensor del derecho a ocupación, siempre y cuando mantenga un respeto y
mantenimiento del valor de la propiedad usada. Igualmente el abandono y la
desidia de un patrimonio es intolerable.
En nuestra futura República Federal Canaria, debería existir el siguiente
mecanismo:
Si se encuentra una finca abandonada y del dueño se desconoce su paradero, de
oficio, se denuncia su desaparición o ausencia.
Si, por lo que fuera, no se encuentra su paradero, no hay forma de ponerse en
contacto con él; pues habría que localizar a sus parientes (cónyuge,
ascendientes o descendientes). Si en caso de que no se encontrase nadie, una
empresa pública, creada por el Estado, sería la encargada de gestionar el bien
(terreno, edificio...) Para ello se puede permitir su arrendamiento a cambio de
un precio, o la ocupación a cambio de que lo mantengan operativo y en uso
correcto.
Si finalmente, llegando el caso, se declara el fallecimiento, porque sigue
pasando un tiempo prudencial y seguimos sin saber de él; pasaría a ser
propiedad del Estado o propiedad del Parlamento de la isla.
Esto se utilizaría para evitar el desuso y deterioro de las propiedades, evitando
una pérdida del valor añadido de la Economía Canaria.
La República actuaría a modo e iniciativa propia en la causa, dinamizando
nuestra economía. En el caso de ser fincas rústicas, se facilitaría su gestión
a manos de cooperativa ganadera o agraria; en el caso de ser un edificio, se
trabajaría para su alquiler para jóvenes o personas de pocos recursos,
estudiando caso por caso. Esta actuación iría elevando el valor patrimonial del
Estado, a base de subasta de adjudicación inmediata por reconocimiento de
fallecimiento de un desaparecido, que a su vez carece de parentesco.
Incrementaría los activos del Estado.
Para acceder al uso y disfrute de estas propiedades se requeriría indispensable
la ciudadanía canaria, o lo que es lo mismo, nuestra nacionalidad de la
República Federal Canaria.
Eduardo Vera
5 de febrero del 2010